miércoles, 12 de junio de 2019

LA CERES DE CÁRTAMA, HISTORIA, INVESTIGACIONES E INTERPRETACIONES.


         Por increíble que parezca, aun hoy día hay ocasiones en que es necesario explicar la importancia de un hallazgo arqueológico. Y la mejor oportunidad para hacerlo es hablar de la escultura de la diosa Ceres de Cártama.
         La primera interpretación que se puede hacer del estudio de semejante hallazgo es la de que se trataba de un culto bastante arraigado en nuestras tierras; el cual tiene su origen en la adoración a su homóloga, la Deméter griega.
         Los romanos adoptaron la adoración de Ceres durante la hambruna del 496 a d C., de su equivalente griega, ya que, para los griegos representaba la tierra fértil lista para la siembra.
         Ceres o Deméter, era hija de Rea y Crono, que la tragó y luego la regurgitó. Esposa de su hermano Zeus, con el que tuvo a Perséfone. Con Posidón tuvo al caballo Arión; y con Lasión a Pluto.
         Cuando su hija Perséfone fue raptada, Deméter la escuchó gritar y recorrió la tierra buscándola, vestida de luto y alumbrándose con dos antorchas, durante nueve días y nueve noches, sin descanso, sin comer y sin bañarse. Su raptor, Hades, bajó a Perséfone al infierno, donde la engañó para que comiese un grano de granada, y de esta forma, como según la mitología quien come en el infierno ya no puede salir de él, consiguió asegurarse de que no saldría de allí.
         Pero como Zeus vio que Deméter sufría por la falta de su hija, hizo un acuerdo con Hades para que Perséfone pasase bajo tierra un tercio del año y el resto en el Olimpo con su madre y los otros dioses.
         Cuando por fin se reunieron madre e hija, fue tanta la alegría que Deméter hizo que los campos fuesen fértiles mientras se encontraban juntas, pero cunado Perséfone bajaba a los infiernos, se sentía tan sola que el hielo y el frio se apoderaban de la tierra.
         Esta no es más que una de las muchas leyendas de las que se componen la mitología griega; que hoy nos puede parecer demasiado fantasiosa, pero en su época fue suficiente para que fuese la patrona de Enna, en Sicilia; que conmemoraban anualmente la salida de Ceres en busca de su hija, recorriendo por las noches calles y campos en una especie de romería en la que los participantes portaban antorchas y daban gritos llamando a Perséfone.
         Atenas tenía dos fiestas solemnes en honor a Deméter: una llamada Eleusinia y otra Tesmoforia; en las que se sacrificaban cerdos debido a los daños que causaban en los frutos de la tierra, y se hacían libaciones de vino dulce.
        En otros lugares Ceres era horada y festejada en el mes de mayo en las fiestas llamadas de Ambarvalia, con procesiones en las que las mujeres vestían ropas blancas propias de los hombres, mientras estos quedaban como meros espectadores; y para que la festividad fuese agradable a Ceres no podían asistir a ella nadie que estuviese de luto.


         Existieron cultos similares en muchos más lugares, pero siempre dedicados a la fertilidad que Ceres concede a la tierra, de donde derivó el nombre de “cereal”.
         Es difícil el saber con exactitud cuál era el ritual que se practicaba en Cártama para esta celebración, pero la sola existencia de la escultura deja claro que alguno se celebraba. Si tenemos en cuenta que la escultura no está tallada por la espalda podemos interpretar que se encontraba adosada a un muro, que, por la calidad y perfección de la misma, sólo podía ser un templo o un edificio céntrico de significada importancia. En cualquier caso, tras estudiar el terreno donde se produjo el hallazgo, no pudo ser aquel el lugar original, ya que no se han encontrado restos de la suficiente potencia como para que los albergasen, así que en algún momento debió haber sido traslada allí desde otro lugar, que fácilmente pudo haber sido la ciudad de Cartima, teniendo en cuenta los restos encontrados y que otros similares se encuentran bastante lejos.


         La tradición se celebraría de forma oficial hasta que, en el concilio de Nicea en el 325, Constantino I El Grande, declarara religión oficial del imperio el cristianismo, pero como las tradiciones son difíciles de desarraigar del pueblo, esta se seguiría celebrando al menos hasta el reinado de Teodosio I, que falleció en el 395.
         Como quiera que fuese, la pieza ha permanecido enterrada más de mil seiscientos años; hasta que, en 1929, durante los trabajos de recopilar piedras para fabricar paredes, Miguel García Pérez y su suegro Alejo García Cerón, junto con otros trabajadores contratados, la encontraron por casualidad.
         En un principio no le apreciaron nada especial, al encontrarse boca abajo y enterrada la mayor parte de ella, incluso desayunaron aquella mañana sentados sobre la piedra. Pero al decidirse a extraerla de la tierra para fragmentarla y utilizarla se dieron cuenta que ocultaba una hermosa talla.
         Miguel García Pérez había nacido en Alhaurín el Grande en 1901, hijo de don Francisco García Villasana y de doña Rosalía Pérez Sánchez, una de las más notables familias de la vecina localidad; el señor García Villasana era súbdito de la ciudad de Nueva York, terrateniente, empresario y además gozaba del privilegio de ser “Caballero Cubierto ante el Rey”; lo cual nos da una idea del nivel social y cultural de esta familia. Josefa García Cordero había nacido en 1905, también en Alhaurín el Grande, hija doña Isabel Cordero Rueda y de don Alejo García Cerón, el cual fue en 1914 heredero junto a sus hermanos de una finca de más de 17 fanegas de tierra en el partido de Fahala, que pasó a ser conocida como “Finca de los Alejo”.


         En 1929, cuando aún eran novios Miguel García Pérez y Josefa García Cordero, Miguel fue a trabajar junto a su suegro Alejo, en un pozo de nueva construcción en el lugar conocido como “haza de la calera”, junto a la “loma del negrillo”, que, para los que no conozcan el terreno, se encuentra a espaldas del actual restaurante Los Cabales, en la carretera de Cártama a Coín. Junto a otros trabajadores se encontraban sacando piedras para construir la casilla del pozo cuando encontraron una que podría serles útil; a simple vista no se observaba nada especial más que una simple piedra, que al estar semienterrada era necesario extraerla de la tierra para que pudiese ser manejada, y con esta intención los hombres clavaron en tierra sus barras de hierro para extraerla, con la gran sorpresa al darle la vuelta y salir de la tierra la parte que se encontraba enterrada, de que se trataba de una bella escultura de la cara de una mujer, pero con la mala suerte de que una de las barras hiciese fuerza entre la nariz y el labio superior, causando su rotura en esta zona.
         En aquel momento podrían haberla hecho trozos para con ellos construir un buen trozo de pared, y con esto fin de la historia; pero Alejo, el suegro de Miguel, hombre con unos conocimientos y cultura heredada de su padre, supo valorar el hallazgo y mandó traer del cortijo una carreta, a la que con gran trabajo entre todos la cargaron y trasportaron a la finca, a unos cinco kilómetros aproximadamente, donde fue colocada junto a la puerta de entrada, lugar donde nadie pudiese llevársela, reservada de golpes y poder ser vista y disfrutada, como se aprecia en la foto.


         Miguel García Pérez y Josefa García Cordero contraerían matrimonio el 28 de mayo de 1930 y con el tiempo tomarían posesión de la finca, incluida la escultura. Con los años llego a ser conocida la existencia de la pieza, hasta que llegó a oídos del artista cartameño, don José González Marín, que según cuenta en sus escritos el hijo de este matrimonio, don Francisco García García, en varias ocasiones intentaría hacerse con ella, pero siempre se opuso su padre a que se la llevase.
         Pero llegó la guerra civil española y con ella sucesos muy dramáticos para los españoles. Miguel García Pérez fallecería el 30 de octubre de 1938 con 37 años, a causa de una enfermedad crónica contraída a consecuencia de haber tenido que trasladar los cadáveres de personas ejecutadas y expuestas a la intemperie varios días, con lo cual Josefa García Cordero quedó viuda y con dos hijos pequeños; a esto había que añadir que un hermano de Josefa falleció en el frente y nunca pudo ser localizado su cuerpo, ni tan siquiera pudieron saber con seguridad si fue en el frente del Ebro o en el de Guadarrama; y otro de sus hermanos regresó de la guerra habiendo perdido un dedo.
         Al igual que ocurriese a miles de familias españolas por aquellos años, la perspectiva de una dura posguerra, con escaseces y lutos no eran nada esperanzadoras, con lo cual, cuando un día de 1939 llegó una carreta al cortijo de los Alejo, con el encargo de que tenía que llevar “la muñeca” a casa de don José González Marín, Josefa no se negó a ello, porque en aquellos momentos eran otras sus prioridades.
         De esta forma, pasaría la escultura diez años en casa del artista, hasta que, en 1949 le es entregada al exgobernador Civil de Málaga, don José Luis Arrese Magra; el cual, según la biografía que de él recoge wikipedia, para este año ya no sólo no era Gobernador de nuestra provincia, sino que: “en el verano de 1945, con la derrota de la Alemania nazi, Franco realizó numerosos cambios en la administración y el gobierno: muchos falangistas germanófilos perdieron sus puestos y desaparecieron de la escena política. Este fue el caso de Arrese, que fue cesado en la jefatura del partido único y salió del Gobierno. Tras su destitución, Franco no nombró sucesor y el cargo de secretario general quedó vacante. Pasó varios años en el ostracismo político, sin ocupar ningún cargo de importancia.”
         A la colección personal de este señor ha pertenecido desde entonces, y en 1970 adquiere un edificio conventual en su localidad natal de Corella, donde inaugura su museo en 1973, en el que se expone nuestra Ceres, además de otras piezas arqueológicas de distintas procedencias y gran número de obras de arte.

         En 1956 el profesor José María Blázquez Martínez, catedrático emérito de Historia Antigua y académico numerario de la Real Academia de la Historia, en un trabajo publicado en la revista “Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones”; tras comparar la talla a otras, dentro y fuera de la península, llega a la conclusión que pertenece al periodo del emperador Adriano (76 d. C. – 138 d. C.), sucesor de Trajano, ambos de origen hispano y fue tallada en Argel. Concretamente es de fecha posterior al año 129, según nos dice este autor, por la tipología de la talla del ojo; lo cual nos permite fechar aún mejor la escultura para poder afirmar que entre el 129 d. C. y el 138 d. D. fue tallada en Argel y trasladada a Cártama, como diosa de la agricultura, junto a la que se celebraría la festividad romana de Háloa; fiesta de origen heleno en la que se venera a la diosa Ceres en su manifestación de campo labrado preparado para la siembra.
         De pertenecer a una escultura de cuerpo entero, teniendo en cuenta la proporción del rostro, debió tener una altura de 3,80 metros; aunque no es posible comprobar si se encontraba de pie o entronizada (sedente, como las famosas matronas también encontradas en Cártama), al igual que su hermana que le sigue en importancia y calidad, que se encuentra en el Museo Arqueológico de Mérida y de similares características en el trabajo del tallado, pero aquella formaría parte del “Frerte escénico del Teatro”.


         Termina su estudio el profesor José María Blázquez, afirmando que la cabeza de Ceres de la colección Arrese “honraría cualquier museo del mundo” ya que “es la mejor, dentro de su clase, de las halladas hasta ahora en España.








martes, 11 de junio de 2019

Orígenes de los ALARCÓN LUJÁN de Málaga.



   

                         DESDE CÁRTAMA PARA MÁLAGA Y EL MUNDO.

                                             


         A menudo afirmamos que una familia tiene su origen en una determinada localidad, tan sólo porque allí nace su apellido; sin embargo, todos sabemos que las raíces de las personas son mucho más extensas, hasta el punto de llegar a perderse y ser imposible continuar la escala hacia atrás. Por esta razón no me atreveré a afirmar donde tiene su origen la familia que nos ocupa en este trabajo, pero sí puedo decir de donde procede el apellido ALARCÓN que tantos hijos ilustres y protagonismo a dado a Málaga.

         Procedente del topónimo “Alarcón”, población de la provincia de Cuenca. Su etimología hace referencia al árabe, con el significado de “recodo” o también “vuelta al camino”; sin embargo, su existencia se registra sobre todo en la zona valenciana.     


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         Durante el siglo XVI ya nos constan varias familias de este apellido en la provincia de Málaga, pero en la que nos ocupa, nos hemos podido remontar hasta el malagueño pueblo de El Borge.

         Alonso Alarcón de Castilla, nacido en Antequera en 1545, casado con María López; fueron padres de:
         Pedro Alarcón de Castilla y López.
         Cristóbal Alarcón de Castilla y López.
         Alonso Alarcón de Castilla y López, continuador de la línea familiar. Bautizado en El Borge en julio de 1588. Casado en la misma localidad el 1 de enero de 1616, con Isabel Muñoz Heredia. Fueron padres de:
         José Alarcón y Muñoz, natural de El Borge, donde fue bautizado el 2 de junio de 1628. Casado en la misma localidad el 7 de febrero de 1655, con Juana de Gálvez del Águila, nacida en 1633. Fueron padres de:
         Alonso Alarcón y Gálvez, natural de El Borge, donde fue bautizado el 10 de agosto de 1659; contrajo matrimonio el 4 de agosto de 1687 en la Iglesia de Santiago de Málaga; con Lucía Pérez de Alarcón, nacida el 3 de diciembre de 1665. Alonso Alarcón fallecería en Málaga el 31 de mayo de 1738, a los 79 años de edad; y su mujer en la misma ciudad el 6 de febrero de 1746 con 80 años de edad.
         Fueron los hijos de estos:
         → Joseph Alarcón y Pérez, nacido el 27 de mayo de 1688.
         → Alonso Alarcón y Pérez, nacido el 2 de marzo de 1697, continuador.
         → Isabel Fausta Alarcón y Pérez, nacida el 2 de marzo de 1703.
         → Juan Clemente Alarcón y Pérez, nacido el 17 de diciembre de 1703.
         → Thomasa Eufrasia Alarcón y Pérez, nacida el 29 de junio de 1706.



         El segundo de estos hermanos, Alonso Alarcón y Pérez, fuel continuador de le línea familiar; nacido en Málaga y allí bautizado el 10 de marzo de 1697, en la Iglesia de Santiago. Contrajo matrimonio con Teresa Parrado Ruiz, nacida el 27 de abril de 1716 en Málaga, y bautizada en la Iglesia de Santiago. Fueron hijos de estos:

         → Francisco de Paula Alarcón Parrado, nacido el 24 de septiembre de 1736 en Málaga.
         → Ana Teresa Alarcón Parrado, nacida el 9 de febrero de 1739 en Málaga.
         Cristóbal Alarcón Parrado, nacido el 29 de agosto de 1741, y bautizado el 4 de septiembre siguiente en la Iglesia de Santiago (libro 43 de bautismos, folio 110). Fallecido el 19 de noviembre de 1792 a los 51 años. Casado el 19 de septiembre de 1775 en la Iglesia de Santiago de Málaga (libro 16 de matrimonios, folio 87v); con Cristobalina de Messa y del Rio. A estos solo se les conoce un hijo, llamado Cristóbal Alarcón de Messa.
         Este Cristóbal Alarcón de Messa, nacido el 5 de mayo de 1787 y bautizado el mismo día en la Iglesia de San Juan de Málaga (Parroquia de San Juan, Málaga; libro 37, folio 150).
         Personaje de importante relevancia social, que ya en 1837 es poseedor de bodegas y exporta sus vinos al extranjero. Se conservan las etiquetas de las botellas de vino a nombre de su hijo Fermín de Alarcón. Así mismo, ante el Notario Don Miguel Cano, Protocolos números 4131 y 4132, en el Archivo H.P. de Málaga, arrienda fincas en Alora y en la Vega de Sedella, Partido de Cártama, al tío carnal de su mujer Don Rodrigo de Salcedo y Viana de Cárdenas, Maestrante de Ronda.
         Perteneció a la Cofradía de los Servitas, a quien estuvo muy vinculado llegando a ser Prior de la misma. Se conserva su devocionario con los escudos Alarcón, Parrado y Messa, hoy en poder de su tataranieto don Sebastián Souvirón.



         Los orígenes de don Fermín Luján de la Vega.
         Para alejarnos de las interpretaciones genéricas que suelen hacer los libros de genealogías, en el estudio de esta línea familiar me he centrado en la documentación existente en el expediente militar de don Fermín Luján de la vega, en el que pude encontrar su expediente matrimonial.

        Don Fermín Luján Mauro, Sargento mayor del Regimiento de Infantería de Guadalajara, era natural de “Longo” en Italia, de donde también era su esposa doña Isabel de la Vega Puig; los cuales encontrándose en Pamplona fueron padres de:
         Mariano Fermín Manuel Benito Luján de la Vega, bautizado el 13 de septiembre de 1755 en la Parroquia de San Juan bautista de aquella ciudad.
         Don Fermín Luján de la Vega también siguió la carrera militar y con 29 años ya era Capitán Graduado de la Compañía de Granaderos en el Regimiento de Infantería de la Princesa, establecido en el Campo de San Roque, Cádiz, desde donde, en diciembre de 1783, ya fallecido su padre, solicitó de su madre, que residía en Madrid, licencia para contraer matrimonio con doña Josefa Salcedo Cárdenas, una chica de 26 años bautizada en Cártama el 23 de agosto de 1758, descendiente de una de las más notables familias locales.


         Los orígenes de doña Josefa Salcedo Cárdenas.
         Pero la muchacha además de la licencia paterna, también necesitó que el padre acreditase su varonía y ascendencia noble, lo que no le resultó difícil ya que su familia reunía importantes méritos para el país, algo entonces muy valorado.
         Doña Josefa Salcedo y Cárdenas era hija de la segunda esposa de su padre, doña Antonia Cárdenas Valenzuela, con la que contrajo matrimonio en la parroquia de Los Mártires, de Málaga, el 17 de marzo de 1752; pero de su primera esposa, doña Antonia Quintana Avela Dávalos, tenía tres hermanos más, llamados: Antonio, Miguel y María Inés. Curiosamente Miguel Salcedo Quintana, era por aquellas fechas Teniente Coronel Graduado Capitán de Cazadores del regimiento Provincial de Milicias de Málaga y Caballero del Hábito de la militar Orden de Calatrava desde 1783, encontrándose también destinado en San Roque, es quien solicita del Escribano de Cabildo de Cártama que pase a casa de su padre para que, acompañado de dos miembros de la Corporación Municipal, revise los archivos familiares y extraiga copias certificadas de los documentos que acrediten la genealogía familiar.

         Era el padre de la muchacha don Antonio Salcedo Gálvez, nacido en Cártama en 1715, tenido por “caballero hijodalgo” en el catastro de Cártama del año 1769.
         Este era hijo de don Miguel Salcedo Figueroa, nacido en Cártama en 1694; y de doña Inés Gálvez Andrade y Sotomayor, también nacida en Cártama en 1686, también “Caballero hijodalgo”.        
         A su vez estos eran hijos: él, de don Antonio Salcedo Romero y Salas, que fue recibido por “caballero hijodalgo” en Cártama el 10 de julio de 1710, y de doña Elvira de Figueroa, ambos naturales y vecinos de Cártama; y ella, de don Francisco de Gálvez y Andrade, natural de Málaga, Capitán de Milicias de la Ciudad, y de doña Catalina de Andrade y Sotomayor, natural de Cártama.

         La madre de la muchacha, doña Antonia de Viana-Cárdenas Valenzuela y Garibatia, también era descendiente de una notable familia; hija de don Francisco Viana-Cárdenas Tamayo, nacido en Málaga en 1689, familia de regidores de la ciudad y caballeros de la Orden de Calatrava.




         Doña Josefa Salcedo y Cárdenas fue bautizada en la parroquia de Cártama el 23 de agosto de 1758.
         Para ayudar a su hija en las cargas del matrimonio, don Antonio Salcedo otorga una dote de 60.000 reales, entre dineros, tierras y una casa principal en la plaza de Cártama.
         Esta casa que serviría de residencia al matrimonio, se encontraba en la esquina de esta plaza con la calle de la Cárcel (hoy, calle Calvo Sotelo), Y aunque no se ha podido encontrar aun el documento que lo certifique, es muy posible que en esta casa naciese la hija de estos, doña Teresa Luján Salcedo, que sí consta como natural de Cártama; la cual contraería matrimonio con don Cristóbal Alarcón de Messa, anteriormente citado, de cuya unión nacería toda la saga de los Alarcón Luján, en total catorce hijos con estos apellidos.





viernes, 26 de mayo de 2017

Catálogo de patrimonio histórico-artístico del Cementerio municipal de Cártama.

         Las necrópolis y recintos de enterramiento de todo el mundo albergan un patrimonio histórico que a menudo olvidamos y son fuente de información para diversas temáticas. Desde el neolítico a nuestros días, cada cultura aporta un importante patrimonio, tanto en arquitectura como en rituales funerarios. En este trabajo nos centraremos en el trazado histórico-descriptivo del actual cementerio de Cártama.
         En los repartimientos tras la conquista del territorio malagueño a los musulmanes, encontramos la referencia al primer cementerio cristiano que tuviese la Villa; que con una sociedad profundamente condicionada por el factor religioso, se situó a espaldas de la iglesia, en el espacio circundante llamado “compas”. “Diego Fernández de Montemolyn. Primeramente una casa que hizo en un solar, que ha por linderos con el cementerio de la iglesia e con la plaça.”  Aunque de estos primeros tiempos no nos ha llegado vestigio alguno de que llegase a usarse, quizás porque en la actualidad todo este perímetro se encuentra construido; pero si nos consta que existiesen enterramientos dentro del templo, practica muy común hasta que el 3 de abril de 1787 el rey Carlos III dictase una Real Cédula, ordenando la construcción de cementerios y que se hiciese alejada de las poblaciones y se prohibían la inhumación en los templos; debido a la epidemia que en 1781 asoló la villa de Pasajes, en Guipúzcoa, que tuvo su origen en la Iglesia parroquial, al no existir normas sanitarias sobre los enterramientos. A pesas de ello la iglesia seguiría permitiendo los enterramientos dentro de los templos.

         El siguiente camposanto de que tenemos noticias en Cártama estuvo situado al pie del acceso oriental de la localidad, y a las puertas de éste, la Ermita de San Sebastián, según se recoge en un documento de 1629; el mismo lugar en que se colocase en 1752, la columna romana que hoy podemos ver, aunque desplazada de su lugar original, y que entonces sirviese de “cruz de humilladero”. Ermita y cementerio hoy desparecidos, pero que sobre el terreno aún se pueden ver de vez en cuando restos óseos los antiguos enterramientos.
         Aun existiendo Cementerio, se seguían enterrando personas dentro de la Iglesia, por lo general las de clase alta. Pero en agosto de 1804 reciben los Ayuntamientos una nueva orden de la superioridad prohibiendo los enterramientos dentro de la Iglesia y que se construya un cementerio. Todos los indicios parecen indicar que en Cártama se siguió usando el mismo recinto, quizás con alguna ampliación, en unos terrenos que voluntariamente cede un vecino, a condición de que se le dé exclusivamente este uso y cuando deje de usarse para lo acordado vuelva a su propiedad. Por esta última circunstancia a la que hay que añadir que se encontraba en estado ruinoso, con la cerca abierta a merced de que entrasen los animales; en abril de 1861 hace una visita a la localidad el Gobernador Civil de la Provincia y se le solicita que nombre un vocal de la Junta Provincial de Sanidad, para que designe el lugar más adecuado para construir el nuevo Cementerio. Dicho delegado llega a Cártama el 20 de junio y recorre los alrededores del municipio acompañado de técnicos municipales que le asesoran, decretando que el lugar más idóneo para instalar el nuevo recinto era “una pequeña eminencia” en un terreno de olivar conocido como “Olivar del Hoyo” y de “Santa Ana”, en el partido de La Mata, junto al camino de Alhaurin el Grande, a unas 600 varas de la última casa de la población, donde señala un cuadrado de 36 metros cada lado dentro del cual se construiría el nuevo cementerio. Lo cual comunica al Gobernador Civil el 12 de julio de 1861.
         Estos terrenos resultan ser propiedad de los vecinos don José Salcedo y don José Baquero, los cuales son citados para proceder la compra de los mismos. Pero el tiempo pasa y no hay movimientos dirigidos a realizar estas obras, por lo que el Gobernador Civil envía el 11 de febrero de 1862 un comunicado al Ayuntamiento de Cártama, advirtiendo de que de no tener en quince días el plano, presupuesto y condiciones de obra, el Ayuntamiento se verá multado con 1.000 reales. Reunir de nuevo a los arquitectos para que confeccionasen un nuevo plano acorde con las exigencias del Gobierno Civil superaría el plazo establecido y supondría hacer frente a la multa; así que se decide que sea el vecino de Cártama, Maestro de Obras de la Villa, don Félix Cañamero, quien forme los nuevos planos, con la confianza de que estos serán revisados por el Arquitecto Provincial. Así se hace, se le notifica y hace el encargo al Sr. Cañamero el 16 de febrero de 1862, que este presenta el siguiente día 20, y una vez enviado al Gobierno Civil y revisado para que se le hagan algunas correcciones, es aprobado el 27 de abril.

                                                 

         El 11 de mayo, es publicado un edicto en el Boletín Oficial de la Provincia, anunciando la salida a subasta las obras de construcción del nuevo cementerio en las afueras del pueblo, con arreglo al presupuesto y condiciones que ha acordado el Ayuntamiento. Pero las propuestas presentadas o bien exceden el presupuesto o no reúnen las condiciones que se exigen, por lo que el día 22 de mayo de aquel año en que se cumple el plazo, reunido el Ayuntamiento a la una de la tarde como estaba acordado en el edicto, resulta que el único postor presentado es el vecino de Cártama don Francisco Cañamero Ramos (1821-1889?), que además de reunir las condiciones exigidas en su presupuesto, presenta como fiador de la obra y su trabajo al don Rafael Alarcón Lujan (1834-1893); pero el señor Cañamero además pondría sus propias condiciones, como la de exigir que la obra le fuese revisada cada quince días, abonándosele lo ejecutado hasta entonces, hasta cumplir el plazo de cuatro meses que se ha fijado para la terminación de la obra y la cantidad de 23.454 reales en que se ha presupuestado.

         El terreno señalado resulta ser un cuadrado de treinta y seis metros de lado, que se pagó al precio de 650 reales, dentro del cual se construiría el recinto amurallado de 34 metros de lado, que albergaría el nuevo cementerio. La cerca de medio metro de grosor, se proyecta de tres metros de altura, en mampostería de piedra, con pilares de ladrillo, hiladas de verdugado, rematada con albardilla, construido el muro en barro de buena calidad y “piedra dura”, lo que supone usar mayoritariamente las calizas que tanto abundan en las cercanías; las mezclas “a cal y canto” al estilo de la época, esto es: de dos espuertas de arena y una de cal para la mampostería y para zajarrar una de arena y otra de cal; el acabado de la cerca se exige que sea enlucida y blanqueada. En el interior 48 nichos en cuatro tongadas fabricado en hormigón, cada uno de ellos de 60 centímetros de altura por 75 de anchura, con bóveda y solería en ladrillos y yeso. Un osario de tres metros de diámetro por otros tres de profundidad, junto al muro accidental. Un edificio que sirve de portería para el encargado, con armadura de madera y teja moruna y una cruz en el centro del patio.


                                                                          Foto 2. Plano definitivo.

          Por las hemerotecas sabemos que se acabó de construir en 1863, recibiendo el Alcalde autorización para trasladar los restos desde el cementerio antiguo al nuevo, en diciembre de 1871, al tiempo que recibe la misma autorización la vecina población de Churriana.

                                                  

                                                                         Foto 3. Autorización.                                                                

         Pronto se harían necesarias mejoras y ampliaciones, como la que en 1894 hiciese el Alcalde don José Salgado Faura, de la cual ha quedado constancia en la cancela de entrada y que entendemos estas mejoras además comprendían el arco que la alberga, con hornacina en el frontón, así como la ampliación de la fachada principal a la que se anexionó un almacén más grande y una casa que sirviese de oficinas del encargado, recientemente demolida debido a su mal estado después de más de cien años.

         Al comenzar el siglo se acomete la construcción de nuevos nichos, a cargo de don Claudio Cañamero Ramos. No podemos constatar cuelas fueron, pero sabemos que el coste de la obra fue de ochocientas veinte y cinco pesetas con cincuenta céntimos, en el que se incluye los jornales y materiales invertidos en la construcción.
         En agosto de 1931 la señora doña Dolores Roldán Salcedo cede al Ayuntamiento de forma gratuita, un trozo de terreno de su propiedad junto al Cementerio sembrado de olivos, para que se destine a la ampliación del recinto; poniendo como condiciones, el que se respete la cosecha de aceite y los árboles arrancados se conviertan en leña que sea depositada en su casa, y el que se le reserve dentro del recinto una faja de terreno a lo largo de la pared Este, de cuatro metros de ancho, en total 140 metros cuadrados; propuesta que es aceptada por el Ayuntamiento presidido por el entonces Alcalde don Antonio Serrano Ocaña, cediéndosele para cumplir lo acordado, la franja de terreno junto al muro Este del nuevo recinto. Por entonces ya poseía esta familia un panteón en el patio antiguo, lugar ocupado hoy por el nº 16.  De esta forma los muros del recinto originario quedarían embutidos entre nichos. A partir de entonces se distinguen el “patio antiguo” y el “patio nuevo”.

                                                                        Foto 4. Plano del patio antiguo.

  

Foto 5. Patio antiguo.
    

Foto 6. Patio nuevo.

Foto 7. Muro exteruior de 1862.
        

Foto 8. Muro interior de 1862, paso del patio antiguo al patio nuevo.

                                                         Foto 9. Paso del patio antiguo al patio nuevo.

                                                   Foto 10. Ubicación de los lugares y elementos descritos.

         Entre los elementos históricos que se conservan en el cementerio de Cártama, así como de los personajes ilustres que en él se encuentran, destacan los siguientes:

         Los arcos interiores y cancela en forja de la puerta principal, que como en la misma se puede leer y se ha dicho, corresponde a la reforma que en 1894 hiciese el Alcalde don José Salgado Faura. La obra se culmina con un frontón en el que se inserta una hornacina alumbrada por un farol andaluz, en la que en su día debió existir una imagen de su patrono San Rafael, pero que hoy alberga una inmaculada; y sobre todo ello una cruz de forja bellamente labrada.
Entrada antes de ser derruida la vivienda del encargado. 
         Los arcos que da paso del patrio antiguo al patio nuevo que data de la ampliación del recinto que se hiciese don Claudio Cañamero Ramos en el año 1900, así como los que dan paso a las distintas calles de nichos.
Entrada principal


Entrada principal.
Arcos interiores.

         En el interior el elemento de mayor antigüedad que existe es sin duda la inscripción romana en el “cipo” o pedestal sobre el que descansó el busto de DECIMIA DECIMIE PROCULA.  El cual afirma el Doctor Rodríguez de Berlanga, que la vio en 1861 frente a la ermita de la Vera-Cruz, esto es, en el actual parque del Santo Cristo, ya que allí fue donde existió aquella ermita conocida como “del Santo Cristo de la Vera Cruz”.

         Entre los personajes, lapidas y elementos funerarios que alberga, merecen ser destacados los siguientes:

         Foto 13.- Panteón de la familia Marín. Procede de la sesión de terreno que el Ayuntamiento hiciese el 20 de octubre de 1930, a los herederos de don Diego Marín López, de un trozo de terreno para construir un panteón familiar, tras el fallecimiento de dicho señor el 10 de julio de ese mismo año. En el diseño destaca el alero de madera al estilo de los años 40 y 50 del siglo XX.
Voladizo de madera del panteón de los marines. 
         
Panteón de los Marines.

         Foto 14.- Panteón de González Marín. A la fecha del fallecimiento del artista cartameño, ocurrida el 31 de mayo de 1956, ya tenía concedido el terreno en propiedad por parte del Ayuntamiento, para en él construir un panteón que albergase sus restos y los de su familia; pero el imprevisto suceso y la necesidad de celebrar el funeral aquel mismo día ante la asistencia de una multitud de personalidades, se construyó un nicho de forma provisional, hasta convenir con las autoridades y familiares la forma definitiva en que se habría de disponer su enterramiento. Así consta en la documentación oficial, sin embargo en la mente de sus más allegados y personas de su confianza, estaba lo que personalmente les había expresado; que era su voluntad descansar en la Ermita de los Remedios. Por ello se esperó al mes de julio que regresase de Venezuela el yerno del rapsoda, don Pedro Morales, para iniciar los trámites ante el Obispado de traslado de los restos, o en su caso construir el panteón definitivo.


         Foto 15. Panteón familia Del Pino.

         Foto 16.- Sepultura de don Diego Salcedo Duran. Falleció en la ciudad de Málaga el 9 de marzo de 1935 con 75 años, sin dejar descendencia. El sepulcro se encuentra franqueado a ambos lados por piezas cubicas sobre las que descansa una esfera, siguiendo el mismo estilo decorativo de su casa de Paseo de Sancha, Málaga.
         Descendiente de una de las más antiguas familias de Cártama, don Diego Salcedo nació en Cártama en 1870, fue Diputado a Cortes por Málaga; Presidente del Liceo en 1905; Alcalde de Cártama en 1887; Alcalde de Málaga durante la dictadura de Primo de Rivera.




         Foto 17.- Nichos Franquistas. Junto al anterior se encuentran una serie de nichos fabricados en mayo de 1937, para alojar los restos de personas asesinadas durante periodo republicano, hoy alterados.
         


         Foto 18.- Junto al anteriormente descrito se encuentra el túmulo funerario de don José Jiménez Carvajal, fallecido el 4 de marzo de 1938 a la edad de 71 años, natural de Pizarra, se encontraba casado a esta fecha con doña Micaela Garrido Díaz, los cuales residían en la actual calle Juan Carlos I nº 46. Modesta construcción pero que en aquellos años destacó entre las existentes.
         


         Foto 19.- Panteón de la familia Cuevas. De estilo clásico greco-romano, puerta de medio punto con cancela en forja, fachada con columnas sobre pedestales adosados a la pared que soportan un frontón culminado con una cruz de piedra y a los lados del edificio dos pedestales a modo de cipos de abluciones. En el interior una hornacina que alberga una inmaculada, decorada al estilo barroco tardío con dos columnas a los lados que soportan un frontón partido para albergar una cruz. El edificio alberga los sepulcros del que fue Medico local don José Cuevas Fontalva y un Alcalde de Cártama, don Francisco Segovia Ruiz.
                                                         Foto 19. Panteón de los Cuevas.


     
         Foto 20.- Justo frente al anterior se encuentra el panteón que alberga la sepultura del que fue párroco de Cártama, don José María Almagro Vázquez (1914-1971). En el mismo edificio se encuentra la lápida de otro párroco de Cártama, don José Villegas Gemar, nacido en Archidona en 1863, fallecido en Cártama el 1º de mayo de 1935 a los 72 años de edad.
                                   



         Foto 21.- Panteón de los Pablo-Blanco.
         La construcción data de 1921 en que son trasladados a este lugar los restos de los titulares que aparecen en la lápida. De reducidas dimensiones, se encuentra este lugar cargado de historia, propiedad de la malagueña familia de los Creixell, debido al enlace de doña Remedios de Pablo-Blanco y Bauluz, con don José Creixell Olivella.
         En el mismo se encuentran:
         Don José de Pablo-Blanco y Salcedo. Comisario Ordenador Honorario de Marina, Caballero de las órdenes de San Juan de Jerusalén, Santo Sepulcro de Palestina, Isabel la Católica, y otras. Por Real Orden de 4 de enero de 1845 fue nombrado Cadete del Colegio General Militar, donde permaneció hasta que obtuvo a su solicitud licencia absoluta, que le fue concedida por S.M. el 3 de enero de 1847. Formó parte del sequito que recibió a la reina Isabel II a su llegada a Málaga en 1862.
         Como militar retirado y condecorado recibía desde 1868 una pensión anual de 700 escudos. Teniente Coronel de Artillería aprobado en la promoción de 1873, según expone el diario “La Correspondencia de España” fecha 24 de mayo de 1873. Obtuvo el grado de Capitán en 1875.
         Se distinguió en la guerra de Cuba, donde obtuvo varias medallas por su arrojo y valentía. Una vez regresado a España solicitó el ingreso en la Guardia Civil, lo que consiguió con el grado de Teniente Coronel. Falleció el 14 de enero de 1879.
         Doña Dolores Salcedo y Yegros. Fallecida el 15 de marzo de 1880, hija de don Rodrigo Salcedo y de doña Francisca de Yegros; descendiente de una de las familias más destacadas de Cártama; contrajo matrimonio el 28 de febrero de 1825, en el Sagrario de la Iglesia Catedral de Málaga, con don Juan de Dios de Pablo-Blanco, natural de Casarabonela, hijo de don Lucio de Pablo-Blanco y de doña Isabel de la Bandera.
         Nos consta que en 1847 residía esta familia en Madrid, donde don Juan de Dios de Pablo-Blanco fue uno de los redactores del periódico madrileño “El Heraldo”.
         Don Fernando de Pablo-Blanco y Bauluz. Del que sólo sabemos que falleció el 5 de junio de 1883.


        
          22.- La sepultura y lápida de don Juan de Dios Martín Amat, Teniente de la Guardia Civil en el puesto de Cártama, fallecido el 7 de enero de 1888 tras sufrir una caída por accidente de su caballo estando de servicio.


         Foto 23.- La segunda sepultura en antigüedad es la del Ilustre don José Alarcón Luján, fallecido el 14 de noviembre de 1902; Alcalde de Málaga en varias ocasiones, precursor y ejecutor de importantes cambios en la ciudad y diputado a Cortes.  Recibió durante su visita a Málaga al S.M. Alfonso XII y posteriormente fue designado para recibir en la misma visita a su hijo Alfonso XIII.
              

     


         Foto 24.- Doña Nazaría Castillo y Palomeque, fallecida el 15 de octubre de 1915.
                         



         Foto 25.- Doña Filomena García Ruiz, fallecida el 8 de enero de 1928 a la edad de 56 años a consecuencia de una tuberculosis; era natural de Vélez-Blanco, provincia de Almería, estaba casada con Tomás Moto Rufafa, los cuales residían en la Campiña.
                                         



          Foto 26.- Doña Isabel Guevara Cañamero, fallecida el 12 de febrero de 1929, con 62 años de edad, a consecuencia de una embolia; se encontraba viuda de Rafael Vargas García y residía en la calle de la Vera-Cruz (actual Juan Carlos I) nº 40.


                                      


         Como en casi todas las localidades, dentro de la historia de España, el episodio de la guerra civil deja su huella también en el cementerio de Cártama. Por ser más cercano en el tiempo aun hiere sensibilidades, pero hemos de ser objetivos y tratar el tema como acontecimiento histórico y no político.
         Obviamente los vestigios más visibles son los de los vencedores, en forma de las lápidas que se colocaron tras acabar el conflicto, al trasladar al cementerio los restos de los fallecidos durante periodo republicano, en las que se puede ver como curiosidad los epitafios típicos: “vilmente asesinado por las hordas marxistas”, “murió por Dios y por la patria” o “morir por Dios y por la patria equivale a lograr la inmortalidad”. Para algunos de estos fallecidos se mandó construir por parte del Ayuntamiento los nichos descritos en el número 17.
         Como suele ocurrir el bando perdedor no tuvo la oportunidad de recuperar a sus muertos para dar un enterramiento digno, en esto no hay distinciones entre malos y buenos, sino entre vencedores y vencidos. Los cuerpos de los ejecutados masivamente el día 9 de febrero de 1937, siguen a día de hoy en el mismo lugar en que fallecieron, en fosa común en el patio central, sobre la que en 2013 se colocó un monolito conmemorativo a modo de homenaje. 

           El listado de estas personas se encuentra en los archivos y apareció publicado por el investigador Sr. Ramos Hitos, en 2003; partiendo de este listado hemos tenido noticias de algunas personas más que aquí yacen, por diversas fuentes, tanto orales como escritas, así como las circunstancias de cada uno de ellos. Estos son:
         -Acosta Paniagua, Enrique; “La Chula.”
         -Baquero Martín, José; “Joselito.”
         -Bedoya Aranda, Antonio; “Pitoto”.
         -Berrocal García, José; “Gilito segundo”.
         -Botello Cortés, Sebastián.
         -Camuña Sánchez, Alonso, “Camuña”.
         -Cañamero Rincón, Diego, “Pique”.
         -Carrera Fernández, Juan, “Carrerilla”.
         -Conejo Valero, Antonio, “Carloto”.
         -Cordero Rueda, Manuel.
         -Cortés Plaza, Juan; “Laura”.
         -Díaz López, Antonio; “Chiquitín”.
         -Díaz Miranda, Miguel.
         -Gálvez Cañete, Juan; “Sereno”.
         -Gálvez García, Joaquín; “Rematabanda”.
         -García Bedoya, Juan; “Riquitrica”.
         -García Rojas, Pedro; “Pedro Rico”.
         -Gómez González, José; “Marquete”.
         -Guzmán, Antonio.
         -Henares Gálvez, Francisco; “vinagre”.
         -Heredia Doblas, Manuel (hijo); “Gilito”.
         -Heredia Martín, Sebastián (padre); “Gilito”.
         -Hidalgo López, Francisco.
         -Hidalgo López, José; “Velásquez”.
         -Hurtado Calero, Pedro; “Anafe”.
         -Jiménez Muñoz, Vicente; “Casellero”.
         -Lomeña Jiménez, Francisco; “Coino”.
         -López Díaz, Antonio; “Antoñato”.
         -López Marín, Francisco; “el diablo”.
         -López Rodríguez, Andrés; “Delgaino”.
         -Marín Moreno, Manuel; “Pingo”.
         -Marín Sánchez, Manuel (hijo); “Pingo”.
         -Martín Baquero, José; “Canastito”.
         -Martín Baquero, Julián; “Canastito”.
         -Martín García, Miguel; “Margoyo”.
         -Martín García, Natalio; “Bizco de Margoyo”.
         -Martín Roca, Antonio; “Trepamulé”.
         -Martín Sánchez, Antonio.
         -Martín Serrano, José; “Margoya”. –
         -Medina Pinazo, Miguel; “Tío de los Bigotes”.
         -Moncayo Sierra, José; “Listre”.
         -Moreno Bedoya, José; “Melele”.
         -Moya Guerrero, José; “Caminero”.
         -Muñoz Martín, Fernando; “Belmonte”.
         -Muñoz Martín, Antonio; “Belmonte”.
         -Orejuela Guerrero, Manuel; “Terrizo”.
         -Orejuela Guerrero, Miguel; “Manco de la Pintá”.
         -Orejuela Rueda, (..............).
         -Ortiz Plaza, Juan; “Mellizo”.
         -Pendón Triana, José; “Saltalinde”.
         -Pendón Triana, Manuel; “Saltalinde”.
         -Porras Díaz, Manuel; “Porrita”.
         -Postigo González, Juan; “Tiznao”.
         -Prieto Portales, Ignacio.
         -Prieto Portales, Manuel; “Manolillo el de Félix”.
         -Rebollo Reina, Antonio; “Guarrita
         -Rebollo Santos, Antonio.
         -Rebollo Santos, Rodrigo; “Rebollo”.
         -Reina Bedoya, Francisco; “Benito
         -Reina Muñoz, Benito; “Preñao”.
         -Rivas Domínguez, Antonio; “El Chico”.
         -Santos Guerrero, Antonio.
         -Santos Rodríguez, José; “El Santo”.
         -Serrano Marín, Francisco; “Puig”.
         -Vargas Bedoya, Fernando; “El de la Pandereta”.


         Foto 27.- En los años 80 siendo Alcalde de Cártama don José Escalona, se construyó un edificio de nichos sobre la fosa común, en la cual se reservó espacio para una lápida conmemorativa para otros fallecidos en la guerra civil pero en periodo republicano, naturales de Álora pero traídos a Cártama por las milicias cartameñas y fallecidos el 3 de septiembre de 1936. Estos son:
-          Rodrigo Díaz Calvo.
-          Alfonso Sánchez Navarro.
-          Javier Vázquez Hidalgo.
-          Antonio Márquez Trujillo.
-          Francisco Martín Aguilar.
-          Alfonso Fernández Aranda.
-          José Polo Reyes.
-          Andrés Polo García.
-          Juan Luque Gómez.
         Aunque nos consta que este día fallecieron más personas, posiblemente no figuran sus nombres en la lápida  porque en algún momento fue reclamado el traslado de los cuerpos por sus localidades de origen.





         Foto 28. La gran orza de barro cocido que existe a la entrada del recinto también su historia, ya que llegó a este lugar en 1964, procedente de la calle compas, donde se encontraba a las puertas del arresto municipal junto con una cruz de madera colgada de la pared bajo un pequeño tejado, formando un rincón típico religioso, que se convertía en atípico con la garita para el guarda del arresto municipal. Todo ello derruido durante las obras de reforma del patio de la iglesia y construcción de la capilla de la Virgen dentro de la iglesia, cuyos escombros y sombras sobre la pared se pueden apreciar en la fotografía adjunta.





         Fotos 29. También merecen ser catalogadas entre los hitos históricos de este lugar, las cruces de forja que culminan los distintos puntos, todas fabricadas a finales del siglo XIX y principios del XX, en unos tiempos en que se trabajaba el hierro a fragua y yunque.