martes, 22 de abril de 2014

La capilla de la Virgen de los Remedios en la Iglesia de Cártama.

         En este año 2014 se cumple el 50 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Capilla de la Virgen de los Remedios, dentro del templo de San Pedro, en Cártama.

         En unos años en que España empezaba a superar los malos tiempos de la posguerra, la devoción a la Virgen de los Remedios también recuperaba el peregrinar de devotos. Su fama había superado fronteras y los días de feria el gentío inundaba las calles y los campos de los alrededores, donde acampaban para hacer noche.
         Esta situación fue analizada por el entonces párroco de Cártama don José María Almagro Vázquez, quien desde que entrase a ejercer como cura ecónomo de esta parroquia en 1951, había acometido varias obras y reformas.
         Era evidente que el templo se quedaba pequeño, por lo que tomó la decisión de acometer unas obras que añadirían al templo un espacio que hasta entonces había servido como quemador de velas y arresto municipal desde los tiempos de la guerra civil.

         Me contaba Gaspar el 12 de julio de 2013, que durante la guerra acompañaba a un amigo a traer café a su padre, que se encontraba preso aquí. Tras la guerra era su amigo quien le acompañaba a él, para traer café a su padre, que también estuvo preso aquí. A la esta habitación destinada a presidio, a modo de baño se le construyó una alcantarilla en el centro, que utilizaron los presos ampliando su recorrido, para trazar un plan de escape por el interior del templo, pero que no llegó a utilizarse; así que supuestamente aun debe existir bajo el suelo del camarín.
         Cuando el ambiente pos-guerra se fue enfriando el lugar quedo para el cumplimiento de penas menores, que sustituían multas en metálico o encauzamientos mayores; de manera que los propios encauzados eran los más interesados en el total cumplimiento de las mismas. Aun así las normas para con los arrestados seguían siendo severas, aunque el ambiente cada vez era más distendido. Las visitas de los familiares eran recibidas en el patio trasero, y no podía estar abierta al mismo tiempo la puerta de salida a la calle del Compás y la del arresto. Me contaban los mayores de Cártama que vivieron aquellas circunstancias que se dio el caso en que, llegada la hora del fin de la visita, el centinela manda a los presos pasen dentro de la habitación celda, para poder abrir y dejar salir a los familiares; y en alguna ocasión el centinela tenía tanta prisa por acabar con aquella faena que cerraba la puerta del arresto y abría la de la acalle antes de que entrasen todos los presos, con la consiguiente bronca por parte del preso al centinela por haberle dejado fuera.
Estado de la Iglesia de Cártama, antes de las obras; según una maqueta de don Miguel Cañamero. 

         Para llevar adelante este proyecto se creó la “Junta Parroquial Pro-Capilla Nuestra Sª de los Remedios” en 1964; encargada hacerlo llegar a todos los estamentos y vecinos, para recaudar donativos con los que sufragar estos gastos.
         Arranca esta recaudación en enero de aquel año, con el remanente de las obras que en 1960 se hiciesen sobre el tejado de la Iglesia y otras aportaciones iniciales. En total 4.421 pesetas a las que se irían sumando más donativos hasta el 6 de septiembre siguiente, con una recaudación total de 78.999,25 pesetas.



         Obtenidas las oportunas licencias, municipal y eclesiástica, se confeccionó el proyecto y planos, que quedaron expuestos al público dentro de la Iglesia.
         Cumplidos estos primeros requisitos, la Junta Pro-Capilla decidió hacer coincidir el acto de la colocación de la primera piedra, con la festividad de la Virgen el 23 de abril de 1964.
         Además del habitual transito de peregrinos propio de la fecha, en el programa de actos religiosos habituales, se incluyó para las 10:30 de la mañana, después de la misa oficiada por el Prelado, Monseñor Carrillo Rubio, el acto de colocación de la primera piedra para la Capilla, con asistencia de autoridades civiles y eclesiásticas, locales y provinciales, para ser testigos de cómo, tras leerse el acta fundacional, se deposita una copia de la misma, firmada por las autoridades, dentro de un  tubo de cinc, junto a unas monedas y un programa de las fiestas de aquel año.



        El documento lo firmaron:
-          D. Francisco Carrillo Rubio, Vicario General del Obispado.
-          José María Almagro Vázquez, Párroco de Cártama.
-          Diego Gil Biedma, Párroco en Estepona.
-          Rafael Millán de la Rosa, Párroco en la Estación de Cártama.
-          Sebastián Carrasco Castro, Párroco.
-          José Gutiérrez, Párroco en Moclinejo.
-          José Burgos Quintana, Sacerdote en Coín.
-          J. Villegas, Sacerdote.
-          Manuel Sevilla, Alcalde de Cártama.
-          Juan Palma, Comandante de Puesto.
-          Francisco Pino, Juez.
-          Mateo González, representante del Gobernador Civil.
-          Pedro Morales, Jefe de la Hermandad de Labradores de Cártama.
-          Rafael Briasco, Secretario de la Hermandad de Labradores de Cártama.
-          Antonio Vargas.
-          José Tapia.
-          Diego Castro.
-          Rafael Cuartero.
-          Francisco Rubio.
-          José Martín.
-          Francisco Roldán.
-          José Orejuela.
-          Juan Díaz.
-          José Hidalgo.

         El tubo fue depositado dentro de un arca de piedra, que tras colocársele la tapa, es sellada por el Vicario General Sr. D. Francisco Carrillo. Otra copia de este acta se remite al los archivos del Palacio Episcopal, y una tercera se guarda en los de la parroquia de Cártama.









         Durante el año siguiente las obras marchan a buen ritmo, hasta que se encontraron con el inconveniente de  dejar asfixiados y sin ventilación los locales-bodegas que existen en los bajos, los cuales presentaron sus quejas.
         En el primero de estos locales, esquina con calle compas, se encontraba la cuadra de Eduardo “talento; y en el segundo el bar “La Bodega”, el cual se veía afectado directamente por la construcción de la capilla.


Bar "La Bodega". 


         Ello supuso la paralización de las obras en tanto se encontraba una solución; un tiempo de espera demasiado largo, hasta que finalmente en septiembre se decidió sacrificar casi un metro del espacio que inicialmente iba a ocupar la capilla, para crear un pasillo al patio exterior que permitiese que los ventanucos de las bodegas bajas siguiesen ventilando a cielo abierto.







         Salvado este obstáculo, en septiembre se retoman las obras, que deben acelerar el ritmo si quieren estar acabadas para el siguiente 23 de abril. En el mes de octubre dan un gran avance al cerrase la habitación al exterior, levantarse el suelo hasta su definitivo nivel y comenzar con el trazado del arco de acceso desde el templo.
         La entrada exterior desde la calle del Compas también es reformado, sobre todo quitando antiguos elementos que ya carecían de sentido al haber acabado sus funciones.
 
el albañil de las obras, José Hidalgo Vargas, “el doli”, en plena faena.



         Entre los elementos que desaparecen está el pequeño tejado de madera que alojó en tiempos anteriores una cruz hecha con gruesos maderos y bajo esta, una gran orza de barro cocido a modo de macetón, que hoy se encuentra en el cementerio municipal. También una pequeña garita que en este lugar existió, construida tras la guerra civil, cuya sombra aparece en la pared, en la foto adjunta, y a la que corresponden los escombros que se pueden ver en el suelo, la cual sirvió de reducido cuerpo de guardia para  los centinelas del arresto que durante la guerra y pos guerra hubo en este patio.
         Me contaba Gaspar el 12 de julio de 2013, que durante la guerra acompañaba a un amigo a traer café a su padre que se encontraba preso aquí. Tras la Guerra era el amigo quien le acompañaba a él a traer café a su padre, que también estuvo preso aquí. Dentro de este presidio, a modo de baño se construyó una alcantarilla en el centro del habitáculo, que utilizaron los presos para ampliar su recorrido, con un plan de escape por el interior del templo, pero que no llegó a utilizarse; así que supuestamente aun debe existir bajo el suelo del camarín.



         Por aquellos años la doctrina religiosa predominaba mucho más que hoy, y todos los quehaceres diarios tenían alguna faceta religiosa. Los escolares estaban obligados a confesar todos los sábados, y durante el año que duraron las obras, raro era el que no obtenía como penitencia el acarrear al menos una espuerta de arena desde la calle del Compás hasta el pie de obra. Todo fuese porque se terminase a tiempo para la bendición el siguiente 23 de abril.
         Durante el mes de noviembre se cubre la obra con el tejado, en diciembre el acceso desde el templo toma su forma definitiva y el tragaluz octogonal queda acabado en marzo de 1965, ya con últimos detalles.





         Al mismo tiempo no se descuidaba la recaudación de donativos, en los que participan incluso los feriantes que montaban sus puestos y atracciones en Cártama. Llegaron donativos desde toda España, incluso desde Francia, Tánger, Suiza, Alemania, Dinamarca y Roma; todas ellas quedaron recogidas en un “Libro de Oro”, copia del cual se guardó también en la arqueta que se encuentra a los pies de la Virgen. Por supuesto, todo el pueblo colaboró, cada cual dentro de sus posibilidades, y los que no podían hacerlo en metálico lo hicieron donando materiales de construcción o mano de obra.




         Se cumplieron los plazos fijados y para el 23 de abril de 1965, como estaba previsto, se bendijo la nueva capilla. Sobre las diez de la mañana y con solemne misa ofrecida por el Vicario General de la Diócesis, Ilmo. Sr Dr. D. Francisco Carrillo Rubio; en la que también se aplico acción de gracias a todos los donantes; y al final de la cual se descubrió una placa conmemorativa del acto, se clausuró la arqueta después de poner dentro el Libro de Oro, y se entregaron las llaves a la Virgen.







         Las obras se dieron por terminadas en el siguiente mes de julio, con un coste total de 99.991 pesetas con 94 céntimos.
         Desde entonces la Virgen de los Remedios tiene capilla propia, para recibir culto durante el tiempo que permanezca en la Iglesia.




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         Agradezco la información aportada por:
-          Archivo Municipal de Cártama.
-          Archivo Parroquial de Cártama.
-          Miguel Plaza Gutiérrez.
-          Antonio Carvajal Botello.
-          Francisco Garrido Garrido.  

         

miércoles, 19 de marzo de 2014

HISTORIA DE LA SEMANA SANTA CARTAMEÑA.


         A principios del siglo XVIII podemos documentar ya la existencia de la tradición procesional en Cártama, cuando don Pedro Navarro Altamirano, después de hacer sus estudios de Gramática y Filosofía, se estableció hacia 1730 en esta villa, donde sus antepasados tenían privilegios de nobles.
         A poco de llegar y como beneficiado de la Iglesia parroquial, estableció la devoción del Viacrucis desde el templo de San Pedro a la cercana Ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz, que por entonces se hacía a diario.
         De esta época datan las hornacinas que marcan las estaciones del viacrucis, la mayoría de las cuales han desaparecido hoy.  Los devotos hacían el camino marcado por las estaciones penitenciarias, parando en cada una de ellas para rezar una oración.
 
Hornacina de la fachada Norte de la Iglesia.    
         Desde entonces se ha mantenido la tradición siendo un referente social similar al de la Virgen de los Remedios; tanto, que en 1888 coincidiendo la procesión de El Paso en Viernes Santo, con el nombramiento de una nueva corporación municipal, los alcaldes saliente y entrante comenzaron a discutir por ver quién tenía derecho a presidir el acto y acabaron a palos en mitad de la calle. Una muestra del interés social que despertaba este evento. Sin embargo, la época que mejor documentada tenemos son las primeras décadas del siglo XX; quizás por la laguna documental que existe sobre los años anteriores, pero también podría deberse a que estas décadas fueron de auge cofrade y profunda devoción.


         Imágenes posesionadas:
         Nuestro Padre Jesús de la Humildad. (Los Verdes)
         Talla del siglo XVIII de la que se ignora el autor, pero dada la similitud a la de El Rico, que se encuentra en la parroquia de Santiago de Málaga, expertos han considerado que es obra del mismo autor.
         Su día de procesión era el viernes santo, aunque también se le hacía un  triduo en enero y otro en cuaresma.
         Los devotos alumbraban con velas el paso de esta imagen y se tiraba fuegos artificiales y cohetes. Fue su Mayordomo, don Manuel Pérez López era 1924, apodado “paja larga”. Era tradición que el día anterior, después de celebrada la “Novena”, el hermano mayor obsequiase con una “buñolada” a otros hermanos y amigos.


         El Paso. 
         Acto con el que se rememora la pasión de Cristo. Tenemos noticias de que en 1925 se celebraba después de la procesión, sobre un tablado montado ante la fachada de la Iglesia.
         La Hermandad llegó a tener 150 hermanos, de los que hemos conocido a los siguientes:
         don Manuel Berlanga Baquero, ex capellán castrense (1925-1927);
         don José Berlanga, que en 1929 consta que donó unos cordones de oro al Cristo (1929)
         don José Miranda (1925);
         don Francisco Roldán Sola (1925);
         don Manuel Pérez López, como Presidente de la Cofradía (1925-1929).
         doña Dolores Plaza de Pérez, que en 1929 donó un estandarte con anagrama bordado en oro y en el cetro el rostro del señor pintado por don José Briales (1929).

         Los pasos trascurrían de la siguiente forma:
         Jueves Santo: los oficios comienzan a las cuatro de la tarde con el paso de Abrahán, la Samaritana, la Magdalena, la Cena, Lavatorio, oración del Huerto, prisión de Jesús y acabando el acto con la procesión de Jesús de la Humildad.
         Viernes Santo: oficios religiosos a las nueve y a las doce, continuación del Paso, conducción de Jesús a los Tribunales, concluyendo la procesión en la calle de la Amargura (Viento).

         Tradicionalmente era el día 29 de junio el que se celebraban los festejos en honor de Jesús de la Humildad, con los correspondientes festejos, que se desarrollaban de la siguiente forma:
         Desde temprano la banda de música recorre las calles interpretando lo mejor de su repertorio.
         A las diez y media función religiosa con sermón a cargo de una destacada personalidad religiosa.
         Entre las siete de la tarde y las diez de la noche trascurre procesión por la calle del Viento, entonces conocida como calle de la Amargura, acompañado de la Virgen de los Dolores; a la que concurren todos sus hermanos llevando túnicas y cirios encendidos y unos doscientos penitentes. Para el paso de la imagen se levantaban arcos con ramas de álamos, palmeras y flores en la plaza.
         Acaba el acto con el descendimiento de la cruz y entierro de Cristo.
         Por la noche se celebraba una verbena animada por la banda de música, con bailes y tirada de fuegos artificiales, al igual que en la noche del anterior día 28. Ambas noches los Hermanos se encargaban de velar la imagen, por turnos.

         Nos consta que en junio de 1927 donó don José Briales a esta imagen una cinta de moaré pintada por él, con bellas flores y telas.


         Nuestro Padre Jesús Nazareno. (Los Moraos)
         En la descripción que ofrece la prensa en 1929 se detalla que sale el patrono en procesión el 28 de marzo sobre la nueve de la noche, acompañado de la Virgen de la Esperanza. El acompañamiento procesional estaba formado por unos 230 cofrades, vistiendo túnica morada y portando cirios encendidos; 80 con túnicas blancas con cíngulos rojos; cuatro maceros; banda de música de Alhaurin de la Torre y otra de cornetas y tambores y los mayordomos de las imágenes hasta en número de cuatro, vistiendo túnicas blancas con capas moradas, cíngulos de oro y bastones de plata.
                                                 


         La Hermandad llegó a tener 230 hermanos en 1929, de los que hemos conocido a los siguientes:
         don Juan Mora, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don Eduardo Bedoya Vargas, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don Antonio Espinosa, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don Juan Faura, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don José Prieto Negrete, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don Francisco del Pino, miembro de la Junta directiva de la Hermandad.
         don Fernando Faura Gómez, hermano mayor y Presidente de la Virgen.
         don Rafael Marín, Presidente de la Virgen, Juez municipal.
         don Antonio Peñafiel, Presidente de la Virgen y Secretario del Ayuntamiento.
         don Miguel de Luna, Presidente de la Virgen y oficial de secretaría.
         don José Bedoya Vargas, Mayordomo del Trono de Jesús Nazareno.
         don Antonio Bedoya Vargas, Mayordomo del Trono de la Virgen de la Esperanza.
         don Antonio Mira, Mayordomos de la procesión.
         don José Faura Barrionuevo, Mayordomos de la procesión.

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         La tradición desaparece en Cártama después de 1929, ya que el desarrollo de los pasos de este año se encuentran recogido en prensa; aunque según nos cuenta don Francisco Baquero, se continuó hasta 1934, lo que nos lleva a la conclusión, teniendo en cuenta las circunstancias vividas en España durante estos años, de que a partir de 1930 comenzó a decaer hasta su desaparición total.
         Declarado el estado de guerra en España el 18 de julio de 1936, a los dos días y de regreso de Málaga de asistir a un mitin, un grupo de exaltados cartameños se dedica a saquear y destruir imágenes y otros elementos artísticos religiosos, entre los que se encontraban las piezas procesionales.



         Las últimas Cofradías.  

         Sobre este periodo la escases documental es aún mayor, pero contamos con la ventaja de los testimonios orales de personas que lo vivieron. En ocasiones, la memoria de las personas con las que me he entrevistado ofrecen versiones contradictorias, por confusión, fallos de memoria o poco conocimiento, aunque siempre, mucha voluntad; así que debo confeccionar un trazado histórico contrastando la documentación existente con las narraciones recogidas, descartando aquellas que se contradigan o no se puedan documentar.
         En base a este criterio de trabajo he llegado a las siguientes conclusiones:

         En la década de los 50 hubo en Cártama un esfuerzo importante por recuperar esta tradición. Se reorganizaron las antiguas Cofradías, restauraron imágenes y adquirieron tronos, ropajes y todo tipo de enseres.
         La primera en recuperarse fue la de Nuestro Padre Jesús Nazareno por parte de don Miguel Bedoya Castillo; cuya imagen había permanecido oculta durante la guerra en el chalet de “Villa Paca” de Pedregalejo, junto a otros enseres, en el fondo de una caja con material eléctrico que en numerosas ocasiones fue apartada por los milicianos a patadas sin saber lo que en el fondo se ocultaba.
         Además se salvó ocultas en Cártama, una túnica del Nazareno, ricamente labrada, que después de la guerra fue prestada en ocasiones a la Cofradía de Alhaurin el Grande, hasta que pudieron hacerse con las suyas propias; y el estandarte que donase doña Dolores Plaza en 1929. Tras la guerra civil se prosesionó por primera vez el Viernes Santo de 1956. En mayo de 1957 esta cofradía adquirió la imagen de Jesús Resucitado, quedando como su camarera doña Antonia Díaz.
         La Virgen de los Dolores, que había sido guardada por doña Dolores Roldán Faura, también fue entregada a la Iglesia para que de nuevo se integrase en la procesión.

                                                  

         Campana que portaba el Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y que hacía sonar a la voz de: “¡Viva Cristo Rey!”. Actualmente en la casa-museo de González Marín en Cártama.

                 

         Campana del trono de Jesús Nazareno que se conserva en el Museo de la Virgen de los Remedios, en Cártama.

         Posteriormente fue recuperada la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad (los verdes) también conocido como “el coronado”, a iniciativa de don José Orejuela Bedoya, restaurado a partir de un dedo de la talla original recuperado de la fogata de 1936, tomando como muestra una antigua postal, fue en cargada en Sevilla a los talleres Salesianos. De la quema de 1936 también se salvó un estandarte rojo con la imagen de Jesús. Este señor asumió toda la responsabilidad y costos necesarios para la reorganización e hizo los encargos en primer lugar de la imagen y unos años después el trono a don Pedro Pérez Hidalgo, alumno de don Francisco Palma. Hasta entonces, para su procesión que solía ser el Jueves Santo, se usaba el mismo desgastado trono que para la Virgen de los Remedios y el resto de las imágenes.

         Dada la dedicación al comercio de las telas del señor Orejuela, adquirió la materia prima y todas las túnicas y ropajes fueron cosidos en Cártama por muchachas que decidieron dedicar horas y horas a este menester.
         De su Junta Directiva hemos conocido a:
         Primer Hermano Mayor: don José Orejuela Bedoya.
         Segundo Hermano mayor: don Miguel Martín Fernández.
         Tercer Hermano Mayor: don Antonio Hurtado Sepúlveda.

      
         Las discrepancias parecen tener su origen en el carácter autoritario del entonces párroco de Cártama, don José María Almagro Vázquez, el cual protagonizó numerosos altercados, la mayoría de ellos tan sólo en el recuerdo de algunos vecinos, pero otros, se conservan sobre el papel. Es el caso de lo ocurrido en abril de 1958; cuando ya se encontraban todos los preparativos para las fiestas en marcha, hubo de convocarse un pleno de urgencia el 11 de abril a las nueve de la noche, porque la imprenta a la que se le había hecho el encargo de los programas de feria había notificado por teléfono que se acababa de presentar el señor cura para prohibir en la publicación los actos de carácter religioso y la imagen de la Virgen de los Remedios. Finalmente se resolvió el asunto poniéndolo en manos del Gobernador Civil y el Obispado, con lo que la publicación salió con la normalidad de otros años. Tras leer este documento decidí interrogar a los mayores sobre esta cuestión y me confirmaron que recordaban más de una ocasión de enfrentamientos verbales entre el párroco y algún vecino.

         1958.  
         Nos cuenta don José María Almagro en su “Memoria de la Parroquia de San Pedro de Cártama”, que el día 26 de junio a las diez de la noche era bendecida la imagen de Jesús de la Humildad, donada a la parroquia justo el día y a la hora en que se cumplían los 22 años de la quema de la original; lo que no coincide en la fecha de la quema con lo que nos dejó escrito don Antonio Palomo Báez en su informe de 1937. En el acto de bendición de la imagen quedo nombrada como su camarera doña Antonia plaza Domínguez, esposa del donante.

         El 29, además de ser la festividad de San Pedro, es el día que tradicionalmente se prosesionaba Jesús de la Humildad. Muy de mañana llega desde Málaga el Regimiento Aragón nº 17, que toca la diana a los cartameños; a las diez función religiosa y sermón; a las once de la noche nos dice que se desarrolló la procesión “con el Señor de la Humildad”, en la que incluso se vio llorar a algunos mayores que después de 22 años volvían a ver esta imagen en la calle.
         Cuentas los testigos que desde la tarde del 28 de junio los hermanos de Jesús de la Humildad estaban inmersos en los preparativos de su día grande; hasta entonces la imagen se guardaba en casa de aquel que la encargó, pero desde que fuese bendecida el anterior día 26 se encontraba en la Iglesia. El 29 muy de madrugada salió el Hermano Mayor hacia el campamento Benítez, regresando al amanecer a la cabeza de la banda de música que tocó la diana y todo un repertorio de marchas.

         La calle de en medio, entonces llamada General Franco, se había acondicionado con una larga mesa que se extendía por todo el trazado principal, en la que se ofrecían dulces, comidas y bebidas a los militares. Estos tocaron hasta la noche, en que se celebró la procesión con normalidad, y se quedaron a dormir en casas de vecinos, a razón de entre dos y cuatro por cada casa.
         Tras las fiestas la imagen retoma su antiguo lugar dentro de la iglesia, que es el nicho tercero de la nave de la epístola; y queda entre los antiguos cofrades el compromiso de reorganizar la Hermandad.


         1959.  
         Para el siguiente año preparan su nuevo trono, que era tan grade que necesitaba de ser montado fuera del templo; el día anterior la actividad era frenética y el párroco había manifestado de nuevo su deseo de que al ser festividad de San Pedro, patrono de la parroquia, debía salir éste el primero y tras él Jesús de la Humildad, el cual ya había salido en procesión el año anterior, pero usando el viejo trono, por lo que este día hacía su presentación pública. Sin embargo San Pedro ni tenía trono ni estaba acondicionado para ello, y el seguir las pautas marcadas por el cura desluciría toda la procesión, tan minuciosamente preparada.
En el programa para la feria de abril de 1959 aún aparecían reflejadas las Hermandades.
         Los hermanos mayores de ambas cofradías, conocidos y amigos, dialogaron aquella noche y estuvieron de acuerdo en que ya que eran ellos los promotores y mecenas de todo aquel movimiento, justo era que ellos decidiesen el orden a seguir. Sin embargo, al continuar el señor Almagro firme en su idea, fallaron los diálogos y las propuestas alternativas, hasta tal punto, que el cura cerró con llave desde dentro la puerta de la Iglesia, para impedir que ninguna imagen pudiese salir. Al conocerse en el pueblo que “el coronao” no salía a la calle se armó un gran revuelo con gritos  ofensivos al cura, que según se cuenta, se encerró y no salió en todo el día a la calle.
         Para el siguiente día 5 de octubre, se posesionó la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno (los moraos) por última vez, ya que al desaparecer la rivalidad cofrade perdía sentido el continuar.
Don José María Almagro durante una visita al Vaticano en el año 1956.

         Algún tiempo después, los Hermanos del Santo Cristo de la Vera Cruz, de Alhaurin de la Torre, supieron que en una casa particular de Cártama existía un hermoso trono que nunca se había posesionado y decidieron ponerse en contacto con el propietario, para comprarlo; este accedió y lo usaron para sacar su Cristo Crucificado rodeado de cuatro faroles.

        Don Salvador González Anaya también se ocupa de la descripción de esta festividad, en la segunda parte de su novela “Tierra de señorío”; en la coincide en la mayoría de lo expuesto con lo encontrado en otras fuentes, por lo que es bastante recomendable su lectura, aunque no deja de ser narración novelada, lo que resta credibilidad a las anécdotas.
         Este señor nos cuenta que los hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno eran apodados los “apurasombreros” por el carácter humilde de estos y en el sentido de apurar las prendas por desgastadas que estuviesen; y los de Jesús de la Humildad eran llamados “los pudientes”. Dice también que desde un balcón de la plaza hacía de narrador durante las escenificaciones un albañil apodado “Papa pollo”, lo cual coincide con una inscripción en yeso que apareció en la actual casa-museo de González Marín, en la cual se mencionaba como ejecutor se unas reformas a principios del siglo XX al tal “Papa pollo”, que podríamos identificar con algún miembro de la familia Cañamero.
                                                        


         A finales de los años 80 otro grupo de cartameños intento recuperar esta tradición, que fueron apoyados por el entonces párroco don Jesús Pascual, el cual se implico con ellos y gestionó  los recursos administrativos necesarios.


           


         Como conclusión a todo lo expuesto podemos deducir que para recuperar la Semana Santa cartameña hay que empezar por donde lo hicieron nuestros mayores, es decir , por organizar las Cofradías con su casa hermandad, enseres propios y suficiente número de hermanos que paguen sus cuotas y dispuestos a implicarse.
         Sólo cuando exista podrá su Junta Directiva organizar los eventos que crea oportunos sin depender de nadie.
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         Este trabajo ha sido posible gracias a la colaboración de:
-          Archivo Histórico de Cártama.
-          Archivo Parroquial de Cártama.
-          Casa museo de González Marín, Cártama.
-          Isabel Morales González.
-          María Sánchez Ortega.
-          Montse Cañamero.
-          Miguel Plaza Gutiérrez.
-          Francisco Baquero Luque.
-          Juan Bedoya Vargas.
-          Juan Martin Sánchez.
-          Antonio Benítez Orejuela.
-          Antonio Carvajal Botello.
-          Y otras muchas personas que me han dedicado su tiempo y paciencia.