miércoles, 12 de junio de 2019

LA CERES DE CÁRTAMA, HISTORIA, INVESTIGACIONES E INTERPRETACIONES.


         Por increíble que parezca, aun hoy día hay ocasiones en que es necesario explicar la importancia de un hallazgo arqueológico. Y la mejor oportunidad para hacerlo es hablar de la escultura de la diosa Ceres de Cártama.
         La primera interpretación que se puede hacer del estudio de semejante hallazgo es la de que se trataba de un culto bastante arraigado en nuestras tierras; el cual tiene su origen en la adoración a su homóloga, la Deméter griega.
         Los romanos adoptaron la adoración de Ceres durante la hambruna del 496 a d C., de su equivalente griega, ya que, para los griegos representaba la tierra fértil lista para la siembra.
         Ceres o Deméter, era hija de Rea y Crono, que la tragó y luego la regurgitó. Esposa de su hermano Zeus, con el que tuvo a Perséfone. Con Posidón tuvo al caballo Arión; y con Lasión a Pluto.
         Cuando su hija Perséfone fue raptada, Deméter la escuchó gritar y recorrió la tierra buscándola, vestida de luto y alumbrándose con dos antorchas, durante nueve días y nueve noches, sin descanso, sin comer y sin bañarse. Su raptor, Hades, bajó a Perséfone al infierno, donde la engañó para que comiese un grano de granada, y de esta forma, como según la mitología quien come en el infierno ya no puede salir de él, consiguió asegurarse de que no saldría de allí.
         Pero como Zeus vio que Deméter sufría por la falta de su hija, hizo un acuerdo con Hades para que Perséfone pasase bajo tierra un tercio del año y el resto en el Olimpo con su madre y los otros dioses.
         Cuando por fin se reunieron madre e hija, fue tanta la alegría que Deméter hizo que los campos fuesen fértiles mientras se encontraban juntas, pero cunado Perséfone bajaba a los infiernos, se sentía tan sola que el hielo y el frio se apoderaban de la tierra.
         Esta no es más que una de las muchas leyendas de las que se componen la mitología griega; que hoy nos puede parecer demasiado fantasiosa, pero en su época fue suficiente para que fuese la patrona de Enna, en Sicilia; que conmemoraban anualmente la salida de Ceres en busca de su hija, recorriendo por las noches calles y campos en una especie de romería en la que los participantes portaban antorchas y daban gritos llamando a Perséfone.
         Atenas tenía dos fiestas solemnes en honor a Deméter: una llamada Eleusinia y otra Tesmoforia; en las que se sacrificaban cerdos debido a los daños que causaban en los frutos de la tierra, y se hacían libaciones de vino dulce.
        En otros lugares Ceres era horada y festejada en el mes de mayo en las fiestas llamadas de Ambarvalia, con procesiones en las que las mujeres vestían ropas blancas propias de los hombres, mientras estos quedaban como meros espectadores; y para que la festividad fuese agradable a Ceres no podían asistir a ella nadie que estuviese de luto.


         Existieron cultos similares en muchos más lugares, pero siempre dedicados a la fertilidad que Ceres concede a la tierra, de donde derivó el nombre de “cereal”.
         Es difícil el saber con exactitud cuál era el ritual que se practicaba en Cártama para esta celebración, pero la sola existencia de la escultura deja claro que alguno se celebraba. Si tenemos en cuenta que la escultura no está tallada por la espalda podemos interpretar que se encontraba adosada a un muro, que, por la calidad y perfección de la misma, sólo podía ser un templo o un edificio céntrico de significada importancia. En cualquier caso, tras estudiar el terreno donde se produjo el hallazgo, no pudo ser aquel el lugar original, ya que no se han encontrado restos de la suficiente potencia como para que los albergasen, así que en algún momento debió haber sido traslada allí desde otro lugar, que fácilmente pudo haber sido la ciudad de Cartima, teniendo en cuenta los restos encontrados y que otros similares se encuentran bastante lejos.


         La tradición se celebraría de forma oficial hasta que, en el concilio de Nicea en el 325, Constantino I El Grande, declarara religión oficial del imperio el cristianismo, pero como las tradiciones son difíciles de desarraigar del pueblo, esta se seguiría celebrando al menos hasta el reinado de Teodosio I, que falleció en el 395.
         Como quiera que fuese, la pieza ha permanecido enterrada más de mil seiscientos años; hasta que, en 1929, durante los trabajos de recopilar piedras para fabricar paredes, Miguel García Pérez y su suegro Alejo García Cerón, junto con otros trabajadores contratados, la encontraron por casualidad.
         En un principio no le apreciaron nada especial, al encontrarse boca abajo y enterrada la mayor parte de ella, incluso desayunaron aquella mañana sentados sobre la piedra. Pero al decidirse a extraerla de la tierra para fragmentarla y utilizarla se dieron cuenta que ocultaba una hermosa talla.
         Miguel García Pérez había nacido en Alhaurín el Grande en 1901, hijo de don Francisco García Villasana y de doña Rosalía Pérez Sánchez, una de las más notables familias de la vecina localidad; el señor García Villasana era súbdito de la ciudad de Nueva York, terrateniente, empresario y además gozaba del privilegio de ser “Caballero Cubierto ante el Rey”; lo cual nos da una idea del nivel social y cultural de esta familia. Josefa García Cordero había nacido en 1905, también en Alhaurín el Grande, hija doña Isabel Cordero Rueda y de don Alejo García Cerón, el cual fue en 1914 heredero junto a sus hermanos de una finca de más de 17 fanegas de tierra en el partido de Fahala, que pasó a ser conocida como “Finca de los Alejo”.


         En 1929, cuando aún eran novios Miguel García Pérez y Josefa García Cordero, Miguel fue a trabajar junto a su suegro Alejo, en un pozo de nueva construcción en el lugar conocido como “haza de la calera”, junto a la “loma del negrillo”, que, para los que no conozcan el terreno, se encuentra a espaldas del actual restaurante Los Cabales, en la carretera de Cártama a Coín. Junto a otros trabajadores se encontraban sacando piedras para construir la casilla del pozo cuando encontraron una que podría serles útil; a simple vista no se observaba nada especial más que una simple piedra, que al estar semienterrada era necesario extraerla de la tierra para que pudiese ser manejada, y con esta intención los hombres clavaron en tierra sus barras de hierro para extraerla, con la gran sorpresa al darle la vuelta y salir de la tierra la parte que se encontraba enterrada, de que se trataba de una bella escultura de la cara de una mujer, pero con la mala suerte de que una de las barras hiciese fuerza entre la nariz y el labio superior, causando su rotura en esta zona.
         En aquel momento podrían haberla hecho trozos para con ellos construir un buen trozo de pared, y con esto fin de la historia; pero Alejo, el suegro de Miguel, hombre con unos conocimientos y cultura heredada de su padre, supo valorar el hallazgo y mandó traer del cortijo una carreta, a la que con gran trabajo entre todos la cargaron y trasportaron a la finca, a unos cinco kilómetros aproximadamente, donde fue colocada junto a la puerta de entrada, lugar donde nadie pudiese llevársela, reservada de golpes y poder ser vista y disfrutada, como se aprecia en la foto.


         Miguel García Pérez y Josefa García Cordero contraerían matrimonio el 28 de mayo de 1930 y con el tiempo tomarían posesión de la finca, incluida la escultura. Con los años llego a ser conocida la existencia de la pieza, hasta que llegó a oídos del artista cartameño, don José González Marín, que según cuenta en sus escritos el hijo de este matrimonio, don Francisco García García, en varias ocasiones intentaría hacerse con ella, pero siempre se opuso su padre a que se la llevase.
         Pero llegó la guerra civil española y con ella sucesos muy dramáticos para los españoles. Miguel García Pérez fallecería el 30 de octubre de 1938 con 37 años, a causa de una enfermedad crónica contraída a consecuencia de haber tenido que trasladar los cadáveres de personas ejecutadas y expuestas a la intemperie varios días, con lo cual Josefa García Cordero quedó viuda y con dos hijos pequeños; a esto había que añadir que un hermano de Josefa falleció en el frente y nunca pudo ser localizado su cuerpo, ni tan siquiera pudieron saber con seguridad si fue en el frente del Ebro o en el de Guadarrama; y otro de sus hermanos regresó de la guerra habiendo perdido un dedo.
         Al igual que ocurriese a miles de familias españolas por aquellos años, la perspectiva de una dura posguerra, con escaseces y lutos no eran nada esperanzadoras, con lo cual, cuando un día de 1939 llegó una carreta al cortijo de los Alejo, con el encargo de que tenía que llevar “la muñeca” a casa de don José González Marín, Josefa no se negó a ello, porque en aquellos momentos eran otras sus prioridades.
         De esta forma, pasaría la escultura diez años en casa del artista, hasta que, en 1949 le es entregada al exgobernador Civil de Málaga, don José Luis Arrese Magra; el cual, según la biografía que de él recoge wikipedia, para este año ya no sólo no era Gobernador de nuestra provincia, sino que: “en el verano de 1945, con la derrota de la Alemania nazi, Franco realizó numerosos cambios en la administración y el gobierno: muchos falangistas germanófilos perdieron sus puestos y desaparecieron de la escena política. Este fue el caso de Arrese, que fue cesado en la jefatura del partido único y salió del Gobierno. Tras su destitución, Franco no nombró sucesor y el cargo de secretario general quedó vacante. Pasó varios años en el ostracismo político, sin ocupar ningún cargo de importancia.”
         A la colección personal de este señor ha pertenecido desde entonces, y en 1970 adquiere un edificio conventual en su localidad natal de Corella, donde inaugura su museo en 1973, en el que se expone nuestra Ceres, además de otras piezas arqueológicas de distintas procedencias y gran número de obras de arte.

         En 1956 el profesor José María Blázquez Martínez, catedrático emérito de Historia Antigua y académico numerario de la Real Academia de la Historia, en un trabajo publicado en la revista “Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones”; tras comparar la talla a otras, dentro y fuera de la península, llega a la conclusión que pertenece al periodo del emperador Adriano (76 d. C. – 138 d. C.), sucesor de Trajano, ambos de origen hispano y fue tallada en Argel. Concretamente es de fecha posterior al año 129, según nos dice este autor, por la tipología de la talla del ojo; lo cual nos permite fechar aún mejor la escultura para poder afirmar que entre el 129 d. C. y el 138 d. D. fue tallada en Argel y trasladada a Cártama, como diosa de la agricultura, junto a la que se celebraría la festividad romana de Háloa; fiesta de origen heleno en la que se venera a la diosa Ceres en su manifestación de campo labrado preparado para la siembra.
         De pertenecer a una escultura de cuerpo entero, teniendo en cuenta la proporción del rostro, debió tener una altura de 3,80 metros; aunque no es posible comprobar si se encontraba de pie o entronizada (sedente, como las famosas matronas también encontradas en Cártama), al igual que su hermana que le sigue en importancia y calidad, que se encuentra en el Museo Arqueológico de Mérida y de similares características en el trabajo del tallado, pero aquella formaría parte del “Frerte escénico del Teatro”.


         Termina su estudio el profesor José María Blázquez, afirmando que la cabeza de Ceres de la colección Arrese “honraría cualquier museo del mundo” ya que “es la mejor, dentro de su clase, de las halladas hasta ahora en España.








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