jueves, 6 de agosto de 2015

LAS ERMITAS DE CÁRTAMA.

         Se contabilizan hasta siete ermitas dentro del término de Cártama, de las que a día de hoy tan sólo sobreviven tres. Las vicisitudes que las crearon, con el paso de los siglos fueron cambiando, hasta que el tiempo las dejó desaparecer. Y con la desaparición o ruina de los edificios, las imágenes iban siendo trasladas al templo, hasta que los tristes acontecimientos de 1936 consiguieron que en 24 horas fuesen destruidas piezas artísticas de siglos de antigüedad. 

         1.- Nuestra Señora de los Remedios.
         Una de las señas de identidad de Cártama, junto con los restos arqueológicos y el puente de hierro, es sin duda su patrona, la Virgen de los Remedios, su Ermita y el aura de misterio y devoción que la rodea.
         Más allá del soporte documental, histórico ó práctico que puedan tener otros monumentos; este se sustenta por la fe que durante siglos le vienen profesando el vecindario, y devotos.
         Enumerar las atribuciones protectoras o milagrosas sería una labor inmensa que excede los límites de este trabajo, por lo que me ceñiré al análisis documental y científico, al igual que en el resto de esta obra.

    La Imagen.
         A falta de un análisis pormenorizado, la trasmisión oral nos dice que se trata de una talla gótica, que formó parte del arnés de una caballero cristiano de los que participaron en la reconquista, a semejanza de otras de similares características, que igualmente se veneran en numerosos pueblos de España.
         Las leyendas sobre la forma en que esta imagen pasó a tomar parte de la historia de Cártama, son repetitivas en un sin fin de versiones y lugares.
                                                  
Placa conmemorativa.
         Actualmente se encuentra la imagen sobrepintada y sus facciones sobredimensionadas, por lo que resulta difícil perfilar el estilo concreto seguido por el tallista. No obstante, de las distintas estampas y reproducciones en imágenes que con el tiempo se han ido produciendo, se puede trazar un perfil de las vicisitudes que la han afectado.

Grabado 1773. Archivo Díaz Escovar.
         La más antigua imagen que tenemos es un grabado que existe en el Archivo Díaz Escovar, fechado en Granada en 1773 por el grabador Manuel Rivera. La simbología de la época nos expone la imagen sobre su peana, rodeada de rocallas y con filacterias ó cintas laterales inscritas, que llevan una cita extraída de los textos sagrados, lo cual puede traducirse como: “No te alcanzara ningún mal” a la izquierda, “y ninguna plaga se acercara a tu tienda” a la derecha. A los lados de la imagen se pueden ver, un ramo de espigas de trigo, como símbolo de la provisión de alimentos durante las hambrunas, y un brazo que empuña una espada y un haz de fuego, tributos propios de San Miguel Arcángel, como protector contra la peste.
         La inscripción inferior que la acompaña la reconoce ya como patrona de Cártama y liberadora de la hambre y la peste, y sobre esta, la cruz de Borgoña ó de San Andrés, que simboliza la humildad y el sufrimiento; y se encuentra asociada con los militares españoles desde que la trajese como parte de su sequito don Felipe “el hermoso”, para su boda con doña Juana, hija de los Reyes Católicos y que fue el primer símbolo identificativo del municipio de Cártama, en memoria del día de San Andrés de 1485 en que entraron oficialmente los cristianos en la villa.

Grabado 1852-1868. Archivo Díaz Escovar.

         La segunda en antigüedad es otro grabado procedente del mismo archivo que el anterior, este de autor anónimo y sin fechar, pero que por la referencia que hace al obispo malagueño Juan Nepomuceno Cascallana, podemos fechar entre 1852 y 1868. La imagen se enmarca en un retablo de estilo neoclásico, rematado por elementos de estilo rococó y entre nubes el Ojo Divino. En esta ocasión el autor da volumen y perspectiva a la imagen con el uso de las sombras.
         En ambas imágenes se aprecia que la talla es la misma. Las dos tienen el niño sobre la mano izquierda, y con la derecha sujeta un cetro y el dedo índice levantado.

Imagen actual, extraída del libro de Pedro Dueñas, "Cártama en abril". 


         Sin embargo la que hoy conocemos es claramente diferente a las anteriores, además de llevar el niño al lado contario le falta el cetro, incluso las proporciones parece que son distintas. Esto nos da a entender que en algún momento entre 1868, fecha del fallecimiento del mentado Obispo; y 1890, fecha de la estampa más antigua que tenemos de la actual Virgen de los Remedios, debió ocurrir algún acontecimiento que hizo que las imágenes se cambiasen. Estos pudieran ser: un robo, un acontecimiento bélico, o un incendio; en cualquier caso por ahora solo podemos teorizar sobre el asunto a la espera de que cualquier día aparezca el documento que nos confirme que circunstancias que propiciaron este cambio.

         Durante la guerra civil española se dio otra circunstancia que aun hoy plantea dudas si la imagen que tenemos es la original o una copia. Se trata de la quema que tuvo lugar el 23 de abril de 1936; aun no se había declarado el estado de guerra, pero el ambiente ya se encontraba bastante caldeado, desde algún tiempo atrás se venían cometiendo ataques al patrimonio religioso por todo el país, por lo que se preveía que en cualquier momento le tocaría a nuestra patrona y la cercanía de la festividad de abril suponía una provocación para partidarios de la destrucción de las imágenes.
         Entre las distintas versiones orales que nos han llegado de lo sucedido aquel día, destaca la que me ofreció de primera mano doña María Orejuela Bedoya.
         Por entonces era la camarera de la Virgen la señora Marquesa de Larios que todos los años acudía puntualmente para vestir a la Virgen y preparar su salida procesional. El 22 de abril a la hora de la bajada hubo algunos altercados a las puertas de la ermita, entre partidarios y detractores a la vez que algunos peregrinos intervenían en defensa de nuestra patrona, a pesar de lo cual se cumplió la tradición.
         Al día siguiente acudió puntualmente la señora marquesa con su habitual bolso en el que traía algunos de los enseres y prendas que necesitaría para preparar y engalanar la imagen antes de salir. Como siempre, se encerró en la sacristía para proceder con la debida intimidad, momento que aprovechó para cambiar la talla por otra figura de escayola muy similar que traía preparada en el bolso, y tras estar vestida y adornada resultaba difícil de diferenciar con la original. Tras esto, la imagen fue colocada sobre su trono que la esperaba dentro del templo dispuesto para salir, pero el ambiente era de miedo y nadie se atrevía a ser el primero en colocarse debajo para dar comienzo a la procesión. Tras algunos minutos de indecisión fueron los hermanos Juan, José, Francisco y Antonio Orejuela Bedoya los que se decidieron los primeros, y tras ellos acudieron más personas.
         En cuanto salió a la calle un rumor corrió entre los presentes; aquella no era la imagen de siempre, se notaba a simple vista, sin embargo la procesión transcurrió con aparente normalidad, hasta que llegó al final de la calle concepción, donde debía desviarse hacia la calle de en medio, pero fue obligada a continuar unos metros hasta llegar al lugar conocido como “pilar de Paca Flores”, una fuentecilla para abastecimiento del vecindario, que entonces no existía como hoy la conocemos y se encontraba en campo abierto. Allí fue saqueado el trono y quemado. Apenas quedo de él unos restos de entre los cuales se pudieron rescatar pequeños trozos tallados que hoy se encuentran en propiedad de sus rescatadores.

Cabeza de querubín rescatada de entre las cenizas del antiguo trono.

         Mientras todo esto ocurría la marquesa de Larios salió de la iglesia llevando en su cesto la imagen original y se dirigió a la casa del cura don Juan Martín Serrano, a cuyo cuidado dejó la Virgen de los Remedios.
         Previamente habían concertado con el artista cartameño José González Marín, la salida de la imagen del país; el cual regresa urgentemente a su pueblo abandonando su gira por España.
         El cura párroco se muestra reticente a que la imagen salga de la localidad hasta el último momento, en que González Marín entra en su casa y lo encuentra orando ante un crucifijo que tiene sobre la mesa. Según la tradición oral, sin mediar palabra la coge, la guarda en su maleta, y sale de la estancia sin que el cura muestre ninguna oposición.
         A partir de aquí la historia sobre su estancia en tierras de América está escrita y documentada hace tiempo, hasta que regresó á Cártama una vez ocupada la localidad por las tropas del General Franco. Sin embargo, el diario ABC lanzaba el 21 de marzo de 1937 la noticia de que la Virgen de los Remedios había sido quemada en la plaza pública, que desmentía el 16 de junio siguiente.
         Desde entonces el escepticismo de los cartameños ha dado lugar a varias versiones que justifican la destrucción de la imagen. Sin embargo durante la restauración que se hizo a la talla en 1991, el restaurador Julio Hernández Varela confirmó que se trataba de una talla en madera de carácter histórico con numeras capas de pintura.


    El edificio.
         Según se interpreta del análisis arquitectónico, el edificio que hoy sirve de ermita fue una construcción anexa al castillo con funciones militares. Una detenida observación del mismo nos hace percibir que la construcción fue en su origen un bloque cúbico irregular, al que posteriormente se le fue añadiendo la torrecilla, la entrada porticada y la espadaña. Muestra de la profunda devoción que siempre ha tenido esta imagen y su santuario, ha quedado más patente aun, en las recientes campañas de restauración de 2001, 2006 y 2007; en las que han quedado al descubierto tanto la decoración exterior con motivos típicos Trinitarios; como la interior, de marcado y colorido estilo barroco, y oculto en sus gruesos muros unas saeteras laterales.

         La devoción a su Virgen ha llevado a los cartameños a encomendarse a ella para todo tipo de males y agradecerle cualquier beneficio obtenido; hasta tal punto, que tras la famosa batalla de Cártama contra el invasor francés, ocurrida el 16 de febrero de 1812, y en vista que en ese día ningún cartameño recibió daño alguno, temerosos como estaban a la vista de las muertes que continuamente ocurrían en otros pueblos, se declaró oficialmente y en pleno municipal festivo ese día, para que se bajase la virgen a la Iglesia y ser prosesionada en acción de gracias por su protección en aquella fecha histórica.
         Al menos hasta finales del siglo XVIII también estuvo aquí la imagen de San Antonio Abad, al que anualmente se le celebraba fiesta.
  
    El barroco cartameño. 
         Tratar de explicar aquí el barroco malagueño resultaría sumamente  extenso y tedioso, por lo que nos ceñiremos al marco cartameño y reservaremos ese espacio para temas más cercanos.
         Es importante resaltar que a pesar de ser uno de los ejemplos más completos de la estética barroca malagueña, la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios es aun la gran desconocida en este aspecto.
         De entre todos los camarines dedicados a vírgenes comprendidos en este periodo, cada uno de ellos con sus propias singularidades históricas y artísticas; la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Cártama es el más completo ejemplo de estética barroca en nuestra provincia, en el que, en muy reducido espacio se reúnen todos los elementos artísticos, pictóricos y ornamentales de los mejores edificios.
         Ya hemos constatado documentalmente la existencia del edificio con funciones de ermita a principios del siglo XVII; pero es a partir del siglo XVIII cuando es remodelada y ornamentada hasta tomar el aspecto que hoy conocemos y convertirse en uno de los ejemplos de estética barroca más completos de la provincia. El exterior se decoró con el clásico despiece, imitación de ladrillos, sillares, cruces, rosetas y aves de carácter simbólico. En el interior se combinan todo tipo de recursos ornamentales, pinturas, yeserías, molduras, cartelas talladas en madera, azulejerías y rejas bañadas en pan de oro; todo ello combinado con multitud de colores y dorados, con las mismas técnicas utilizadas en los más principales edificios; líneas incisas y campos coloreados, utilizando pigmentos naturales como oxido de hierro, negro humo y ocres, entre otros, dando forma, utilizando el lenguaje de los símbolos y representaciones artísticas, a unos mensajes propios de este momento histórico.
         La nave se encuentra dividida por sencillas pilastras adosadas, con línea de imposta superior, sobre la que descansa la bóveda de medio punto. De esta forma el conjunto queda dividido en espacios simples verticales, que se decoran con molduras de perfil compuesto, pintadas en rojo, y sobre estos algunos elementos vegetales y líneas onduladas en oro con técnica de filigrana. El conjunto se complementa con tallas de madera dorada en las esquinas y centro de cada una de estas molduras y en puntos de realce arquitectónico.
         Entre las pilastras se conservan unas cartelas talladas con inscripciones marianas, que según opinan los restauradores, son de época más reciente, aunque su diseño obedece a imitación de otras anteriores. En el arco final, rodeado de escudos con águilas bicéfalas, un ángel pende de la bóveda portando un huevo de avestruz. A la misma época corresponde la pila de agua bendita que encontramos a la entrada, tallada en mármol rosa jaspeado y negro.
         El presbiterio refleja un fino estilo barroco en su conjunto, excepto en la hornacina, fabricada tras la guerra civil por Francisco Palma, en sustitución de un antiguo retablo, sin duda de mejor calidad. Destaca el arco Toral con el mismo sistema de molduras pintadas, con filigrana de oro y culminado en la clave por una pieza tallada.
         Desde la línea de imposta en triple moldura en rojo y negro, arranca la cúpula con yeserías y molduras policromadas y doradas. Bajo esta línea, y a modo de medallones, pinturas murales al oleo representando los evangelistas y en torno de estos, cartelas de carácter orientalizante, con corladuras de plata; bajo ellas dos esculturas del Niño Pasión y el Niño de la Espina, añadidos en época posterior al barroco.
         La verja que separa la nave, es de sensible diseño en hierro forjado, se compone de unos balaustres ó barrotes simples, cuadrados acabados en punta de diamante, unidos por un elemento laminal horizontal perforado. Sobre la simplicidad de este elemento destaca el hallarse recubierto con pan de oro, que durante años ha permanecido oculto bajo capas de pintura y ha quedado al descubierto durante la restauración de 2006, como parte de la suntuosidad de todo el conjunto.
         El camarín se encuentra rematado en una cúpula apiramidada en ocho paños recubiertos por esplendidas yeserías y motivos relativos al espacio. Como lugar más intimo de todo el conjunto desborda en aplicaciones de rocalla, guirnaldas y cartelas, todo en exuberante disposición que ocupan incluso las ventanas, y que reducen su presencia a medida que se aproximan al zócalo.
         Por su experiencia consideraron los restauradores de este espacio que las yeserías proceden del mismo taller que las del camarín de la Virgen de la Victoria o la capilla del Pilar de la iglesia de Santiago; y son muy semejantes a las del camarín de la Virgen del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de Archidona.
         Todos los espacios que quedan libres así como los fondos de las volutas son aprovechados para insertar pinturas murales de cuidada ejecución con marmoleaos y motivos geométricos, florales, rocallas y aves, en los que se aprecia una esmerada técnica de ejecución con una amplia variedad de colores, todos de origen mineral, junto con el polvo de oro para filigranas y efecto brillo, aplicado en seco sobre una capa de yeso. Entre los pigmentos naturales usados para la decoración se han podido identificar, el bermellón, minio, cardenillo, oro pimente, tierras, albayalde, además de otros.
         Al tratar la decoración en su conjunto podemos apreciar que es más sobrecargada en el camarín, cubriendo prácticamente cualquier espacio vacío con manifestaciones pictóricas; en el presbiterio se reducen a los elementos arquitectónicos, arcos, pechinas, gajos de la cúpula, y cartelas; en la nave tan sólo las líneas de imposta y las pilastras adosadas. Tanto en el presbiterio como en la nave los elementos florales y animales son sustituidos por filigranas de oro pintadas sobre las molduras; disminuyendo esta decoración a medida que nos alejamos, ajustándose de esta forma al principio barroco de centrar la atención sobre el lugar más sagrado.
         Hay que llamar la atención sobre los baldosines del suelo, también de esta época concreta y muy en relación con los anteriores camarines citados. Así como el pedestal de la Virgen, que a pesar de ser un añadido más reciente; diseño de carrete con molduras talladas y doradas.
         En yeso están fabricadas las molduras, guirnaldas y rocallas; y aunque es un material bastante pobre, más aun en la época en que se fabricaron estas, sus volúmenes están muy bien aprovechados para impactar visualmente, en combinación con otros elementos como el pan de oro, que le concede efecto luz y brillo, que se ven aun más realzados al reservar para los fondos colores como el rojo o el marmorado.
         Las pinturas murales ocupan cualquier espacio disponible en camarín y presbiterio.
         Las molduras talladas, en forma de rocallas, pinjantes o enmarcado de tondos y cartelas, se encuentran presentes en todo el conjunto ornamental, con acabado en pan de oro de gran calidad; menos las cartelas laterales de la nave con inscripciones marianas, que la mayoría son imitaciones de las originales, sustituidas en algún momento de las historia de este recinto, posiblemente por algún tipo de degradación de las anteriores.
         Las dos tallas del Niño Jesús datan del siglo XVIII. El ángel que cuelga de la bóveda, aunque de menor calidad, también se encuentra recubierto de pan de oro.
         La reja muestra un estilo y diseño que corresponde con exactitud a las realizadas por Luis Gómez, maestro rejero de la catedral de Málaga.
         La pila de agua bendita en dos mármoles, se embellece con un fino perfil moldurado. 
         La peana es un elemento móvil independiente del conjunto constructivo, pero imprescindible para el mismo, sobre el que deposita la Virgen durante la mayor parte del año que permanece aquí. Está formada por dos piezas de similar diseño, en las que varia levemente la decoración. Realizada en madera tallada, estucada y dorada sobre una imprimación de bol rojo; los cuerpos horizontales superiores e inferiores se encuentran acabados en imitación marmórea, en el resto recubrimiento de pan de oro y purpurinas.
         Como es normal el edificio debió estar acorde con el entorno, y en el trazado viario podrían encontrarse elementos ornamentales, como las hornacinas que marcaban el trazado del vía crucis al que a diario concurrían personas. Los edificios tendrían pintadas sobre las paredes alusiones religiosas, la población se encontraba rodeada de otras tres ermitas; San Sebastián, Vera Cruz y Santa Ana.
         Todo un cumulo de mensajes comunes en pueblos y ciudades, dirigidos a una población mayoritariamente analfabeta y orientados a que identificasen sus propias penurias con el sufrimiento de Jesucristo y otros sucesos bíblicos, y como única salvación la fe.
         De estos elementos que se repiten en casi todas las poblaciones, en Cártama aun podemos distinguir algunos, como: el monte Calvario, el Santo Cristo, en recuerdo de la ermita del Santísimo Cristo de la Vera Cruz; la Cruz del Humilladero, a la entrada Este del pueblo, junto a la ermita de San Sebastián, donde don Carlos Lujan colocó en 1750 una de las columnas extraídas durante las excavaciones de la plaza, y sobre ella la cruz cristiana, simbolizando la superioridad de lo cristiano sobre lo pagano; o la calle Concepción, en alusión a la Inmaculada Concepción.

         Las fiestas representan la participación al mismo nivel de todos los estamentos sociales bajo la doctrina religiosa.
         La celebración del Corpus refleja la presencia de Cristo en la sagrada forma y aunque su origen se remonta a la edad media, alcanza durante el siglo XVII su mayor esplendor como forma de afirmación pública de fe con unas muy vistosas manifestaciones.

Celebración de la fiesta barroca del Corpus, en Cártama.

         También la Semana Santa alcanza durante el barroco su mayor forma de expresión, con unos rituales que aun hoy perduran, como puede ser el acompañamiento de la imagen por personas que portan velas o antorchas durante el recorrido, llamados “hermanos de luz”, seguidos por los que cumplían penitencias y promesas, llamados “hermanos de sangre” así llamados porque en ocasiones se infringían heridas durante el desfile, además de otros personajes, muchos de ellos desaparecidos hoy.

         La feria. 
         Si nos atenemos a lo que se puede leer en la placa que hoy existe en el patio de la iglesia, que en su origen estuvo junto al camarín de la Virgen de los Remedios; en 1579 se formuló el voto de “…por siempre jamás celebrar la función de acción de gracias cada 23 de abril…”; aunque Juan Gutiérrez Faura nos da la fecha de 1590, como en la que se expidió la Real Cédula por la que se autoriza la celebración de la feria de abril, aunque afirma que estos documentos desaparecieron del archivo municipal entre 1908 y 1910.
         El origen de esta celebración está en una epidemia de peste ocurrida durante los primeros meses de 1578. Ante la desesperación e impotencia que suponía el ver morir tantas personas, decidieron los vecinos bajar la imagen de su ermita y procesionarla entre rogativas el 23 de abril de aquel año, a partir de lo cual cesaron las muertas a consecuencia de la enfermedad y cesó la enfermedad. Como consecuencia de esto se reunieron las autoridades se congregó al vecindario para declararla “Patrona Jurada de la villa”, acordando celebrar función religiosa en conmemoración de este hecho, a partir del siguiente año de 1590.
         Nos dice Gutiérrez Faura que de este voto no quedó constancia documental, pero que se hizo ratificación el 23 de abril de 1723 en una ceremonia celebrada en la iglesia parroquial, en la que juraron los señores del Cabildo Eclesiástico y Secular, con asistencia de los vecinos más significativos y con la mano extendida sobre un misal que contenía los Santos Evangelios. De todo lo cual levantó acta y dio fe el escribano Publico del Rey don Juan Antonio Zamora.

Membrete de 1773.


         Desde el mismo año en que es nombrada la Virgen “Patrona Jurada” da comienzo la celebración de la feria de abril, y afirma Gutiérrez Faura que con esta fecha existió una Real Cédula que la autorizaba, que al igual que en otras localidades, debió ser “feria de ganados y mercado franco”; pero que desapareció durante una destrucción del archivo municipal ocurrida entre 1908 y 1910, sin hayamos podido hasta hoy encontrar copia de la misma en otros archivos pero no dudamos que debe existir. Una feria que a pesar de no ser de las más importantes de la provincia ha sido siempre un referente para todas las demás, ya que al ser la primera del año en su estilo, los precios que en ella se trataban iban a ser condicionantes durante para el resto de ferias.

         Además del ambiente alegre y religioso que las fiestas conllevan, también son un importante atractivo económico en muchos aspectos; artesanal, ganadero, agrícola y artístico, son los más frecuentes. Al tener Cártama importantes dehesas boyales y caballares, prevaleció el aspecto ganadero sobre otros, y dentro de este el ganado vacuno, del que inevitablemente derivo la afición al toreo en Cártama. De esta última tenemos ya constancia en 1571; antes de que se crease la feria de abril, era la fiesta mayor el día de Santiago, en la que se lidiaban algunos toros, que casi con toda seguridad debían ser de ganaderías locales o cercanas. En el año 1571 nos consta que se prohibió a Cártama la lidia de toros para el día de Santiago, por parte del Cabildo Malagueño.
         El mismo Anastasio Sabba que en 1838 se entrevistase con el oficial ingles Napier lo encontramos en 1828 como heredero de la ganadería de Vázquez, cuyas reses se lidiaban en la plaza de toros de Málaga, junto a las de don Rodrigo Salcedo, el 30 de mayo de aquel año.
         En torno a esta celebración y aprovechando el peregrinar de personas que año tras año acudían a mostrar su devoción, se creó una feria de ganados, que resultó también de suma importancia, dada la circunstancia de ser la primera feria del año en Andalucía.

         Las atribuciones. 
         Para toda deidad suponen el principal fomento de su devoción las atribuciones sobrenaturales o milagrosas. Prueba de ello es que conocemos a los santos por sus concesiones, quedando en un segundo plano su trayectoria mundal y terrenal.
         En este sentido a la Virgen de los Remedios de Cártama se le conocen innumerables milagros y beneficios concedidos a sus devotos. Como consecuencia de ello se tiene constancia de reconocimientos, donaciones y ofrendas desde todo el mundo.
         Pero ciñéndonos al marco histórico-documental, la más antigua de que tenemos noticia fue recogida por escrito en 1838 por el Capitán de ejército inglés Edward Napier, que por aquellos años recorría nuestra provincia como uno más de aquellos viajeros románticos, y en su testimonio escrito nos cuenta que cuando visitó la ermita, una anciana ermitaña le contó que un feroz moro habitaba este castillo antes de la llegada de los Reyes católicos a estas tierras. En una de sus incursiones trajo como prisionero a un caballero cristiano, al que puso unos grilletes y encerró dentro de un arcón de madera, sobre el que pasó la noche, vigilante con sus cimitarras. Durante su cautiverio el caballero cristiano, como devoto de la Virgen María, hizo la promesa de que en caso de ser liberado construiría una capilla en aquel mismo lugar. A la mañana siguiente, cuando el moro abrió el arcón lo encontró vacío y poco tiempo después apareció su prisionero, a la cabeza de un formidable ejército que tomó el castillo y sometió a sus ocupantes, y en cumplimiento de su promesa construyó la actual ermita en el mismo lugar donde ocurrió el milagro.
         Napier afirmaba quedar convencido de la veracidad de la historia, porque pudo ver que aun se conservaban en la ermita el viejo arcón de madera, las esposas del caballero, su cráneo y la pistola rota del musulmán.
         La segunda de las versiones  que nos ha llegado, interpretativa del mosaico, alude a que durante una de las muchas incursiones que los piratas berberiscos solían hacer sobre las costas malagueñas, tomaron como prisionero a un cartameño que fue trasladado a Túnez ó Argel, donde se le informó que pedirían a su familia un rescate que si no era pagado, seria vendido como esclavo. Este manifestó que no sentía temor alguno porque se había encomendado a la milagrosa Virgen de su pueblo, que mediaría para que saliese sano y salvo de aquella situación.
         Tan confiado parecía el cautivo que el moro tomó como precaución encadenarlo y encerrarlo dentro de un arcón, al que amarró dos fieros mastines, montando vigilancia personalmente. A la mañana siguiente descubrió que el cautivo había desaparecido. Milagrosamente apareció sano y salvo en su casa de Cártama.



         Las posesiones.
         El más antiguo tabernáculo ó templete en el que tradicionalmente es portada la imagen durante la procesión, es obra del maestro platero Antonio de Zúñiga y está fechado en 1663, del que tenemos noticias por el encargo y correspondiente contrato que le hicieron los hermanos y mayordomos de la Cofradía de Nuestra Señora de los Remedios de la villa de Cártama, el cual se expresa en siguientes términos:
         “En la noble y muy leal ciudad de Málaga, a 15 de noviembre de 1663. Yo Antonio de Zúñiga, platero, vecino de ella, otorgo que me obligo de hacer y fenecer y acabar en buena y cumplida forma el tabernáculo ques para la ymaxen de Nuestra Señora de los Remedios de la villa de Cártama, todo el dicho tabernáculo de plata, el qual tengo empezado y hecho en él veinte y tres piezas menudas y el banco que todo ello pesa treinta y dos marcos y cinco onsas y media de plata que pesa seis onsas y quatro adarmes y más ducientos y seos reales de a ocho y dos reales de plata (….) con todo lo que es para hacer, fenecer y acabar el dicho tabernáculo… (roto) … y es condición que se le a de pagar y satisfacer de su manifatura y trabaxo a razón y respecto de a sesenta y quatro reales por cada marco de plata, así de lo labrado como de lo que adelante labrare e hiciere, baxandose dello lo que tiene rrecibido para en quenta de hechuras y manifaturas .(…) y que lo rrecibido a sido a peso de contraste y el entrego y devolvimiento del tabernáculo a de ser en la mesma forma y por el peso del dicho contraste (…) y que después del dicho peso hará el entrego del dicho tabernáculo armado y bruñido con toda perfección y forma a los dichos hermanos mayores con tal que los vidrios y maderas que se les hechare se le a de pagar siendo costeado esto por los hermanos mayores o mayordomos de la dicha Hermandad o Cofradía de Nuestra Señora de los Remedios….”

         Consta que ya en 1751 existía la “Cofradía de Nuestra Señora de los Remedios”, que además de las donaciones, se mantenía con el producto de un olivar que poseía en La Mata.
         Como herencia de aquella Cofradía ha llegado a nuestros días la “Calle Navedo” ó “del Padre Navedo”, en memoria de don Vicente Navedo de la Vega, presbítero encargado de las cuentas de la Cofradía, que entregó el 3 de diciembre de 1800 el libro de cuentas a los oficiales mayores de la cofradía con un fondo a favor de esta de mil quinientos sesenta reales y cuatro maravedíes, después de haber cubierto todos sus pagos y gastos.



         2.- San Sebastián.  
         Compite en antigüedad con la de Nuestra Sra. de los Remedios, ya que el documento más antiguo que la cita data de 1629, y es el mismo que cita aquella.
         Estuvo situada a la entrada al levante a la localidad desde Málaga, a las puertas del camposanto.
         A principios del siglo XVIII, el cura de Cártama envió informe sobre ella al Cabildo Catedralicio, que concedió licencia el 8 de marzo de 1725 a los Beneficiados, Justicia y Regimiento de la villa, para que fuese reedificada. Por esta misma se despojó del hábito al que había sido su ermitaño, Andrés Muñoz, y se concedió licencia y nombramiento para que lo fuese Miguel Benegas.
         En 1751 era su ermitaño Damián de Berlanga Botello, quien además era sacristán de la Casapalma, y en ella se celebraba anualmente fiesta y procesión.
         Aparece en el dibujo de Francis Carter de 1772, y en el de Medina Conde de finales del siglo XVIII.

Lamina extraída de la obra de Francis Carter en la que se aprecia la ubicación de la ermita de San Sebastián.


         3.- De las Tres Cruces.  
         Toma este nombre por estar ubicada en la confluencia de los términos de Cártama, Álora y Almogía. Lisardo Guede recoge la noticia más antigua de su existencia, por un acta de Cabildo de la Catedral de Málaga, fechado en 3 de julio de 1722, que una vez eliminadas las particularidades de los documentos de esta época, viene a dice: “En la casa  de la viña de D. Ciriaco Gerónimo Abendaño, en la dezmería de Almogía, partido de Las Tres  Cruces, se ha hecho Ermita de madera separada del uso de la casa, para decir misa; y la ha visitado D. Ignacio Bonilla, Cura de Álora, de orden del Sr. Provisor, y declara estar decente. Y se le concedió licencia para celebrar en ella el santo sacrificio de la misa, ínterin se hace Ermita de cal y canto; y se encargue al que la dijere enseñe la Doctrina Cristiana a los muchachos de las familias avecindadas en aquel Partido, y los curas de Álora tengan cuidado de que cumplan con la Iglesia y examinarlos de ella”. De este documento se desprende que los jornaleros del señor Abendaño, vecinos de aquellas tierras, debían emplear mucho tiempo en viajar a cualquiera de los pueblos de los alrededores para asistir a los oficios religiosos, por lo que decidió construir una Ermita de madrea provisional junto a su viña, para evitar estos desplazamientos.
         El tal Ciriaco Gerónimo de Abendaño era oficial de correduría de Lonja, nombrado por la ciudad de Málaga; y en 10 de diciembre de 1735 emprendió pleito en la Real Chancillería de Granada, contra ciertas personas por ejercer este oficio sin estar nombrados para ello. Como el caso afectaba a la recaudación de propios y rentas de la ciudad, se mandó fuesen capturados estos individuos y se procediese contra ellos por causa criminal para que no continuasen ejerciendo estos oficios.

Ermita de las tres Cruces.

         El primer domingo de mayo de cada año se celebra en este lugar un encuentro de Pandas de Verdiales. Fiesta declarada de Interés Turístico Nacional. Celebración folclórica en la que se combinan el cante, el baile, el colorido de las indumentarias y la expresividad de sus protagonistas.


         4.- Casapalma.
         Aunque popularmente es conocida como Ermita, fue erigida como Iglesia entre los años 1500 y 1502, para asistir a los vecinos del poblado que existió en el condado de Casapalma.
         Fueron sus patronos la Virgen de la Rosa y San Juan de la Evangelista. Dejó de existir la noche del 23 de diciembre de 2001, tras 500 años de aguante.
         De ella nos ocuparemos en el capítulo dedicado al condado de Casapalma.


         5.- Santa Ana.
         Situada a las afueras de Cártama, en la confluencia de los caminos de Málaga, Coín y Alhaurin el Grande. Tiene su origen esta Ermita en una epidemia que sufrió nuestra provincia durante el año 1637, una de las muchas que por entonces se daban; el 26 de julio de aquel año se dio oficialmente por exigida la epidemia, lo que suponía la eliminación de muchas medidas restrictivas que por precaución tomaban las autoridades. Al igual que en la de 1579, Cártama tuvo la fortuna de no verse tan afectada como otras localidades, por lo que los cartameños decidieron tomar como festivo este día en agradecimiento a la Santa. Según nos cuenta el señor Medina Conde, fueron sus fundadores los esposos don Juan de Piña de Mendoza y doña Inés Gómez, dejando una memoria a su fallecimiento para que de sus rentas se costeasen reparos, ornamentos y otros gastos, así como renta para un ermitaño que decía misa en ella todos los domingos y días de fiesta al salir el sol. En esta también se encontraba la imagen de San Roque.
         Aquí nacería nuestra tradicional romería de “Los Canastitos”, consistente en sus orígenes, en que cada año, los niños, que eran los protagonistas de esta festividad, acudían a la Ermita a postrarse ante la imagen de la santa y ofrecerle los primeros frutos del verano en un canasto que se guardaba en las casas para este día y que decoraban los padres con papel de colores y rosquitas de pan colgadas en las asas, elaboradas también para ese día. Realizado el ritual, marchaban todos juntos, padres e hijos, a consumir las ofrendas en los alrededores, llegando a extenderse hasta el río las familias que disfrutaban de la comida campestre.
         Lisardo Guede nos cuenta que llegó a vivir con desahogo tal que tuvo sacristán presbítero y tributaba al Real subsidio. El 13 de octubre de 1717 se notifica el fallecimiento del Ermitaño de Santa Ana, y se propone para sustituirlo a Francisco Ibáñez, al cual de le despacha título.
         Aun se mantenía de buen ver en 1856, pero aparece reflejada como “Hermita ruinosa” en los planos de 1870.
         Después de derruido este edificio se trasladó la imagen a la Parroquia, donde se siguió con la tradición de ofrenda, aunque ya fue degenerando.

 Ermita de Santa Ana sobre un plano de 1870.

         6.- Santo Cristo de la Vera Cruz.
         Estuvo situada a las afueras de la población, al poniente, en el entorno del actual parque del Santo Cristo.
         Debe su existencia a la familia Altamirano que la construyó a principios del siglo XVIII. Consta que el cura párroco de Cártama, propuso el 19 de junio de 1722 a Andrés Muños para su Ermitaño.
         El 12 de octubre de 1743, declaró bajo juramento, don Juan González, Beneficiado Presidente de la Iglesia parroquial de Cártama, para probar la nobleza de don Pedro Altamirano y Andrade. Y en esta declaración afirmaba que los hermanos don Pedro y don Lorenzo Altamirano y Andrade eran los promotores de esta ermita, los cuales reedificaron el antiguo edificio a sus expensas, añadiéndole casa para el ermitaño y promoviendo la existencia de “vía sacra” en Cártama.
         “…con singular ejemplo del común; porque a pocos días que vino a esta villa con el beneficio estableció la devoción de la via crucis en la ermita de la Vera-Cruz, para que diariamente se practicase, como se continua de tiempo de mas de doce años que la introduxo, leyendo, y explicando los días de fiesta, el adelantamiento de las virtudes, y extirpación de vicios, y otros exerjisicios espirituales, que también se continúan en dicha ermita; y a solicitud de su hermano Dn. Lorenzo Altamirano, sargento mayor de Milicias, y a sus expensas, la han reedificado; adelantando casa para ermitaño, y experimentando al mismo tiempo grande aumento en la dicha Ermita”.
         Al llegar el siglo XX ya no existía.


         7.- Nuestra Señora de la Huerta.
         La primera noticia que se tiene de esta Ermita la ofrece el Padre Flores en su obra “España Sagrada”, en la que nos dice que existió una inscripción romana junto a ella, que según este autor, en 1754 estaba situada junto a Cártama, cerca de la vía que comunicaba Málaga con Munda. Sin embargo consideraba Berlanga que estaba equivocado aquel, tras visitar Cártama en 1856 expresamente para buscarla, y desmiente la existencia de este edificio.
         Puestos a indagas sobre este lugar descubrimos en la toponimia de Cártama de 1870 la existencia de la casa de campo llamada “huerta de la Virgen”, junto a la acequia de “las monjas” muy cerca del término de Alhaurin de la Torre. Desplazados al lugar para averiguar si existen restos de la existencia de un edificio religioso, los últimos colonos agrícolas de la finca de Motage, que fundase don José Carvajal y Hue en 1867 nos hablaron de la existencia de un edificio que servía de capilla junto al antiguo cortijo, aunque por desgracia todo fue derruido para construir la actual autovía. Pero nos deja la duda de su existencia como ermita en 1754 cuando fue visitado el lugar por el Padre Flores y que se encontrase ya anexionado al edificio que luego adquiriría el señor Carvajal y Hue en 1856.



lunes, 27 de julio de 2015

BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA EN CÁRTAMA.

         Ha sido esta una lacra sufrida por la sociedad de todas épocas; unas veces porque las dificultades del momento no dejaban otra opción para la supervivencia, y en otras por el atractivo del dinero fácil y rápido. El bandolerismo crea todo un mundo paralelo al resto de la sociedad, con sus propias leyes, mitos, leyendas, indumentaria y costumbres.
         La composición serrana de las tierras de Cártama y su ubicación entre las comarcas antequerana, rondeña, montes de Málaga y la costa, hace inevitable la presencia de bandidos. En unas ocasiones tan sólo de paso, y en otras cometían aquí sus delitos y huían a otras comarcas; aunque también se tienen noticias de partidas asentadas en nuestra sierra. 
         Ya durante los trámites para la segregación del término de Casapalma del de Málaga, alegaba en contra el cabildo malagueño que los bandidos tendrían fácil refugiarse en otra jurisdicción tras cometer un delito en las tierras de la ciudad.
         Contaban los delincuentes con la complicidad de venteros y trajinantes dedicados a la venta ambulante; no tan sólo a cambio de ciertos beneficios económicos, también porque la negativa a colaborar suponía que fuesen víctimas  de ataques y extorsiones. Por lo que estaban siempre bien informados de las personalidades, mercancías o cabezas de ganado que en todo momento circulaban por los caminos.
                                                    
Hemeroteca ADE. Periódico El Guadalhorce. 1840.

         Pastores y ganaderos eran considerados amigos de delincuentes, si no propios delincuentes, y como tales los trataba la ciudad, muestra de ello es el acuerdo del Consejo de Málaga que manda el 27 de octubre de 1559, se quiten las armas a los ganaderos que llegan a la ciudad con ganado desde Cártama.
         Pero además de las medidas preventivas para la delincuencia, la Ley era bastante tajante con estos individuos, que se ajusticiaban públicamente y sus restos eran expuestos en los cruces de caminos y entrada a las poblaciones, para que sirviesen de escarmiento. No dudaban las autoridades en usar la tortura para obtener confesiones y a aquellos que se mostraban colaboradores se les perdonaba la vida y obtenían beneficios que podían ir desde la condena a galeras, latigazos, presidio, incluso compensaciones económicas si la colaboración era suficientemente eficaz.

         Obviamente, desde la dominación cristiana la nueva legislación va dirigida a los cristianos viejos repobladores, dispuestos a asumir las normas fiscales; por lo que, desde el primer momento, surgen minorías descontentas. Unos porque pertenecen a etnias y grupos que se sienten marginados, como pueden ser musulmanes  y judíos; y otros porque creen que no se les ha hecho justicia en lo que merecen. Estos se agrupan en minorías discriminadas que con frecuencia forman bandas que sobreviven del pillaje y robo a lugareños y forasteros.
         Poco a poco se va agravando esta situación, hasta el punto en que la corona se ve obligada a expedir una Real Cédula el 20 de agosto de 1494, por la que dicta seberas medidas a los venteros, por ser estos los lugares donde solían juntarse putas y rufianes. Cualquiera que llegue a una venta por la mañana, estará obligado a abandonarla al caer la tarde; y el que llegue de noche deberá partir muy de mañana. Se les niega los derechos como vecinos a los forasteros sin oficio ni señor con quien vivan, al igual que vagabundos y holgazanes.

         Sin embargo esta medida no es suficiente para paliar la delincuencia existente, ya que poco se puede hacer contra los salteadores de caminos. De uno de estos llamado Diego Martín, tenemos noticias que en 1576 asaltó a una arriero en los caminos de Cártama y le robó treinta y dos reales que llevaba. Puesto preso el sujeto, la justicia se pone en marcha para esclarecer los hechos y el tres de diciembre de 1567 se paga a Rodrigo Sánchez, como alguacil de Cártama, seis reales por el tiempo que había ocupado en tomar declaración a ciertos testigos contra el Diego Martín.
         Pero a pesar de las medidas tomadas para evitar la concentración de delincuentes en las ventas y posadas, también se podía dar el caso que fuese el propio posadero el delincuente, como fue el caso de Domingo Fernández, propietario de la venta de El Pilarejo, que en 1568 aporrea y roba a Alonso Esteban, dejándolo muerto y tras cometer el delito huyó, siendo apresado en Marbella. El procedimiento se extendió a la ciudad de Málaga y de esta a la de Granada, siendo finalmente condenado a finales de este año a galera perpetua. Al año siguiente también fue entregado a galeras el dos de abril, Fernán Gutiérrez, mulato, vecino de Cártama, por haber matado a su amo Diego Méndez.
         Aun en 1579 la minoría musulmana continúa siendo un sector marginado y perseguido. El 10 de julio de este año se envían mandamientos a las villas de Mijas, Alhaurin el Grande y Cártama, para que sus respectivos Concejos enviasen gente a la sierra en busca de dos moros monfíes que andaban por ellas salteando.
         En numerosas ocasiones las partidas de bandoleros contaban con el amparo y protección de los gobernantes, que las usaban como instrumento de sus conjuras políticas. Los cargos públicos eran oficios de máximo riesgo, que a muchos costó la vida. Y aunque Cártama es muy escasa en los documentos sobre estos años, podemos interpretar que la situación debió ser similar a la de localidades cercanas.
         Es de conocimiento público que los regidores andan en connivencia con maleantes habituales. Las Actas Capitulares de Coín reflejan en 1650 como los alcaldes salientes impidieron “con fuerza y violencia”, la entrada de los perpetuos; y en otra de estas actas se acusa a ciertos regidores perpetuos de connivencia con maleantes habituales.
         En 1650 la Real Chancillería de Granada envía a Juan de Villalba, como Juez particular, para la averiguación y castigo de los culpables de las muertes y delitos ocurridos en las villas de Coín, Álora, Alhaurin y Cártama, desde diez años atrás. A pesar de los informes emitidos y medidas tomadas, no pudo este señor con las regidurías perpetuas, causantes de todos estos problemas; tan sólo pudo retirarles sus títulos como medida preventiva e inhabilitarlos para ejercer funciones políticas. Pero a pesar de ello siguieron conservando algunos privilegios en tanto no llegase la confirmación de lo que se les había de indemnizar.
         El bandidaje llegó a tal magnitud que las partidas se enfrentaban entre ellas, y la complicidad con los gobernantes se reproducía en falta de autoridad. Aunque no siempre la impunidad de los delincuentes era culpa de la corrupción; lo más frecuente era el temor a las represalias, ya que en todos los estamentos tenían los delincuentes algún contacto, situación que hacía que el número de ajusticiados fuese mínimo y el temor a las represalias fuese mucho. En 1658 se condenó a dos personas por la muerte del alcalde ordinario de Guaro, ocurrida a causa de estas represalias. Otros muchos enfrentamientos y muertes hubo, pero resultaría muy tedioso relatarlos aquí.

         A finales del siglo XVIII operaba en nuestra comarca y en las cercanas una partida dedicada al robo y contrabando, que al ser perseguida había dado muerte a dos soldados del regimiento de Voluntarios Aragón. Una vez capturados, sus miembros fueron vistos en distintas causas según las acusaciones que sobre ellos pesaban, de los cuales: Francisco del Pozo, Francisco de Paula Sánchez, alias el buitre, Cristóbal Salinas y Manuel Bueno, fueron condenados morir en la horca, arrastrados y cortadas sus cabezas para colocarlas en los pueblos de Alameda, Cártama, Álora y Coín, donde habían cometido sus mayores delitos. Antonio Fajardo, Antonio del Pozo y Pedro Galván, alias rana, fueron condenados a pasar por debajo de la horca, asistir al suplicio de sus compañeros, 200 azotes y 10 años de galeras como forzados. Y por último Tomás Gamero Villareal fue condenado a 10 años de arsenales.


         Entre estos proscritos de la justicia dedicados a la delincuencia, quizás el más significativo de ellos en Cártama sea el caso de Calisto Ganancias.
         Calisto nació en Cártama hacia el año de 1800 en el seno de una familia pudiente de escribanos, pero de mucho carácter, que precisamente se instaló aquí a mediados del siglo XVIII, arrebatando el cargo de escribano a la familia Zamora que lo venia ostentando desde que se lo concediesen los RR.CC.
         Sobre 1828 y sin que se conozca el motivo, Calisto causó la muerte a su vecino don Antonio Fernández, por lo que fue sentenciado el 10 de enero de 1929 a diez años de presidio. Estando en Melilla cumpliendo su condena consiguió escapar y pasarse con los moros durante algún tiempo, integrándose con estos hasta el punto de hacerse musulmán; posteriormente pasó a Oran, y cuando esta ciudad fue ocupada por las tropas francesas embarcó hacia Francia, desde donde pasó a España llegando de nuevo a Cártama. A partir de entonces se noto un aumento en los delitos de robos, asaltos en caminos y forzar mujeres, en la zona comprendida entre los pueblos de Pizarra, Carratraca, Guaro, Monda y otros cercanos, y todas las noticias apuntaban de que se trataba de Ganancias con una partida de hasta siete hombres como los autores de estos delitos, atreviéndose incluso a imponer contribuciones en algunos cortijos. El Gobierno Militar de Málaga dispuso que saliesen piquetes y tropas de infantería y caballería, sobre todo para garantizar la seguridad de los visitantes de los baños de Carratraca, que no conseguían capturarlos ya que en la huida solían defenderse con sus armas.
         Pero ocurrió que el 29 de julio de 1933, encontrándose en el camino de Coín, justo frente a la Venta de Cártama, el comisionado don José Siman, el cabo primero Diego Lozano y el soldado Juan Moya, del regimiento de caballería Vitoria 4º ligeros; avistaron cuatro hombres a caballo que en cuanto se acercaron a ellos se dieron a la fuga en dirección a un lugar que entonces llamaban “cañada de la Cruz”, llegados al cual tuvo lugar un enfrentamiento armado del que resultó herido el cabo, y calló muerto del caballo Calisto Ganancias, siendo perseguidos el resto de la partida. Dos de ellos consiguieron escapar, pero el tercero, llamado José Serrano de 21 años, fue apresado al día siguiente en Cártama, de donde era natural, con una herida. Al prisionero se le intervinieron dos escopetas, dos cananas y dos caballos; y quedó en el pueblo bajo la custodia del alcalde, ante la imposibilidad de trasladarlo a la cárcel de la ciudad, dada la gravedad de sus heridas. Y de esta forma quedó dispersada la partida de Ganancias.

         Además de ésta, otras partidas circulaban continuamente en busca del mejor lugar para ejecutar sus actos, en previsión de lo cual y de los continuos movimientos políticos compuestos de voluntarios armados que recorrían la provincia, columnas móviles militares estaban en continuo movimiento esperando la ocasión de enfrentarse a ellos y dispersarlos.
         El 29 de septiembre de 1837 por la tarde, aparece por las tierras de Cártama un grupo de forajidos a caballo, al mando del conocido como Miguel del Borge, a cuyo encuentro salió el capitán don Manuel Zazo, con sus hombres, encontrándose con ellos en la zona de Arroyo Hondo, cuesta del Palmar; sin embargo, la llegada de la oscuridad de la noche se convirtió en ventaja para los forajidos que consiguieron dispersar a los soldados. En cuanto esta noticia llegó a Málaga se dispuso la salida de una columna de infantería en persecución de esta partida, que se sabe contaba con protección y simpatía en algunos pueblos y varios cortijos, hasta tal punto que este grupo se hacía llamar así mismos “soldados del príncipe rebelde”, en alusión a ser seguidores carlistas; otra forma de justificar sus actos.

         A finales del siglo XIX la inseguridad personal es una de las cuestiones de mayor importancia, ya que el bandolerismo ha tomado proporciones alarmantes, y la sociedad exige que las autoridades tomen medidas.
         En el año de 1874 transitaba por estos campos una partida de bandoleros dedicados al secuestro. Esta partida estaba compuesta de entre 12 y 14 hombres y su zona de actuación estaba entre los términos de Monda, Coín, Álora, Carratraca y Pizarra. Casi todas las haciendas de campo habían sido visitadas por estos, y sus propietarios se veían obligados tomar estrictas medidas de precaución como no viajar solos y en horario nocturno.
         De entre las actuaciones de estos hemos tenido noticias del secuestro que ejecutaron por agosto de este año. Cuando se encontraba el hacendado señor Benítez, vecino de Alhaurin de la Torre, presenciando la carga de varias carretas del fruto de la patata recogido en sus tierras del cortijo de Santa Águeda, término de Málaga, cercano a la vía férrea junto al apeadero de Los Remedios en Cártama, llegaron seis hombres a caballo que a cara descubierta montaron sus armas y ataron a los carreteros y montaron al señor Benítez en un caballo. Con total naturalidad, secuestradores y secuestrado emprendieron la marcha dirección Cártama, siendo saludado el señor Benítez por algunos conocidos, que le creyeron en compañía de amigos.
         Un mes después de ocurrido este secuestro, de entre las numerosas salidas que las fuerzas de la guardia civil hacía por los campos en persecución de estos bandidos, en la noche del 23 de septiembre la patrulla al mando del capitán don Rafael Serrano López tuvo un encuentro con esta partida en el estacar de Gálvez, actual zona de Tres Leguas, entre la vía férrea y el rio; del cual resultó muerto Miguel Gómez Pérez, alias cerrillo, que se resistió al ser capturado y se le dio sepultura en Cártama.
 
Muerte de “cerrillo”.

         Otras partidas surgían de forma espontanea atraídas por el dinero fácil, como la que compuesta de cinco hombres armados con escopetas, en la noche del 16 de abril de 1875, llegan al cortijo de El Villazo, situado en término de Cártama, lindante con el de Almogía. Tras agredir al propietario, su señora y tres sirvientes, los delincuentes registraron la casa, llevándose quince duros, un retaco ó escopeta corta, y un revolver; pero no contentos con esto amenazaron de muerte al dueño, si para el siguiente día 20 no les tenía preparados seis mil reales. El 18 informa el propietario del cortijo a la guardia civil de lo ocurrido, con lo que se emprende una investigación por toda la zona, sin que se encuentren testigos que hayan visto a estos individuos, posiblemente por el temor que estos individuos despertaban por todas las casas de campo; pero aun así se decide instalar un reten de guardias en el propio cortijo.

         En agosto de 1890 un grupo de presos que transitaba hacia Málaga, fue ingresado temporalmente en la cárcel de Cártama; entre estos se encontraba José Álvarez Lorda, vecino de Montejaque, el cual supo ganarse la confianza del alcalde que por encontrarse sobre la cárcel la casa Ayuntamiento transitaba casi a diario por el edificio. El preso hizo creer al edil que era trasladado a la ciudad sólo a prestar una declaración en un asunto en el que se había visto involucrado y que si le salía bien prometía volver para decir una misa a la Virgen de los Remedios. La confianza entre ellos llegó al punto de enviarse cartas mutuamente, por las que el preso informaba que su asunto había salido bien y sólo le habían impuesto unos días de cárcel que cumpliría en Ronda.
         El 22 de noviembre de aquel año volvió la conducción de presos a pasar por Cártama y en la misma volvía a encontrarse el José Álvarez, el cual fue recibido por su amigo el Alcalde que tras comprobar las condiciones en que se encontraban los presos decidió instalar a su amigo en una habitación de su casa, permitiéndolo incluso que recibiese visitas de amigos. Tal fue la confianza que el 23 por la tarde el propio Alcalde se ofreció para ir a buscar café para sus invitados, quedando el preso sin vigilancia, lo que aprovecho este y sus amigos para huir en dirección Alhaurin el Grande.
         De inmediato se dio aviso y las parejas de la guardia civil e incluso el Teniente de la línea salieron en persecución, sin que pudiese ser localizado el fugitivo y sus acompañantes.

         Otro de estos personajes que transitó en sus andanzas por tierras cartameñas fue Tomás Aguilar; condenado a muerte por secuestros cometidos en el término de Cártama.
         Este sujeto se fugó de la cárcel de Málaga para unirse a otro bandido llamado Marín Criado, acusado del asesinato del apoderado de la casa Larios. Después de una larga persecución a campo través, la guardia civil acompañada de un guarda jurado sorprende al bandido el 17 de enero de 1907 en sierra Chinchilla, término de Almogía. Durante el enfrentamiento a tiros de escopeta resulto herido el guarda jurado en las manos, brazos y pecho, además de un guardia; y duró hasta que el forajido resultó alcanzado de un disparo en la sien derecha. El cadáver fue trasladado a Álora y expuesto al público antes que se le diese sepultura.

         En 1905 merodeaba por los campos de Cártama otra partida compuesta por tres hombres armados dedicada al secuestro, de la que tenemos noticias que secuestró al muchacho José Jiménez, cuando regresaba de visitar el cortijo de su padre y por el que pidieron un rescate de 7.000 duros. A los dos días el muchacho logró escapar de la cueva en que se encontraba cautivo, pero aun así la guardia civil de Cártama y Almogía continuo con sus indagaciones para localizar a los raptores. Tuvieron noticias de que algunos de estos eran vecinos de un caserío situado en arroyo Ancón, al que se dirigió una patrulla de Almogía, logrando detener a Francisco Padilla Bravo, alias “semilla”, de 35 años; el cual, después de ser interrogado desvelo los detalles del secuestro.

         Dentro de los actos delictivos, aunque no puede enmarcarse como bandidaje, se encuentra el caso del vecino de Cártama Juan Macías Ruiz, “papeles”, de profesión cabrero, que en el año 1904 estranguló a un hijo suyo de dos años, por celos de su mujer. Puesto en un hospital en observación por si padeciese enajenación mental, a los catorce meses logró fugarse y se presentó en el despacho de don José Estrada Estrada, el cual lo devolvió a prisión y se encargó de la defensa de su caso.

         El más conocido de los actos de bandidaje cometidos en Cártama, quizás por ser también el más reciente en el tiempo, es el perpetrado en 1972 por Eleuterio Sánchez “El Lute”.
         Condenado el 28 de mayo de 1965 a la pena máxima por el atraco a una joyería en Madrid, en el que muere una niña, le fue conmutada esta por la de 30 años de reclusión. El primero de enero de 1967 logra escapar de la cárcel en una fuga que él mismo organizó y casualmente fue el único que logra alcanzar la libertad. Busca refugio en Málaga hasta que el 14 de junio de 1972, en compañía de sus hermanos Manuel “El Lolo”, y Raimundo “El Toto”, intentan atracar la oficina de Caja Rural de Málaga en Estación de Cártama.
         Mientras sus hermanos le esperaban en un vehículo unas calles más abajo; armado con una pistola se adentra él solo en la sucursal. Al darse cuenta de la situación un empleado avisa discretamente a la guardia civil, y les pone sobre aviso de que un hombre armado intenta atracarles. Rápidamente una pareja es enviada al lugar, pero en ese intervalo de tiempo un cliente entra en el local. Al llegar los guardias se encuentran con dos personas en el interior, sin saber cuál de los dos es el atracador ó si pudieran serlo los dos. Estos segundos de confusión y la estrechez del lugar que dificulta la maniobrabilidad de las armas, son suficientes para que El Lute salga del local dando un empujón a los guardias y emprendiendo la huida por calle Málaga en dirección a las vías del tren. Los guardias se apresuran a salir y disparar sus armas consiguiendo herir al fugitivo. Pero logra reunirse con sus hermanos que le esperaban logrando escapar y se les vuelve a perder la pista.
El Lute detenido.




domingo, 12 de julio de 2015

GALERÍA DE ALCALDES DE CÁRTAMA.

         Vagamente y de fuentes dispersas nos han llegado datos sobre los Regidores de Cártama; empezaremos por el último alcaide musulmán:


         Hamet el Alatar. Ostentó el cargo hasta 1485.
         Medió en la rendición de la Villa, por la que recibió 10.000 maravedíes de recompensa de manos de los castellanos.

         Juan de Céspedes. 1485.
         Nada más ocupada la villa, el Maestre de Santiago don Alonso de Cárdenas, suplicó al Rey que en vista que su orden militar fue creada para hacer la guerra a los moros y aquella villa era importante para la toma de Málaga se le diese esta alcaldía porque era ideal “para seguir la guerra comenzada”; el Rey mandó se le entregara y se reparasen torres y muros.
         El Maestre puso por Alcaide de su fortaleza a un caballero de los suyos llamado Juan de Céspedes, hasta que fallece el primero en 1493.
Blasón de los Céspedes.
         1491, lunes 24 de octubre;
         Juan Márquez, alcalde de Cártama.
         Juan Fernández de Pareja, alcaide de Cártama.

         11 de abril de 1492 se nombra al Maestro de Santiago.

         el 16 de abril de 1493, consta que es alcalde de Cártama, Gómez González.

         Julio de 1493; fallece el alcaide de la fortaleza de Cártama, el maestre de Santiago, don Alonso de Cárdenas.

         1493.- lunes 9 de septiembre por la tarde, en la Posada del bachiller Serrano.
         “Provisión de Regidores para la villa de Cártama a Diego Fernández y a Toribio Fernández, vecinos de la villa, hasta junio próximo. Juraron sus oficios y la ciudad les dio poder y autoridad, así como fe de esta provisión.”

         1493, Juan Fernández de Pareja. 

         Bartolomé de Jerez.
         Fue repartido como caballero y es uno de los ocho vecinos más antiguos que prestaron juramento al bachiller Serrano, para rectificar los repartimientos. Fue su hijo Bartolomé de Vargas, también repartido como caballero.
         Costa que es alcalde el 23 de diciembre de 1493, cuando llega a Cártama el bachiller Juan Alonso Serrano, para proceder a la reforma de los repartimientos.


         1494, 20 de agosto, fue nombrado don Pedro de Portocarrero con la asignación anual de 66.666 maravedís.

         1494, 15 de septiembre, lunes.
         Alcaide de Cártama, Bartolomé de Jerez.
         → 1494, 19 de septiembre, viernes.
         “Juan Fernández de Pareja, alcaide de Cártama, fue recibido como regidor, según el último nombramiento de sus altezas, y prestó su juramento.”
         → 1494, domingo 6 de diciembre en la Iglesia Mayor.
         “Parecer y voto que hizo Juan Fernández de Pareja, alcaide de Cártama, anticipadamente, por cuanto no iba a poder estar en el próximo cabildo porque el esta muy malo e non podra venir. Está referido al asunto del quinto del ganado del alcaide Alonso de Mesa, proponiendo que no se le trate rigurosamente y se le devuelva el quinto.”

           22 de febrero de 1500; Ginés González.

         1519, 15 de agosto, don García López Pacheco, Comendador de Alhauge, hijo de don Pedro Portocarrero.

         1524, 1º de abril, don Alonso Manrique, hijo del Marqués de Aguilar.
         15 de julio de 1524; Confirmación del nombramiento de Hernando de Reina, como escribano público y del Concejo de la villa de Cártama, por haberse roto el título anteriormente le fue expedido.


         1528, 11 de diciembre, don Juan de Manrique, hermano del anterior.

         1534, 1º de enero, don Sancho de Córdoba.

         1554; Don Diego Méndez y Botello. (Cártama en su Historia. V Centenario. 1985. Págs. 198, 199)

         en 1567 era alguacil de Cártama, Rodrigo Sánchez. (Libro de Condenaciones de Cámara y Gastos de Justicia del Cabildo de Málaga. 1559-1581. Ayuntamiento de Málaga. –1999. f. 51v.)

         1590; Cristóbal Caballero. Alcalde Ordinario.

         1629.
Alonso Pérez del Pozo.
Alcalde Ordinario.
Rodrigo Salcedo.
Alcalde Ordinario.
Pedro Parrado de Vargas.
Alcalde de la hermandad.
Francisco Martín Lendinez.
Alcalde de la hermandad.
Alonso Márquez.
Alguacil Mayor.
Francisco de Santos.
Alguacil menor.
Gaspar de Padilla.
Sindico personero.
Pedro Galán.
Mayordomo de propios.
Juan de la Serna.
Fiel de la carnicería.
Juan Sánchez Navarro.
Procurador de menores.
Alonso de Rosales.
Sellador de paños.
                                 Composición del Ayuntamiento de Cártama en 1629.

         Periodo del Corregimiento de las Cuatro Villas de la Hoya de Málaga.
         Regidores y tenientes de corregidor que ejercieron en Cártama durante el periodo 1666-1699.
         Francisco Anaya.
         Pedro Andrade.
         Juan Chichón.
         Francisco Gálvez.
         Diego Gómez.
         Juan de Medrano.
         Rafael de Porras.
         Francisco Rodríguez.
         Juan de Salas.
         Lope de Salas.



         1752; Don Juan Francisco Serrano de Frías.

         1761; Don Antonio Faura Fernández de Córdoba.

         → 1793; Don Diego del Canto y Cárdenas.

         → 1811; 15 de diciembre.
                                                           Para Corregidor:
                                                Dn. Baltasar de Yegros.
                                                Dn. Francisco Serrano.
                                                            Para regidores:
                                                Dn. José Espinosa.
                                                Dn. Francisco Sánchez Díaz.
                                                Dn. Diego Marín.
                                                Dn. Bartolomé Mairena.
                                                Dn. Francisco Pérez.

         → 1812; 4 de abril.
                                    Corregidor – don José Espinosa.
                             Primer Regidor – don Francisco Sánchez Días.
                          Segundo Regidor – don José Campoo.
                                         Regidor – don Manuel Hidalgo.
                                         Regidor – don Juan García.
                                         Regidor – don Eusebio Guerrero.

         → 1815; Don Pedro Alcántara Díaz. – Regidor Decano.
                        Don Alonso Espinosa. – Diputado del común.
                        Don Juan de Porras. – Diputado del común.
                        Don Bartolomé Mairena. – Diputado del común.

         → 1836; Don Juan Cotta y Alcoba. Consta en el cargo el 19 de abril de este año.

         1842, 16 de junio; Alcalde constitucional = D. José Díaz Marín.
                                                                                    D. Francisco Marín Serrano.
                                                                Regidores = D. Lope Díaz Oliva.
                                                                                    D. Juan Cordero.
                                                                                    D. Diego Marín Pérez.
                                                                                    D. Miguel Baquero.
                                                                                    D. Juan Bargas.
                                                                                    D. Juan Sibaja.
                                                 Sindico Procurador = D. Antonio Martín Toro.

         1851; Don Anselmo Ganancias Faura. (Testamento de Don Rodrigo de Salcedo.)

         1874; Don Matías del Prado y Rueda.


         → 1877-1879.
         Alcalde – Don Hermenegildo Maldonado Gómez.
         Primer Teniente Alcalde – Don Francisco Viana Cárdenas.
         Segundo Teniente Alcalde – Don Eduardo Guerrero Bellido.
Secretario del Ayuntamiento – Don Anselmo Ganancias Faura.
Juez Municipal – Don Matías del Prado.
Fiscal – Don José Hidalgo.
Secretario – Don Saturnino Ganancias Botello.
Abogado – Don Francisco de Paula Escobar.
Médico – Don José Salgado.
Farmacéutico – Don Antonio Salgado.



         1879; Alcalde constitucional = D. Hermenegildo Maldonado Gómez.
                                       1er. Teniente = D. Francisco de Viana Cárdenas.
                                         2º. Teniente = D. Eduardo Guerrero Bellido.
                                  Regidor Sindico = D. Antonio Anaya Guevara.
                                          Concejal 1º. = D. José Maldonado Gómez.
                                                “       2º. = D. Juan Aranda Porras.
                                                “       3º. = D. Diego García García.
                                                “       4º. = D. Fran? Berlanga Espinosa.
                                                “       5º. = D. Miguel Baquero Ocaña.
                                                “       6º. = D. José Baquero Ocaña.
                                                “       7º. = D. Francisco Martín Martín.
                                            Secretario. = D. Anselmo Ganancias y Faura.
                                                                                     
 
Documento de 1881.
   
Documento de 1882.


         1882-1883; Don Manuel Bracho Cotta.
         Aparece como Secretario desde 1883 don Fernando Galo Ponce de León. 

         1884; Don Francisco Suárez Peralta.
                                  Regidor Sindico = D. José Domínguez Guzmán.
                                          Concejal 1º. = D. José Guevara Téllez.
                                                “       2º. = D. Juan Criado Sánchez.
                                                “       3º. = D. Francisco Naharros Moyano.
                                                “       4º. = D. Gaspar Rodríguez Bautista.
                                                “       5º. = D. Rafael Triana Pérez.
                                                “       6º. = D. Francisco Martín Jurado.
                                            Secretario. = D. Fernando Galo Ponce de León. 
                                                                                    
         1885; Don. José Maldonado Gómez.
                                          Concejal 1º. = D. Antonio Anaya Guevara.
                                                “       2º. = D. Hermenegildo Maldonado Gómez.
                                                “       3º. = D. Eduardo Espinosa García.
                                                “       4º. = D. Juan Ramos Aranda.
                                                “       5º. = D. Máximo Marín Faura.
                                                “       6º. = D. Francisco Martín Martín.
                                                “       7º. = D. Miguel Rodríguez Barrionuevo.
                                            Secretario. = D. Fernando Galo Ponce de León. 


         1887; Don Diego Salcedo Duran. Elegido en Las elecciones del 2 al 4 de agosto de aquel año; destituido a los pocos días por el Gobernador Militar, tras las protestas llegadas.
 
Don Diego Salcedo.

         1888; Don Antonio Vargas Bedoya.
                             Teniente Alcalde 1º. = D. José Díaz Martín.
                             Teniente Alcalde 2º. = D. José Ganancias Rosso.
                                          Concejal 1º. = D. Miguel Palomo Bueno.
                                                “       2º. = D. Diego Díaz Marín.
                                                “       3º. = D. Salvador González Martín.
                                                “       4º. = D. José Espinosa García.
                                                “       5º. = D. Diego Salcedo Duran.
                                                “       6º. = D. Antonio Escobar Sánchez.
                                                “       7º. = D. Francisco Subires Jiménez.
                                                “       8º. = D. Francisco Martín Jurado.
                                                “       9º. = D. Vacante.

 Documento 1888.

         1894-1899; Don José Salgado Faura.

 Documento 1900.

         1900-1905; Don Miguel González Negrete.
         Corporación que le acompaña:
-          Don Miguel Marques Gallego, Primer Teniente de Alcalde.
-          Don Diego Marín López, Segundo Teniente de Alcalde.
-          Don José Baquero Maldonado, Regidor Sindico.
-          Don José Campos Domínguez, Regidor Suplente.
-          Don Félix Díaz Barrientos, Concejal.
-          Don Antonio Díaz Barrientos, Concejal.
-          Don Miguel Berlanga Baquero, Concejal.
-          Don Agustín Cañamero Martín, Concejal.
-          Don Francisco Maldonado Serrano, Concejal.
-          Don Diego Muñoz Barba, Concejal.
-          Don Eduardo Espinosa García, Concejal.
-          Don Arturo Muñoz de Toro y Moreno, Secretario.

Don Miguel González Negrete.

         Cesa la corporación al completo al ser declarados incapacitados por el Gobernador Civil de la Provincia, el 13 de febrero de 1905.


         1905; Don José Salgado Faura.
         Toma posesión el 14 de febrero de 1905
         Corporación que le acompaña:
-          Don Miguel Marques Gallego, Primer Teniente de Alcalde.
-          Don José Bedoya Ruiz, Segundo Teniente Alcalde.
-          Don Diego Marín López, Regidor Síndico.
-          Don Francisco Quevedo Arenas, Regidor Sindico Suplente.
-          Don Agustín Cañamero Martín, Concejal.
-          Don Antonio Díaz Barrientos, Concejal.
-          Don Lope Márquez Campoo, Concejal.
-          Don Rafael Bedoya Sánchez, Concejal.
-          Don Félix Díaz Barrientos, Concejal.
-          Don Salvador González Martín, Concejal.
-          Don Arturo Muñoz de Toro y Moreno, Concejal.
-          Don Antonio Rodríguez Vargas.
-          Don Francisco Pérez Terreira, Secretario interino provisional.

         1905-1907; Don Miguel González Negrete.
         El 20 de junio de 1905 se acuerda dejar sin efecto la destitución anterior y se les declara capacitados para ejercer sus cargos, por lo que se manda sean reintegrados “inmediatamente”.
         Corporación que le acompaña:
-          Don Diego Marín Díaz.
-          Don Juan Barrionuevo Rodríguez.
-          Don José Campos Domínguez.
-          Don Rafael Vargas García.
-          Don Miguel Berlanga Baquero.
-          Don Miguel Barrionuevo Rodríguez.
-          Don Antonio Medina Oliva.
-          Don Bernardo Jiménez Rueda.
-          Don Antonio Vázquez Martín.
-          Don José Baquero Maldonado.
-          Don José Marín Faura.
-          Don Diego Rodríguez Díaz.
         El 1º de julio de 1905 solicita don Miguel González Negrete un permiso de un mes a la corporación para reponerse de su salud que se encuentra quebrantada, el cual se le concede y quedando en su lugar el Primer Teniente de Alcalde don Diego Marín Díaz.


         1907-1908; Don Diego Marín Díaz.
         Toma posesión el 8 de julio de 1905.

         1908-1910; Don M. Berlanga Baquero.
         Toma posesión el 19 de junio de 1908.

         1910-1911; Don José Salgado Faura.
         Toma posesión el 13 de noviembre de 1910.

         1911 – 1913; Don Juan Rodríguez Ramos.
         Toma posesión el el 9 de agosto de 1911, hasta el 8 de enero de 1914.


         1913-1914; Don Rafael Rodríguez Díaz. (Alcalde accidental.)
         Toma posesión el 23 de junio de 1913.


         1914-1916; Don Diego Rodríguez Díaz.
         Toma posesión el 9 de enero de 1914 hasta el 1 de enero de 1916.


         1916; Don Juan Porras Martín.
         Toma posesión el 1 de enero de 1916 hasta el 1 de enero de 1918.


         1918 - 1923; Don Miguel González Negrete.
         Toma posesión el 1 de enero de 1918.
                                           
         Con motivo de la colocación de la última piedra del pantano de El Chorro, por parte de Alfonzo XIII, asistió el 21 de mayo de 1921, junto a otros comensales, al almuerzo que se dio en la casa del señor Benjumea, en el mismo embalse.


         1923-1924; Don Diego Marín López.
         Toma posesión el 4 de octubre de 1923.
         Sobre la gestión de esta corporación encontramos una crítica publicada en prensa por un cartameño, según la cual, los señores que componen el Ayuntamiento son todos entre sí familiares gestionando en su propio beneficio, sin ninguna intención de extirpar el caciquismo, resultando uno de los mayores beneficiarios el secretario que ha visto incrementado su sueldo de 4.000 pesetas en 500 más.


         1924-1927; Don José Díaz Portillo.
         Toma posesión el 2 de abril de 1924.  
         José Díaz Portillo, nacido en 1871, apodado “Pepe el…”, de profesión industrial y chofer.
         Tomó posesión de la alcaldía de Cártama el 3 de marzo de 1924. Contrajo matrimonio con María Vallejo Barea, nacida en 1874. Ambos naturales del pueblo de Borge, residieron en la Cerería de la Estación de Cártama.
         Fue jefe de las milicias de la Estación de Cártama durante la Guerra Civil, y se le imputaron varias ejecuciones, por las que lo juzgó un tribunal militar a finales del año 1939. Se le sentenció a la pena de muerte que se ejecutó el 18 de mayo de 1940 en las paredes del Cementerio de San Rafael de Málaga.


         1927-1930; Don Fernando Faura Gómez.
         Toma posesión el 25 septiembre de 1927.
                       

         Fue tan acertada la gestión de este alcalde que por suscripción popular entre los vecinos se decidió recaudar fondos para regalarle un bastón, idea que despertó tal entusiasmo que se saldo con más recaudación de la esperada a pesar de que se trataba de un bastón de oro repujado con su estuche de forros de seda.
         A las cinco de la tarde del día 23 de octubre de 1927, en solemne acto en el salón del Ayuntamiento se le hace entrega del mismo en nombre del pueblo. Para el acto se acondiciono la larga mesa de plenos con esplendida mantelería blanca, sobre la que se ofreció a los asistentes un aperitivo consistente en fiambres, embutidos, vinos y habanos. El acto fue presidido por el padre del homenajeado, don José Faura Márquez, don Francisco Baquero Santos como primer teniente Alcalde, don Antonio Peñafiel como secretario del Ayuntamiento, don José Villegas como párroco y don Francisco del Pino Espinosa como representante del diario La Unión Mercantil, además de numeroso vecindario.


         1930; Don José Campos Domínguez.
         Toma posesión el 26 de febrero.

         1930; Don Miguel González Negrete.
         Toma posesión el 20 de marzo.

         Por las elecciones celebradas a primeros de abril, sabemos que resultan elegidos en Cártama, 9 monárquicos y 12 republicanos. El nuevo Ayuntamiento toma posesión el 16 abril, en el que es reelegido don Miguel González Negrete.

         1931; Antonio Vargas Franco.
         Toma posesión el 27 de abril de 1931, dimitió el 9 de agosto de 1931.
                                                      
Don Antonio Vargas Franco.

         19 de octubre de 1932.
         Francisco Cañamero Gutiérrez. Primer Teniente de Alcalde hasta el 8 de octubre; desde esta fecha es Alcalde. También es Presidente de la Comisión Menor Agraria. Miembro y colaborador de “Unión Patriótica”.
         Antonio García Agua. Industrial de la chacina.
         José Marín. Segundo Teniente de Alcalde. Depositario de los fondos municipales. Cobraba 65 pesetas mensuales.
         Rafael Marín. Patrono.
         Juan Méndez. Comandante de puesto de la Guardia Civil de Cártama; consta que lo era en 13 de octubre.
         Miguel Roldán Salcedo. Empleado del Ayuntamiento, recaudador interino.
         Antonio Serrano. Alcalde hasta que dimitió el 8 de octubre.


         1932-1933; Antonio Serrano Ocaña.

         1933; Francisco Cañamero Gutiérrez.
         Toma posesión el 2 de enero de 1933.

Don Francisco Cañamero Gutiérrez.
         1933; don José Vargas Roldán.
         Cesa el 21 de agosto de 1933.
         Concejales:
-          Don Antonio Vargas Franco.
-          Don Antonio Garrido Díaz.
-          Don Pedro Hurtado Calero.
-          Don Rafael Miranda Muñoz.
-          Don Manuel Trujillo Bedoya.
-          Don Miguel Trujillo Bedoya.
-          Don Antonio Trujillo Bedoya.
-          Don Benito Reina Trujillo.
-          Don Joaquín Aranda Bedoya.
-          Don Miguel Doña Vargas.


         1933; don Pedro Hurtado Calero.
         Toma posesión el 21 de agosto de 1933, última sesión presidida el 27 de octubre de 1933.
         Accidentada gestión la del señor Hurtado, socialista, que nos consta que por discrepancias políticas, llamó a su despacho a su antecesor don José Vargas Roldán, radical, par5a discutir sobre el resultado de las pasadas elecciones, calentándose tanto el ambiente que llegó el señor Hurtado a sacar una pistola con la que efectuó cuatro disparos contra el señor Vargas, pudiendo este esquivar todas las balas menos una que le rozó produciéndole una leve herida. El agresor se dio inmediatamente a la fuga resultado en breve detenido por la Guardia Civil, el cual, tras ser sometido a procedimiento judicial resultó encarcelado. Para hacernos una idea del ambiente político del momento añadiremos que en aquella fecha se encontraban  también los tenientes de alcalde sometidos a procedimiento judicial, por lo que fue necesario elegir por mayoría de votos entre los concejales quien presidiese la alcaldía.
                          

          1933-1934; don Antonio Vargas Franco.
         Toma posesión el 14 de diciembre de 1933. Preside su última sesión el 28 de septiembre de 1934.
         La mayor parte de los plenos que presidió durante este periodo de gestión municipal lo hizo acompañado de un sólo concejal, don Antonio Garrido Díaz.
        

         1934; don José Vargas Roldán.
         Preside su primera sesión el 19 de octubre de 1934 y la última el 30 de noviembre de 1934.

         1934; don Antonio Garrido Díaz.
         En funciones de Alcalde durante dos sesiones, celebradas el 7 y el 14 de diciembre de 1934.

         1934-1935; don José Vargas Roldán. 
         Retoma el cargo presidiendo la sesión del 21 de diciembre de 1934, hasta la del 16 de enero de 1935.

         1935; don Antonio Vargas Franco.
         Toma posesión el 25 de enero de 1935.
         Corporación municipal que le acompaña:
-          Don José Vargas Roldán.
-          Don José Bedoya Vargas.
-          Don Manuel Pérez López.
-          Don Juan Gámez Salazar.
-          Don Francisco Rodríguez Rodríguez.
-          Don Francisco Vargas Díaz.
-          Don José Benítez Díaz.


         1935; Juan Mora Sánchez.
         Toma posesión el 8 de enero de 1936.
       
         1936; Don Francisco Cañamero Gutiérrez.
         Toma posesión el 25 de febrero de 1936.
         Corporación municipal que le acompaña:
-          Don Pedro Hurtado Calero, Primer Teniente de Alcalde.
-          Don José Martín Serrano, Segundo Teniente de Alcalde.
-          Vacante el puesto de Tercer Teniente de Alcalde.
-          Don Manuel Trujillo Bedoya, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Antonio Trujillo Bedoya, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Miguel Trujillo Bedoya, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Benito Reina Trujillo, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Rafael Miranda Muñoz, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Antonio Serrano Ocaña, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Antonio Garrido Díaz, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1935.
-          Don Antonio Vargas Franco, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1936.
-          Don Miguel Doña Vargas, Concejal suspendido por el G.C. en enero de 1936.
-          Don José Vargas Roldán, dimitido antes de esta fecha.

         Después de tres convocatorias plenarias a las que no asisten los señores Concejales, a partir del 19 de junio de este año preside las sesiones el señor Alcalde con un sólo concejal, José Martín Serrano.

         1936-1937; Don Pedro Hurtado Calero, apodado “Anafre.”
         Toma posesión el 17 de julio de 1936.
         Preside su primera sesión plenaria el 24 de octubre de 1936, con los concejales:
Rafael Miranda Muñoz.
Antonio Garrido Díaz.
Miguel Doña Vargas
Miguel Trujillo Bedoya.
Antonio Trujillo Bedoya.
Manuel Trujillo Bedoya.
Benito Reina Trujillo.
José Martín Serrano.

         Fue el último Alcalde Republicano de Cártama, y el día que entraron las tropas nacionales, se presentó en la Plaza al Capitán que las mandaba, y le dijo: ― ¡Se presenta á usted el Alcalde de este pueblo!―  No hace falta decir el resultado de este acto.


         1937; Antonio Mora Sánchez.
         El 10 de febrero de 1937 se constituye la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Cártama en sesión presidida por el Capitán de Infantería don José Machuca y el Comándate Militar de la Plaza don Juan de Negrón.
         El Ayuntamiento de Cártama quedó constituido por:
Alcalde-Presidente: don Antonio Mora Sánchez.
Vice-Presidente: don Cristóbal Gómez Bedoya.
Vocales: don Diego Benítez Díaz.
               don José Salazar López.
               don Francisco Baquero Vargas.
            y don Miguel Bedoya Castillo.
         Como Secretario don Antonio Román Torres; que ejerció hasta el regreso de don Guillermo Álvarez Prolongo, que se vio obligado a huir del pueblo durante el anterior periodo de gobierno. Comienza a ejercer el 27 de febrero de 1937, hasta que presenta su renuncia al cargo el 15 de junio del mismo año, para pasar a ejercer el mismo Cargo en el Ayuntamiento de Coín; volviendo el de Cártama a ser ocupado por don Antonio Román Torres.


         1939-1941; Don Fernando Faura Gómez.
         Toma posesión el 1 de enero de 1939.

Don Fernando Faura Gómez.

         1941-1943; Don Antonio Rodríguez Rodríguez.
         Toma posesión el 14 de abril de 1941.

         1943-1946; Don Francisco Romero Martín.
         Toma posesión el 28 de julio de 1943.
Don Francisco Romero.

         1946-1947; Don José Benítez Díaz.
 Don José Benítez Díaz.

         Comienza su gestión municipal el 11 de septiembre de 1946, en sucesión de don Francisco Romero.
         Su corporación la formaron:
-          Cristóbal Gómez Bedoya.
-          Miguel Vargas Roldán.
-          Juan Bedoya Castillo.
-          Juan López Díaz.
-          Antonio Bedoya Hurtado.
-          Antonio Bravo Ruiz.
-          Cristóbal Ruiz Agüera.
-          Juan Díaz Martín.
-          José Faura Marín.
-          Juan Vargas Martín.


         1947-1948; Don Cristóbal Gómez Bedoya.
         Toma posesión el 12 de mayo de 1947 hasta el 19 de abril de 1948.


         1948-1951; Don Francisco Segovia Ruiz.
         Toma posesión el 19 de abril de 1948, hasta que presenta su dimisión ante el Gobernador Civil en agosto de 1951.
Don Francisco Segovia.

         1951-1956; Don José Mora Faura.
         Toma posesión el 4 de agosto de 1951, y es reelegido en las elecciones de 1952, tomando posesión en las Actas del 3 de febrero de este año. Dimite de su cargo el 24 de enero de 1956.
         Su corporación la formaron:
-          Don Antonio Hurtado Sepúlveda, Teniente de Alcalde.
-          Don Francisco Orejuela Bedoya, Teniente de Alcalde.
-          Don Rafael Marín Rojas, Concejal.
-          Don José Bedoya Díaz, Concejal.
-          Don Miguel Vargas Roldán, Concejal.
-          Don José Bedoya Hurtado, Concejal.
-          Don Miguel Cañamero Gutiérrez, Concejal.
-          Don Eduardo Baquero Vargas, Concejal.
Don José Mora Faura.

         1956-1959; D. Francisco Rodríguez Maldonado.
         Toma posesión el 3 de febrero de 1956, ante el representante del Gobernador Civil y el Subjefe Provincial de Falange Española, don José Utrera Molina.
                   Ttes. de Alcalde: D. Rafael Marín Cañamero.
                                               D. Francisco Orejuela Bedoya.
                            Concejales: D. Juan Bedoya Castillo.
                                                D. Rafael Marín Rojas.
                                                D. Martín Brucet Oliveras.
                                                D. Francisco Baquero Luque.
                                                D. Francisco García Cañamero.
                                                D. José Benítez Díaz.   

         1959; Don Julio Fernández González.
         Toma posesión el 26 de julio de 1959, ante el delegado del Gobernador Civil, don Ramón Vida Lumpia.

         1959-1966; Don Manuel Sevilla Ortega.
         Toma posesión el 16 de noviembre de 1959.

         1966; Don José Tapia Mancha.
         Toma posesión el 20 de abril de 1966.

         1966; Don Pedro Morales Muñoz.
         Toma posesión el 7 de octubre de 1966 ante el Subjefe Provincial don Francisco Hidalgo Ramos; hasta el 25 de enero de 1975. 
                                             
Don Pedro Morales Muñoz.

         1975-1978; Don Félix Hidalgo Santana.
         Toma posesión el 15 de diciembre de 1975
Sucedió al anterior en la citada fecha de 25 de enero de 1975.

                                             
Don Félix Hidalgo Santana.

 El resto de alcaldes hasta nuestros días son suficientemente conocidos ya por todos.