EL SEÑORÍO
Y
CONDADO DE CASAPALMA.
Fernando bravo. – 2005.
(articulo publicado en 2005 en las Actas de la Exposición
Guadalhorcete: Del Medievo a la Modernidad.)
Guadalhorcete: Del Medievo a la Modernidad.)
EN UN PRINCIPIO...
En el Occidente malagueño, en la cuenca media del valle del Guadalhorce,
y rodeado por los pueblos de Cártama, Pizarra, Álora, Coín y Alhaurin el
Grande; estuvo el señorío y Condado de Casapalma.
La suavidad de su clima, la riqueza de
su tierra y la cantidad de agua que la fertiliza, subterránea y
superficialmente, han hecho que este sea un lugar prospero para todos aquellos
que lo han habitado en todas las épocas; porque de todas se han encontrado
restos de estar habitado este valle.
La historia que nos ocupa comienza durante la dominación musulmana. Por
entonces Río Grande era
la arteria principal de la comarca; y el Guadalhorce su afluente. Era
tranquila, como lo había sido durante cientos de años, cultivada y gobernada
por lo árabes. La población en esta zona era mínima, tres pequeñas aldeas,
Palmete, Samarchete y Sopelana, y algunas casas dispersas,
lo que hacía la vida tranquila y apacible.
Pero la amenaza rondaba sobre sus
cabezas; la frontera cristiana que antaño sonaba como algo lejano y no se tenía
como una amenaza, estaba cada vez mas cerca, y las noticias eran mas dolorosas,
puesto que hablaban de personas y lugares que cada vez sonaban mas cercanos y
conocidos. Tan conscientes eran de la cercanía castellana, que de vez en cuando
se atrevían a formar cuerpos de ejército con campesinos, vecinos y soldados que
acudían a la llamada de auxilio de otros pueblos cercanos que se veían acosados
o asediados por las huestes cristianas.
Hasta que le llego el turno a Málaga,
y masas de guerreros castellanos apoyados por sus maquinas de guerra comenzaron
a apoderarse de nuestra provincia; poco a poco, campaña tras campaña, año tras
año. Y a cada conquista penetraban tierra adentro para explorar, destruir, y
preparar la siguiente.
Durante el sitio de Setenil, en una
incursión del ejército castellano en territorio árabe; el hijo del Maestre de
Santiago, Gómez Suárez de Figueroa, entró el 12 de Octubre de 1407, en las
tierras malagueñas con varios caballeros y mil quinientas lanzas, entregándose
durante cinco días al destrozo y la barbarie. Destruyeron los campos de Álora y
Cártama, incendiaron los pueblos de Palmete, Cutilla, Santillán y Luxar;
talaron los campos y volvieron ante el Infante Don Fernando con un cuantioso
botín en ganado, y aunque no lo citan los cronistas, es seguro que sufrieron
esta entrada otros lugares de nuestra comarca, como Sopelana, Benamaquiz o Cartamón.
Esta es solo una de las incursiones
que hicieron los cristianos en la rica vega del Guadalhorce; en 1408, durante
el asedio de Antequera, tres mil ochocientos hombres penetraron por la vega
hasta las puertas de Málaga;
en 1455, Enrique IV, con 6000 caballeros y 2000 peones se dirige a Málaga por
Álora y Antequera, en los dos días que duro la tala seguro que se incluyeron
las tierras de Cártama.
Anterior y posteriormente a estas,
hubo otras entradas con los mismos fines; el saqueo, la merma de la tierra y el
amedrantamiento de las almas.
POBLACIONES DESAPARECIDAS.
SAMARCHETE. Según Guillén
robles, en una incursión durante el sitio de Setenil, el 12 de octubre de 1407
llegaron los castellanos hasta el valle de Cártama, donde se quemaron las
aldeas de Palmete y Samarchete, cercanas a Coín; además de Cutilla,
a legua y media de Málaga, y Santillán y Luxar, pueblos
comarcanos.
Es la única referencia que he
encontrado de este lugar; y es porque al quemarse, quedó despoblado para
siempre.
SOPELANA. Afirma Cabrillana que Sopelana y Soberaita eran el mismo lugar, y estuvo cerca del
actual despoblado de Casapalma. En los Repartimientos de Málaga,
los RR. CC. señalan para la jurisdicción de ciudad el término de “Sobereyta”.
PALMETE. La única noticia que
se tiene es que se destruyó junto con Samarchete, por lo que desde
entonces quedó despoblado. Este sería el lugar en adelante llamado despoblado
de Casapalma.
CUTILLA. También se quemó en la
campaña de 1407 y desde entonces quedó despoblado. Se interpreta de las
crónicas que pudo estar situado entre Campanillas y Maqueda, aunque los últimos
hallazgos parecen situarla en las cercanías de Maqueda.
SANTILLÁN.
Al igual que la anterior, también se quemó en la campaña de 1407, y quedó
despoblado desde entonces. La abundancia de este topónimo en la provincia hace
que se confundan entre sí, pero creo poder identificarlo con una finca de
recreo de época árabe, que llegó a ser una aldea en el siglo XV.
Dejan dudas los repartimientos si esta
población estuvo junto al Término Alhaurin de la Torre o de Alhaurin el Grande,
aunque me inclino más por el segundo.
Santillán es corrupción del vocablo
árabe <Sinyana>, nombre del que también derivan, San Julián, Sevillana o
Santillana., y
hay quien dice que también Churriana.
LUXAR. También destruida en
1407, es difícil localizar su ubicación exacta, pero sabemos que estuvo muy
cerca de Cártama.
En el tomo V de los Repartimientos se
nombra una “alcarya de Luchar” en el Valle de Santa María; pero en el
tomo III se dice que el Val de Santa María está en término se Santillán,
BENAMAQUIZ o BENAMAQUEX.
La toma de esta población es la mejor documentada por el capítulo de desafío y
rebeldía que protagonizó. “La destrucción de Benamaquex en abril de1485, fue
uno de los acontecimientos mas dramáticos de la campaña del Rey Católico por
tierras de la Hoya de Málaga; fue narrada por los principales cronistas de la
época, pero no coinciden al exponernos la causa inmediata de su ruina. Según
Hernando del Pulgar, el Rey había firmado en 1484 un pacto con los habitantes
de Benamaquex por el que se constituían en vasallos suyos, a cambio de
perdonarles sus vidas y haciendas. Pero tras la marcha del ejercito cristiano,
los de Benamaquex rompieron lo tratado”.
El 19 de abril de 1485, los
castellanos ponen sitio simultáneamente a Cártama y Coín. “El Rey que con su
presencia animaba la conquista, colocó su cuartel real en un lugar equidistante
que yace entre las dos villas, hoy el cerro del Villar en Jurisdicción de
Alhaurin el Grande, al Este de Sierra Gorda. Aquí estaba situada la Villa de
Benamaquex.”
“Al saber el Rey que los moros de esta
población seguían en su rebeldía, dijo: -¡Yo faré que la pena de estos sea
terror de otros, para que guarden lealtad por fuerza cuando no la guarden de
grado!–“
Se dice en la Historia del marqués de
Cádiz, que vino en la algarada de aquel año un ejército compuesto de 10.000
caballeros y 50.000 peones; que “el Rey estaba muy enojado porque le habían
muerto y herido alguna gente los moros de Benamaquix, que era una buena
fortaleza, cerca del Real”. El miércoles 20 de abril, con su gente y otros que
le siguieron, decidió el Marques de Cádiz combatirla. La cercó y la combatió
con tanta fuerza que llegó un momento en que los moros quisieron rendirse, pero
no quiso aceptar la rendición y decidió tomarla por las armas; cosa que consiguió
al segundo día de combate.
Cuando se dio por rendida la plaza y
se abrieron las puertas comenzaron sus habitantes a desbandarse, pero volvieron
a meterlos dentro por la fuerza de las armas, y a despeñarlos desde las torres
mas altas, el que no caía atravesado por una espada. Cuando el Rey supo esto se
mostró muy complacido.
En un primer momento se iniciaron
negociaciones para ver si era posible una rendición pacifica; y los de
Benamaquix pensaron en rendirse y entregar la Villa; para que se les respetase
sus vidas y propiedades. Se les ofreció además el convertirse en súbditos de la
corona y que administrasen ellos la Villa.
Y de haber aceptado, hubiese supuesto un ejemplo para los otros pueblos, que
hubiese hecho la conquista del reino de Granada menos sangrienta. Y esta era la
intención de Don Fernando al ofrecerles tantos privilegios a una población que
había ignorado lo anteriormente pactado, y desafiado su autoridad.
En el relato de los cronistas de
vislumbra un interés de los vecinos por aceptar lo propuesto. Pero por algún
motivo no se llegó a un acuerdo, seguramente algún adalid invocaría al honor y al patriotismo burlando
de nuevo las propuestas del Rey; y hubo de ser tomado por la fuerza. La
conquista fue muy cruel, cuentan las versiones de Ildefonso Marzó y Guillén
Robles que “El Marques de Cádiz marchó sobre el pueblo, y aunque sus moradores
se resistieron valientemente matando muchos cristianos, consiguió subir al
muro, ahorco a ciento ocho vecinos y vendió como esclavos sus hijos y mujeres.” Aunque la mayoría de los moros huyeron ante los destrozos que la artillería les
causaba.
Por enojo, mandó Don Fernando hacer
justicia a ciento veinte moros, y cuando le llegaron con suplicas el Marqués de
Cádiz y otros caballeros, perdonó a los restantes ciento ochenta, entre
hombres, mujeres y niños. Mandó enviar doce a la reina, y el resto lo repartió
entre sus caballeros. Seguidamente mandó derruir el castillo, y quemar la Villa.
Y de tal forma la destruyó que a día
de hoy no queda ningún vestigio por el que se pueda identificar el lugar exacto
donde estuvo. Es más fácil ubicar la Villa romana que allí hubo siglos antes,
que esta población que por tener más de doscientos habitantes, debió ser más
extensa.
No obstante, sí tenemos constancia de
algunos hallazgos dispersos; por ejemplo, existe en el museo de Corella
(Navarra) una pareja de ánforas de 49 centímetros de altura y 18 de diámetro,
de cuello muy alto, dos asas y decoración en ocre, que fueron regaladas por el
entonces alcalde de Málaga, José Luis Estrada a José Luis Arrese, Gobernador
Civil de Málaga desde 1939 a 1941.
Aunque se tienen noticias de otros
hallazgos, desconocemos la suerte que han corrido.
FADALA. Esta población fue
tomada por el Marqués de Cádiz tras la destrucción de Benamaquix;
posiblemente el 22 o 23 de abril.
Cuesta creer que su gobernador Faal
rindiese la plaza estando en mejor situación que la anterior, pero hemos de
entender el temor que se creó en la población.
Aunque casi todas estas aldeas
quedaron despobladas a causa de las incursiones cristianas durante la
reconquista, que como hemos visto fueron devastadoras, los libros de
repartimientos nos aporta el nombre de “Yuçaf Almoçaguaz” como uno de los
primitivos pobladores de Casapalma; que fue requerido el día 13 de febrero de
1498 por los repartidores reales para declarar sobre el deslinde de Churriana.
ANTECEDENTES Y MÉRITOS DEL PRIMER
SEÑOR DE CASPALMA.
Se señala como uno de los principales
caballeros-hidalgos, que acompañan al Rey Don Fernando, al Conde de Cabra; y
con él venía su hijo Don Sancho de Rojas, que destacó en las principales
conquistas del reino de Granada.
No hay que confundir a éste, con Don
Sancho de Rojas, Maestresala del Rey, Obispo de Palencia y Arzobispo de Toledo;
que en 1410 llegó al cerco de Antequera y contuvo los refuerzos que Yusuf III
enviase por la Sierra de Abdalajís.
Se diferencian no sólo en el nombre,
ya que éste es Sancho de Rojas y nuestro protagonista es Sancho de Córdoba y
Rojas; también se diferencian cronológicamente, pues el de Antequera murió en
1423, cuando Sancho de Córdoba y Rojas aun no había nacido.
En la campaña de 1482, tiene a su
mando una capitanía compuesta de:
-
34 jinetes “de acostamiento”,
-
7 jinetes de Alfonso de Alcaraz,
-
14 jinetes del Obispo de Badajoz,
-
10 jinetes del obispo de Astorga,
y
-
49 jinetes de Fernando de Monroy,
señor de Belvís.
En 1484 participó en la campaña de
Álora, así como en la mayoría de ellas, incluida la toma de Málaga y asta la
caída de Granada. Con lo que se demuestra no sólo la confianza que le tenía el
Rey, además, sus actuaciones serían decisivas para la conquista del reino
granadino.
Después de la caída de Ronda en el año
1485, se rindieron todos los pequeños pueblos de los alrededores, algunos de
ellos, simplemente con una carta escrita por Don Fernando; como es el caso de
Casarabonela, a la que partió Don Sancho de Rojas, con algunos vasallos “el 5
de julio, a recibirla y quedar como alcaide; sus habitantes fueron enviados a
Coín, que ya no tenía defensas.”
Al ser nombrado alcalde, quedó con una
tenencia anual de 150.000 maravedíes; mas que Cártama y Álora, con 100.000
maravedíes cada una.
CONCESIONES Y
BIENES FAMILIARES.
Después de la total conquista del
territorio, éste fue repartido y repoblado, en un primer momento, entre los que
ayudaron a la corona, y los Fernández de Córdoba sacaron buen provecho en toda
la provincia, porque fueron numerosas las concesiones que se les hicieron, como
queda reflejado en los repartimientos.
A la Condesa de Cabra, doña María de
Mendoza, que dice la cédula que fue mujer de don Diego Fernández de Córdoba
(sería su hermano, don Sancho de Córdoba y Rojas, el heredero del señorío de
Casapalma); se le concede en 17 de abril de 1488 unas casas en la ciudad que
eran del que llamaban “El Quijote” y “El Saler”.
Del primero nada sabemos, pero el segundo fue un rico-hombre musulmán y su casa
era un palacete.
Pero sigamos la línea dinástica de los
Fernández de Córdoba que es la que nos interesa.
En 19 de abril de 1490 se presentaron
ante los repartidores Cristóbal Mosquera y Francisco Alcaraz, don Sancho de
Rojas y doña Margarita de Lemos, su mujer, con cinco cédulas reales de
concesión.
En la primera concede el rey en 10 de
septiembre de 1487, las casas que fueron del moro llamado “Corçote”, que están
todas juntas en la ciudad y ya le habían sido señaladas.
En la segunda la reina concede en 8 de
noviembre de 1487 otras casas que ella les señaló en la ciudad, así como un
mesón, un horno y un baño de lo que allí había.
En la tercera, el rey y la reina, en 6
de febrero de 1489, hacen merced y confirmación de un mesón, un horno y un baño
en la ciudad. Para que las autoridades de Málaga y repartidores no las den ni
repartan a nadie.
En la cuarta, conceden el rey y la
reina en 6 de febrero de 1489, la mitad de la heredad de Casapalma con la casa
y la torre. Partiendo los repartidores Cristóbal Mosquera y Francisco Alcaraz
la heredad en dos partes iguales, darán a escoger la que don Sancho de Rojas y
su esposa quisieran; pero en la que escojan debe quedar la casa y la torre de
Casapalma.
En la quinta, con fecha 6 de febrero
de 1489, se manda a los repartidores Mosquera y Alcaraz den a don sancho y doña
Margarita, viñas, olivares y huertas en término de la ciudad.
Resultaron estar las casas del moro
“Corcote” en la calle Salada, que según el mapa que ofrece Guillén Robles,
coincide casualmente, con la parte baja de la actual calle Casapalma. La
consecutiva calle Cárcer no se abriría hasta 1895, destruyendo parte de la
antigua muralla musulmana para dar salida a la calle Álamos.
Se componían de dos cuerpos de casa que serian la fachada que daba a la calle,
y mas adentro otro cuerpo donde estaba la cocina y el corral, seguramente entre
medio había un patio. Todo esto se les concedió con otro corral y otras
casillas derribadas que estaban a sus espaldas, esta calle se llamaba
“almacería”.
En 8 de abril de 1489 se le marcaron
los límites de lo que sería el señorío de Casapalma, con la ayuda de dos moros
a los que se les tomó juramento para que dijesen por donde iban las lindes del
término. Y en 13 de abril de 1489 tomó posesión don Sancho de Rojas
oficialmente, echando de la casa a quienes había dentro.
En 14 de septiembre de 1497, se le
reconoce un sitio para molino y otro para venta que él señaló para sí en
término de Casarabonéla, cuando se ganó la villa a los moros. Esta sería la tan
nombrada “Venta de Don Sancho”, y la ubicación exacta sería a orillas del río
Guadalturón, en el límite del término, cerca de las cuevas de “Algarazeyte”.
Resumiendo, estas serían las
propiedades que se otorgaron a don Sancho de Córdoba y Rojas:
-
250 fanegas de tierra de monte en
Málaga;
-
una huerta de 25 fanegas, entre el
Guadalmedina y el cauz del molino de Cristóbal de Mosquera, con dos pozos y una
alberca;
-
Las casas del moro “Corçote”, en
Málaga;
-
También en la capital, se le
concede un mesón, un horno y un baño;
(estuvo
el mesón, saliendo por la puerta de Granada, a mano derecha)
-
50 aranzadas de monte en Churriana
para poner viñas;
-
unas 300 fanegas de monte en
Casarabonéla, repartidos en:
50 en el partido
de “Montijo”,
18 en el partido
de “Hutua”,
200 en el partido de “Machar”,
31 en el colmenar
de “Buenamor” y un pedazo de acebuchal en el partido de “Fabalhali”;
-
en la villa de Casarabonéla,
señaló para sí el propio Don Sancho, un sitio de molino y otro para venta junto
al río Guadalturón;
-
también en Casarabonéla se le hace
merced de las pocesiones de seis moros, los cuales se llamaban: “Alguasyla,
Gazi, Molot, Motu, Alconzor y Adodyn”;
-
dos molinos en la villa de Coín;
-
la torre y casa de la alquería de
Simientes.
Pero la mayor propiedad que se le dio
fue la del latifundio de Casapalma. Aunque hubo de compartir la mitad con el
Gobernador del Maestrazgo de Santiago, Don Rodrigo de Cárdenas; la mitad que
recibió Don Sancho de Rojas fue en propiedad “por juro de heredad para siempre
jamás”; mientras la de Don Rodrigo era en calidad de usufructo.
A seis familias musulmanas habían
pertenecido las tierras que incluían los despoblados de Palmete y Soberaita ó
Sopelana citado en las crónicas, y que en 1487 le fueron concedidas á Don
Sancho de Rojas por real cédula de los Reyes Católicos. Comprendían por entonces los siguientes cortijos:
-
el cortijo de Santaella, en
término de Coín, de mas de 500 fanegas de tierra, junto a la Sierra de
Gibralgalia;
-
el cortijo de Villalba, también en
Coín, de 130 fanegas;
-
el cortijo de Bernabé Sánchez, en
término de Álora, con 100 fanegas de sembradura;
-
80 fanegas de tierra en la dehesa
de Cártama.
AMPLIACIÓN
DEL TERRITORIO.
Desde un primer momento, los señores
de Casapalma tuvieron fijación con el engrandecimiento del señorío y el poder
de su familia, y todas sus actuaciones estaban orientadas a este fin, por eso
no se conformaron con la enorme extensión de terreno que se les había
concedido, y en los dos primeros años habían comprado 280 fanegas de tierra
colindante:
-
100 fanegas en el cortijo del
Campillo, que compraron a Don Hernando de Córdoba;
-
100 adquiridas a los herederos de
Bernardo de Vargas;
-
y más de 80 fanegas de tierra
calma de las fincas colindantes.
A esta ambición de tierras, se unió la
incapacidad de la corona para organizar todo el reino; y aunque en un primer
momento se negaba a conceder señoríos jurisdiccionales, finalmente ha de ir delegando
responsabilidades y Málaga se verá rodeada de concesiones nobiliarias.
En junio de 1493 el Conde de Cabra,
Don Diego Fernández de Córdoba (como se ha dicho, hermano de don Sancho de
Córdoba y Rojas), había obtenido por real merced las villas de Canillas de
Aceituno, Archez y Corumbela con sus jurisdicciones, en la Axarquía Veléña, por
sus méritos en la guerra de Granada.
Además, siguiendo con su estrategia de
adquisición de terrenos, en diciembre de 1493 consiguieron que los Reyes
Católicos en agradecimiento a los servicios prestados, le concedieran en
propiedad unas tierras que en realidad eran realengo y se las habían apropiado,
tramitando posteriormente la concesión real; otras cien fanegas aproximadamente
que se unían a Casapalma.
En 1512 se concede a Don Diego
Fernández de Córdoba, Conde de Cabra, alcaide de Los Donceles y capitán general
de los reinos de Navarra y Tremecén; la villa, fortaleza y jurisdicción de
Sedella. No tardó más de un año en cambiarla a la Corona por la de Comáres,
pero al no tener la jurisdicción tan delimitada como la anterior, tuvo
problemas con la justicia malagueña al colocar una horca en lo que cada uno
consideraba como suyo.
Al tomar posesión de la alcaldía de
Sedella el nuevo alcalde, los vecinos exponen una detallada relación de
agravios y abusos cometidos por Don Pedro Fernández de Córdoba, hermano de Don Diego, y al que este había cedido las
rentas de la villa como pago de un préstamo. Tenía el señor de la villa
autoridad para recaudar todos los impuestos reales, incluidos el diezmo
eclesiástico, la farda y la guarda costera; por lo que tendría que darse prisa
Don Pedro en recaudar todo el dinero posible antes de que expirase el plazo
acordado con su hermano. Algunos de los agravios que se le imputan son: el
cobrar excesivos impuestos por la fruta que los vecinos vendían a Flandes;
cobrar dos veces al año el mismo impuesto anual; encarcelar a un hombre durante
nueve días con pena de seiscientos maravedíes por una deuda que este asegura
que no es suya; el que en 1512 pagasen los vecinos por la guarda de las costas
doce pesantes, y en 1513 han de pagar treinta y un ducados. Algún tiempo
después harían lo mismo con la villa de Comares.
Y en 1520 volvieron a tener problemas
legales con la Corona, porque esta los acusaba de haberse apropiado unas
tierras que habían pertenecido a Sedella, y por tanto a la ciudad.
LA REPOBLACIÓN.
En un primer momento se intentó repoblar
el territorio con mudéjares, ó musulmanes obligados a convertirse al
cristianismo, traídos de cercanos lugares, y en el año 1500 llegaron a ser 25
los varones con edad superior a los 16 años que habitaban en Casapalma.
Que no son demasiados si calculamos a una media de dos varones por familia.
Al margen de situaciones temporales
como la anteriormente expuesta, los nobles se esforzaban por conseguir
beneficios fiscales y exenciones de algunos impuestos para sus vasallos, y así
evitar la amenaza de despoblación. El conde de Tendilla, Don Iñigo de Mendoza
consiguió que los moriscos de su jurisdicción estuviesen exentos de las
alcabalas y la farda; pero como la población era siempre la misma o mas bien
tendía a disminuir, la que intentaban atraer era la del pueblo vecino, en este
caso la perjudicada era Doña Margarita de Lemos, esposa de don Sancho de
Córdoba y Rojas.
Algunos pícaros aprovecharon esta
autonomía e independencia jurisdiccional que proporcionaban los señoríos, para
cometer un delito y correr a buscar protección en ellos, lo que fue duramente
criticado por la capital.
Testimonio de cómo transcurría la vida
en los primeros años del siglo XVI, y quienes eran los vecinos de Casapalma,
nos queda en un protocolo notarial de 30 de junio de 1519, en el que se relata
cómo Pedro Algorfo y su mujer María Algorfa, vecinos de Casapalma, conceden
perdón a Francisco Motuf, el cual había tenido algo que ver en la muerte de su
hermano Juan Algorfa “que se le solía decir cuando moro Zulema”.
Como hemos visto, para los mudéjares
la situación era muy difícil; sujetos a impuestos que antes no tenían y perdída
la propiedad de la tierra, se sentían continuamente marginados por los
“cristianos viejos”, y esta incomodidad les hacía envidiar a los hermanos que
en su día emigraron a África.
Y con el tiempo esto es lo que iba a
pasar. La influencia de los piratas berberiscos, que les facilitaban el
traslado, haría que poco a poco, en incursiones nocturnas en la mayoría de los
casos, fuesen cruzando el estrecho. Los moriscos que como hemos visto, pasaban
en 1509 de las propiedades de Doña Margarita de Lemos a las del Conde de
Tendilla; no solo lo hacían por los beneficios económicos, también porque desde
esta villa se les facilitaba el paso a África.
Y los moriscos serían, aunque de forma
indirecta, los responsables de la muerte del tercer señor de Casapalma, Don
Sancho de Córdoba.
Después de haber matado a Don García
Fernández Manrique, de la familia de los Condes de Frigiliana, por causas que
desconocemos; el 12 de octubre de 1603, mientras perseguía a unos moros cerca
de Torremolinos, su caballo no pudo esquivar una sima y cayó en ella,
falleciendo Don sancho.
Pirata
Berberisco.
EL CAMBIO DE
ADMINISTRACIÓN.
Cuando el lugar quedó definitivamente
despoblado de mudéjares, los dueños de Casapalma, como la mayor parte de los
señores feudales de la época, gestionaron las tierras mediante un mayordomo, y
sabemos que aquí era así desde al menos 1551, por un protocolo notarial de 23
de marzo de este año, en que se relata como Juan Iñiguez de Monesterio, acordó
con Juan Fernández de Illescas, mayordomo de Don Sancho de Córdoba, comprarle
todos los rastrojos que a este señor pertenecían en el término, a precio de
seis reales y cuartillo de cahiz, pudiendo disfrutarlos con sus puercos u otro
ganado.
Obsérvese que aparece como señor del
condado Don Sancho de Córdoba, por lo que hemos de entender que en esta fecha
ya había fallecido su padre, Don Sancho de Rojas.
Para un mejor control del territorio,
se dividía este en parcelas, que se arrendaban por dos, cuatro, o mas años a
labradores de los pueblos cercanos; parcelas que con el paso del tiempo
acabaron por formar cortijos, algunos de los cuales aun perduran hoy, y otros
son simples topónimos con los que se conoce alguna zona.
Estos son los cortijos que datan de
aquella época:
- Pajares; - El
Lobo;
- Portugalete; - Palomar;
- El Chopo; - La Granja;
- Moraila; - La
Horca;
- Manguarra; -
Llanofrances;
- Pacheco; -
Rivera Villalón;
- El Higueral; - Soto del
Gato;
-
El Granado y Rebollo, este también es denominado Los Amasaderos, en el que se
han encontrado graneros tallados en piedra;
- Morón
o Peral, en el que han aparecido sepulturas y otras ruinas de edificios
calcinados en unas dos Hectáreas.
VENTA DE LA
JURISDICCIÓN.
Pese a los problemas con los
mudéjares, la repoblación y las rentas, la familia seguía luchando por la
propiedad de unas tierras que todavía mantenía algunos resquicios legales por
los que no podía gozar de la plena propiedad de estas.
De manera que en 1500, don Sancho de
Rojas y doña Margarita de Lemos, obtuvieron el 5 de agosto el privilegio de
fundar mayorazgo. Y en 1558, don Sancho de Córdoba firmó un asiento con Felipe
II para comprar la jurisdicción de Casapalma.
A esta propuesta accedió Felipe II,
pues su situación era agobiante por las muchas deudas de las guerras con
Francia, Turquía y otros países. De forma que el 10 de agosto de 1559, vendió a
don Sancho de Córdoba, que por entonces era Inspector General de la Gente de
Guerra, la jurisdicción “civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio, con
señorío y vasallaje del despoblado de Casapalma, para él y sus herederos y
sucesores, para siempre jamás”, apartándola de la jurisdicción de Málaga.
A partir de aquí ya tenía don Sancho
permiso para construir cárcel y horca, además de poder nombrar alcalde,
escribano y alguaciles, así como imponer multas en su territorio. Todo por
4.200 ducados que debía pagar en dos plazos al factor general del Rey.
Los malagueños no tardaron en mostrar
su descontento en esta venta, alegando las mas diversas causas, y la primera de
ellas era que los Reyes Católicos, en el privilegio en que se concedía este
territorio a la ciudad en agradecimiento a los vecinos que habían ayudado a la
conquista de ella, habían dado palabra Real de que no se segregaría, vendería o
se sacaría de su jurisdicción ninguna de las tierras concedidas por ellos.
Otra de las alegaciones fue el que no
convenía tener jurisdicción particular tan cerca de puerto de mar tan
concurrido como el de Málaga, o de poblaciones de moriscos como Guaro, Tolox,
Casarabonéla, Yunquera o Monda; de las que solían salir gentes de mal vivir y
enemigos de cristianos viejos, que hechas las fechorías, tendrían tan cerca
donde refugiarse. Además de otras como el de que es lugar de paso para importantes
villas, o el que sea una de las zonas productoras de trigo para la ciudad.
Pero estas razones que aportaba el
Cabildo malagueño, en realidad ocultaban el temor de ciertos regidores, cuyas
propiedades estaban cerca de esta linde, y temían las presiones de don Sancho
de Córdoba para que se las vendiese a bajo precio.
A continuación don Sancho de Córdoba
II decidió comenzar las gestiones para conseguir el privilegio de fundar nuevo
Mayorazgo para su hijo mayor, don Sancho de Córdoba III, y de esta forma
engrandecer y garantizar la prosperidad de sus descendientes. Privilegio que le
fue concedido el 15 de julio de 1560.
Además, seguía la familia en la misma
tónica de acumular tierras y propiedades, la mayoría de ellas en el entorno de
Casapalma y la Axarquía de Málaga. Así, en el sexto decenio del siglo XVI
habían más que duplicado lo conseguido antes del 1.500 con:
-
casas en Málaga y Casarabonéla;
-
mesones;
-
la venta de don Sancho;
-
Tercias y Alcabalas de Casapalma y
Simientes;
-
el Alferazgo Mayor de Málaga a
perpetuidad;
-
miles de maravedíes en censos que
le pagaban vecinos de Casarabonéla, Yunquera, Castro del Río, Jaén, Córdoba,
Baeza, etc;
-
el cortijo de Santaella, en
término de Coín, lindante con la Sierra de Gibralgália, de unas 500 fanegas de
tierra;
-
el cortijo de Bernabé Sánchez, en
Álora, con unas 100 fanegas de sembradura;
-
el cortijo de Villalba, en Coín,
de 130 fanegas;
-
80 fanegas de tierra en la dehesa
de Cártama;
-
otras 100 fanegas en el cortijo
del Campillo; etc.
DEL AUGE AL DECLIVE.
Desde que se tomó Málaga a los moros
se vino celebrando este hecho el 19 de agosto, festividad de San Luis, durante
al menos los dos siglos siguientes.
La estrella de la celebración eran el
pendón de la ciudad y demás insignias de guerra, que tenían en propiedad los
señores de Casapalma, por tener el título de Alférez Mayor de la ciudad á
perpetuidad, con la obligación de llevar la tarde de la víspera de la
festividad, las dichas insignias al Ayuntamiento para exponerlos en el balcón,
y a la mañana siguiente, sacarlas en procesión portándolas el Alférez Mayor,
acompañado y de acuerdo con el Alguacil Mayor de la ciudad, justicia, y demás
caballeros regidores, desde la Casa Capitular hasta la Catedral, Iglesia de
santiago, y vuelta al balcón Capitular.
Después de la procesión se celebraban
las fiestas, que incluían dos corridas de toros en el mismo día, una por la
mañana y otra por la tarde, a la que tenían obligación el gremio de carniceros
de la ciudad, de donar cuatro toros.
Este título trató de errabatarselo en
1610 don Luis de Navarrete; pero pudo conservarlo don Francisco de Córdoba al
mostrar al Real Consejo de Madrid el documento de nombramiento junto con otro
del cabildo malagueño que le acredita como tal.
Pero no eran las fiestas la única
ocasión en que se procesinaba el pendón
de la ciudad; también con motivo de la aclamación de un nuevo monarca se seguía
este ritual, dando muestras de pleitesía. Entonces estas celebraciones se
hacían en Málaga y en Coín, como cabeza del corregimiento de las Cuatro Villas
de la Hoya (Coín, Cártama, Álora y Alhaurín). Siempre con la obligación de
portar el pendón durante la procesión el Alférez Mayor; salvo casos exceccinales,
como el de la aclamación del Rey Luis I en 1724, que no pudo acudir por estar
fuera de la ciudad el Conde de Casapalma y Fuensalida, en su lugar hubo de
hacerlo don Tomas Bernardo de Albelda, su teniente de Alférez Mayor.
En 1761 ya estaba el título en
posesión de la familia Centurión, e incluido en el marquesado de Estepa. Según
el Catastro de Ensenada, en este año todavía mantenía el Marques de Estepa el
título de Alférez Mayor de Málaga, y tenía nombrado como teniente de Alférez a
don Mateo de Miranda y Salamanca, del cual recibía 1200 maravedíes anuales.
El problema de las rentas de Comares
que se inició en el siglo XVI, en el XVIII aun perduraba con juicios contra
Miguel Vallejo y otros arrendadores, y se tornaría violento de tal forma, que
en 1822 el Alcalde de Málaga hubo de dar protección militar al Delegado
Especial señor García del Cid, para que fuese a Colmenar a cobrar los
impuestos.
En 1747 administraba la hacienda la
viuda de Casapalma. Tenía granero, pajar y tinaos en una construcción, y junto
a esta otro edificio propiedad del Conde de Faensalida y Casapalma.
Para este siglo contamos con una muy
buena descripción de condado en el Diccionario Geográfico del Obispado de
Málaga; el que nos dice que la casa-palacio es donde habitaba el Alguacil, y
donde el Conde recogía las rentas que podían ser en metálico o en grano.
Contaba todavía en 1768 con alcalde Mayor y un Alguacil Mayor, para una
población de 40 vecinos en todo el término. “dista de Málaga cuatro leguas al
Poniente de esta ciudad y de el mar tres leguas que está al medio día y una
legua de Cártama que está al oriente, una legua de Coín al Poniente, una legua
de Casarabonéla, media de la Pizarra y dos leguas de la Villa de Álora.”
En lo referente a los frutos de la
tierra, “el mas abundante es trigo, cebada, garbanzos y maíz, porque son sus
labores, bujeos y tierras de riego de buena calidad en cuya Jurisdicción que
será de cuatro leguas en cuadro y linda con la de Cártama a poniente, Alhaurin
y Coín a medio día, la de Alozaina, Casarabonéla y Álora al Norte, tiene veinte
y ocho cortijos todos del señor Conde de que toma sus arrendamientos, y toma
las tercias y las Alcabalas, que en todo libremente producirá al señor Conde
cada año Diez mil Ducados (...) están criadas porciones de huertas que producen
mucho limón, naranja y naranjachina y mucho higo y otras frutas buenas y en
abundancia, y en estas como en las labores se crían de todos ganados vacunos de
lana, pelo y zerda.” La cría de aves y pájaros es la común, abundan perdices y
conejos. “el temple es cálido y seco por lo que es sitio enfermo de Aerecianas
y Cuartanas y nebuloso en Invierno con los vapores del río. (...) las
contribuciones se hacen en los pueblos convecinos mediante que todos los
labradores son de otros Pueblos cercanos. Muertos y nacidos, pocos, porque los
mas salen fuera para a curarse y a cuidarse.”
LA PARTICIPACIÓN EN LAS CATASTROFES DE
LOS ULTIMOS SIGLOS.
Inundaciones, epidemias, guerras y
hambre, hacen que la entrada en el siglo XIX sea catastrófica, todos estos
factores hicieron que los frutos del campo alcanzasen precios exagerados (una
fanega de trigo que en 1800 costaba 52 reales, en 1804 costaba 150 reales y en
1812 costaba 380 reales), que faltase mano de obra agrícola, y que muchos
agricultores no pudiesen pagar sus rentas.
Así quedó hasta la abolición de los
señoríos de 1811, año en que se incorpora por Real Decreto al municipio de
Cártama, privándose al Señor Conde de Casapalma de sus derechos sobre el
caserío.
En la segunda mitad del siglo XIX, tuvo
el entonces Conde de Casapalma un gesto digno de mención, pero que ha caído en
el olvido.
El Marques de Casaloring, don José de
Loring Oyarzábal, ante la importante carencia Hospitalaria que tiene Málaga
promueve desde el periódico “El Correo de Andalucía” de su fundación, duras
criticas contra esta situación, las que provocaron que desde Madrid se librasen
los primeros 200.000 reales para la adquisición de los terrenos, y entre todas
las ofertas, la Junta Provincial de Beneficencia se decidió por los que estaban
junto al Convento de la Santísima Trinidad, que eran propiedad del Conde de
Casapalma; el cual se ofreció a venderlos a bajo precio por ser para
beneficencia. Se compraron para esta obra 41.647 metros cuadrados al precio de
64.000 reales; además de 5.605 metros cuadrados al mismo precio, a los
herederos de Juan Amaya.
Después de que se iniciasen las obras
en 1862, las mas notables familias de Málaga siguieron haciendo donaciones,
hasta que 1892 se inauguró el Hospital Civil Provincial San Juan de Dios.
El 2 de agosto de 1946 adquirió los
terrenos de Cártama, el Instituto Nacional de Colonización; 1.600 hectáreas al
precio de 2.500.000 pesetas. Terreno en el que vivan setecientos veinte
colonos; a cambio pudieron acceder a la propiedad de la tierra a precios
irrisorios.
LA IGLESIA,
HISTORIA Y LEYENDA.
Afirma el historiador cartameño
Gutiérrez Faura, que desde 1501 se guardaban en la Iglesia de Cártama partidas
de bautismo de Casapalma. Pero fueron destruidos estos documentos en 1936.
Hasta que fue erigida su capilla en
1505, y por un tiempo tuvieron allí una pequeña comunidad los P.P. Dominicos.
En la última mejora de la carretera
Málaga-Ronda, que pasa por su puerta antes de cruzar Río Grande (A-357), se
libró por muy poco de ser derruida, y aunque en la obra se perdieron la
sacristía y otras construcciones que tenía adosadas, sus cimientos se vieron
reforzados por un fuerte muro que dio consistencia y firmeza a la construcción,
gracias a las gestiones de los entonces propietarios de la finca. No hay duda
de que mentes sensibles y cultas se preocuparon por respetar en lo posible la
construcción. Pero de nada sirve cuando las autoridades no se preocupan por
seguir esta labor. Y si además los ojos de la especulación urbanística se han
fijado en la zona, podemos dar por perdida esta y cuantas se pongan por
delante.
Los muros por su grosor y consistencia
hubiesen sido fáciles de restaurar pues tan sólo en una esquina trasera había
perdido un trozo del techo. Las vigas de madera de la techumbre no tenían aun
un siglo y era difícil encontrar rastros de polilla (seguramente esta apareció
cuando se abandonó).
Lo cierto es que la noche del 23 al 24
de diciembre del 2001 la Ermita de Casapalma dejó de existir, aunque la prensa
no se haría eco del hecho hasta el nuevo año
Pero aun no está todo perdido, en sus
cimientos todavía están enterrados los primitivos vecinos del poblado, y mas
arriba los restos de la población musulmana. En dirección Cártama, a unos 350
metros de la ermita, han aparecido restos Iberos, además, también pasaba cerca
la vía romana de la margen derecha del Guadalhorce, que se confirma con la
aparición de un miliario hace algunos años.
En el lienzo de pared de la ermita que
daba a la carretera se distinguía un arco apuntado tapiado, de posible origen
árabe, que pertenecería a una construcción anterior, y que fue aprovechada por
los nuevos pobladores; algo muy común por entonces y que daría más antigüedad a
la construcción.
En la Iglesia se veneraba la imagen de
la Virgen de la Rosa y la de San Juan Evangelista, que fue trasladada al
cercano pueblo de Cerralba y aun se las puede ver allí.
La tradición popular cuenta que los
fantasmas de Casapalma son de personas que fueron ejecutadas por el Santo
Tribunal de la Inquisición; que a los condenados se los confesaba en la Iglesia
de la finca, y los ahorcaban en la puerta, junto al camino de Coín, en unos
largos palos que según se dice, estuvieron clavados hasta hace unos años y otro
que existió en el patio interior de la casa.
Todavía puede encontrarse alguna
persona mayor que recuerda la situación de estos maderos, por haberlos visto en
su niñez. Y a primeros del siglo XX, aun se podían ver en el interior, colgados
del techo, unas argollas de hierro que eran conocidas como “los grilletes”. Hoy sabemos que la Inquisición no tuvo actuación aquí.
La casa señorial esta muy desmejorada,
pero todavía conserva en su interior la que fue cárcel, con sus rejas y
anclajes a la pared, en los que se encadenaba a los presos por los pies.
Se cuenta por el lugar que en tiempos
pasados, el dueño de Casapalma tenía una
hija muy hermosa que se enamoró de un encargado de a finca, con el que mantuvo
relaciones amorosas, resultando embarazada. El padre, para ocultar su deshonra,
la encadenó en una de las habitaciones más incomunicadas de la casa,
manteniéndola sólo a pan y agua.
La joven desgraciada dio a luz una
niña, pero no pudo resistir los dolores del parto y murió al mismo tiempo que
su hija.
Desde entonces se oye el ruido de las
cadenas en las noches de invierno, y hay quien afirma haber visto el fantasma
de la niña vagar por los graneros y bodegas.
Escudo de armas de los Fernández de
Córdoba, al que se le añadió después de la conquista de Granada, la figura de
Boabdil encadenado.
Muestra de la importancia que tuvieron
en la conquista del reino de Granada, es que todavía algunos pueblos conservan
su blasón en el escudo local.
Canillas de Aceituno.
Sayalonga.
Archez.
Sedella.
Aun conserva la familia otro de los
privilegios concedidos por los Reyes Católicos sólo a los Nobles que les
ayudaron en la conquista de Málaga; el de ser enterrados, ellos y sus descendientes
en el Santuario de la Victoria. Privilegio que han querido tener posteriormente
otros ilustres personajes, pero al que no han podido acceder.
Se encuentra el Panteón Familiar
delante del Altar Mayor, frente a la imagen de Nuestra Señora; favoreciendo
alguna que otra vez la familia al Santuario, con obras de reforma y dote, como
consta, por ejemplo, en el testamento de doña Mariana Francisca Fernández de
Córdoba.
GENEALOGÍA.
Tomando como base los datos que aporta
el Diccionario Heráldico de los hermanos García Carraffa, que es la mas
completa fuente a este respecto, trataremos de seguir los pasos de la línea
familiar y del señorío de Casapalma.
Don PEDRO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA,
segundo Señor de Baena que murió en 1435, en vida de su padre; había casado con
doña JUANA FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, de cuyo matrimonio tuvieron a:
Don DIEGO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, primer
Conde de Cabra, tercer Señor de Baena y Vizconde de Iznajar. Casó en primeras
nupcias con doña MARÍA CARRILLO, y en segundas con doña Mencia Ramírez de
Aguilera. Fueron sus hijos:
1º, don Diego Fernández de Córdoba;
segundo Conde de Cabra, Vizconde de Iznajar, cuarto Señor de Baena, casó con
doña María Hurtado de Mendoza y Luna.
2º, don Martín Fernández de Córdoba;
Comendador de Estepa, Señor de Salzarejos y de los Donadios de Campana.
3º, don Sancho de Córdoba y Rojas; el
sucesor.
4º, don Alonso Fernández de Córdoba.
5º, doña María Carrillo de Córdoba.
6º, don Pedro Fernández de Córdoba.
Don SANCHO DE CÓRDOBA Y ROJAS; tercero
de sus hijos, y de su primera esposa, fue señor de Nuño y de Casapalma. Casó
con doña MARGARITA DE LEMOS, y fueron sus hijos:
1º, don Sancho de Córdoba y Rojas
Lemos.
2º, don Juan de Córdoba y Lemos;
segundo alcalde de Casa rabonéela.
El primero, don SANCHO DE CÓRDOBA Y
ROJAS LEMOS; Caballero de Santiago y Comendador de Usagre, murió antes que su
padre; pero ya se había casado con doña MARÍA MENDOZA, y habían tenido a:
Don SANCHO DE CÓRDOBA ROJAS Y MENDOZA;
segundo Señor de Casapalma, que contrajo matrimonio con doña LEONOR DE GUZMAM Y
ACUÑA, y fueron sus hijos:
1º, don SANCHO DE CÓRDOBA Y DE ROJAS
GUZMÁN; tercer Señor de Casapalma, que casó con doña ISABEL DE MEDINA. Como no
hubo hijos de este matrimonio le sucedió su hermano.
2º, don Rodrigo de Córdoba y de Rojas,
el sucesor.
3º, don Pedro de Córdoba y Guzmán; que
hizo línea familiar en Perú, en la luego entraría Casapalma.
Don RODRIGO DE CÓRDOBA Y DE ROJAS;
cuarto Señor de Casapalma, casó con doña MENCÍA DE LA CUEVA Y MENDOZA, y
tuvieron a:
Don FRANCISCO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y
ROJAS; fue el tercer varón y heredó la casa por muerte de sus dos hermanos
mayores. Quinto señor y primer Conde de Casapalma, casó con doña MARÍA
FRANCISCA FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y RIEDERER, hija del primer Marqués de
Guadalcázar; fue su segundo hijo y sucesor:
Don JOSÉ DIEGO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y
ROJAS PORTOCARRERO (1644- ); segundo
Conde de Casapalma, Marques de Guadalcazar y sexto Conde de las Posadas; casó
con doña LEONOR MARÍA ZAPATA DE SIVA Y GUZMÁN, hija del tercer conde de
Barajas. Tuvieron por hija:
Doña FRANCISCA MARÍA FERNÁNDEZ DE
CÓRDOBA Y ZAPATA; tercera Condesa de Casapalma, séptima Condesa de Posadas y
quinta Marquesa de Guadalcázar; casó con su primo don FÉLIX MARÍA FERNÁNDEZ DE
CÓRDOBA Y FOLCH DE CARDONA, noveno Duque de Sessa, octavo de Soma, séptimo de
Baena y duodécimo Conde de Cabra; y tuvieron a:
Doña FRANCISCA MARÍA MANUELA FERNÁNDEZ
DE CORDOBA Y ROJAS; cuarta Condesa de Casapalma y las Posadas, que casó con don
FRANCISCO NICOLAS LÓPEZ DE AYALA Y VELASCO; cuarto Conde de Colmenar y décimo
Conde de Fuensalida. Viuda de este caballero, volvió a casar con don CARLOS
HOMODEI LASSO DE LA VEGA PACHECO; tercer Marques de Almonacid.
Del primer matrimonio nacieron dos
hijos que fueron Condes de Casapalma. El segundo en ostentar el título fue:
Doña LEONOR VELASCO DE AYALA; que casó
con don MANUEL CENTURIÓN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y MENDOZA; que fue sexto Marques
de Estepa, Señor de numerosos estados y Grande de España de primera clase,
grandeza que le concedió don Felipe V y de la que se expidió Real cédula en 4
de mayo de 1729. Tuvieron tres hijos:
1º, don Manuel Centurión, que nació en
1716 y murió joven.
2º, don JUAN BAUTISTA CENTURIÓN
VELASCO Y AYALA; fue séptimo Marques de Estepa, Armuña, Laula, Vivola, Monte de
Vay y Alameda, Conde de Fuensalida, Colmenar, Barajas y Casapalma, Señor de
numerosas Villas, Alguacil Mayor perpetuo de Toledo, Alférez Mayor de Málaga,
Gran Cruz de Carlos III y Grande de España de primera clase. Nació el 12 de
noviembre de 1718 y casó dos veces; la primera con su tía doña María Luisa
Centurión, Marquesa viuda de Almarza; y la segunda, con doña Mariana Urries
Pignatelli, que estaba viuda de don Cristóbal Fernández de Córdoba, Teniente
General de los Reales Ejércitos. Murió don Juan Bautista en 1785 sin dejar
hijos de ninguno de estos matrimonios. Le sucedió entonces su hermana.
3º, doña MARÍA LUISA CENTURIÓN DE
VELASCO Y AYALA; que fue octava Marquesa de Estepa, Armuña, etc. Contrajo
matrimonio con su tío don FELIPE LÓPEZ PACHECO; sexto Marques de Bedmar, y
murió sin hijos en 1779.
Pasó entonces la casa de Estepa a don
VICENTE DE PALAFOX CENTURIÓN SILVA Y SARMIENTO; NATURAL DE Madrid, Caballero de
la Orden de Carlos III con fecha 16 de marzo de 1789, octavo Marques de Ariza,
etc, Grande de España, hijo de don Fausto Francisco de Palafox; séptimo Marques
de Ariza, y doña María Teresa de Silva. Contrajo matrimonio en segundas nupcias
con doña MARÍA TERESA DE SILVA Y SARMIENTO. Falleció don Vicente en 1820, pero
tuvo de este matrimonio un hija.
Doña MARÍA ELENA DE PALAFOX Y SILVA;
novena Marquesa de Ariza, etc; esposa de don JOSÉ AGUSTÍN DE IDIÁQUEZ Y
CARVAJAL, de la casa de los Duques de Granada.
De estos esposos no quedó sucesión,
dos hijos que tuvieron murieron niños, por lo que pasaron los Estados de Ariza
y Estepa, con los títulos de Grandeza de España a la casa de Arteaga, Marqueses
de Valmediano, Duques del Infantado.
Aquí se pierde el rastro del título de
Condes de Casapalma, que iría incluido en el Marquesado de Estepa. Pasaría a
los Marqueses de Casa-Xara en el Perú.
NOTAS DE
INTERPRETACIÓN.
Aranzada: 4.500 mts2.
Ducado:
Moneda de oro que valía 375 maravedíes y 11 reales castellanos. Había monedas
de uno, dos y cuatro ducados, y los primeros que acuñó Felipe II lo hizo en
Sevilla con el oro recién traído de América.
Fanega: 6.400 mts2.
Maravedí: Tiene su origen en
los “morabetinos” árabes. Los RR.CC. la establecieron como parte de su sistema
monetario en el año 1475.
Mayorazgo: Es el derecho que
tiene la primogénito de sucesión, con la condición de conservar íntegros los
bienes familiares.
Pesante: Moneda de oro
castellana
Mi más sincera enhorabuena por esta magnífica publicación, pues concentra de manera muy acertada la larga historia del Señorío de Casapalma. Un territorio que a pesar de su larga trayectoria y de su continua ocupación por las diversas culturas que han poblado estos lares, su historia es muy desconocida por propios y extraños. Quizás esta publicación sirva para conocer mejor el vinculo del apellido Rojas con estas tierras, a día de hoy son muchos los habitantes de este territorio, compuesto por el antiguo Señorío de Casapalma, que siguen llevando el apellido Rojas, y muy especialmente es abundante en los poblados de la Sierra de Gibralgalia y Cerralba, así como se puede conocer con profundidad los orígenes de la advocación de Nuestra Señora de la Rosa, que actualmente se venera en Cerralba y cuya capilla estuvo a los pies del Cortijo de Casapalma. Es un placer bucear en la historia de un territorio como Casapalma, que a lo largo de los siglos tuvo renombrada importancia y que a día de hoy duerme junto al Río Grande.
ResponderEliminarLe agradezco sus palabras Salvador. Aun queda mucho que decir sobre Casapalma y su entorno. Espero poder actualizar este trabajo dentro de algún tiempo con nueva documentación.
ResponderEliminarGracias por tan maravillosa publicación. Esta zona, la de casa Palma y sus alrededores de Riogrande me encanta. Un saludo
ResponderEliminarGran artículo, gracias. Detecté este error: errabatarselo, exceccinales y Casa rabonéela.
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